26 mayo 2008

El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura y Álvaro de la Iglesia

La obra de teatro de Miguel Mihura y Álvaro de la Iglesia se representa actualmente en Madrid con dirección de Amelia Ochandiano. La protagonista, en el personaje que da título a la pieza, es Isabel Ordaz y junto a ella están en el elenco Lola Baldrich, Ismael Martínez, Mamen Godoy, Sandra Ferrús, Cipriano Lodosa y Francesc Albiol.

Estrenada por primera vez en 1946, El caso de la mujer asesinadita es una obra que se adelanta a su tiempo al introducir elementos de ciencia ficción que hacen pensar en los viajes en el tiempo y al dar vueltas al argumento sin que puedas, en ningún momento, imaginarte qué pasará a continuación o cómo acabará, eso que en nuestros días ocurre tanto con las tramas cinematográficas. La obra está construida con un tremendo ritmo y no hay escena en la que no ocurra algún nuevo acontecimiento que cambie el devenir de la historia.

Y es que, además de entretenida, es una comedia de lo más divertida que derrocha humor frase tras frase, escena tras escena, y con algunos puntos realmente sublimes, como nos podemos esperar de Mihura. Del libreto también se puede elogiar el retrato de unos personajes llenos de carisma y encanto. Tanto que la trama personal también engancha a nivel emotivo y funciona con su romanticismo creíble y nada trasnochado.

Los actores resultan de lo más adecuados. En el caso de Ordaz, parecería que el papel estuviese escrito para ella. Y es que seguro que otras actrices habrían representado bien a Mercedes, pero pocas habrían conferido al personaje esa gracia y esa inocencia despreocupada que le aporta. Una actriz que hasta hace poco no tenía un gran reconocimiento, pero que gracias a dar con su punto, probablemente haciendo de sí misma, en la serie "Aquí no hay quien viva", ha resurgido demostrando que en papeles adecuados puede ser una enorme intérprete.

Mamen Godoy, Sandra Ferrús, en los papeles de la cocinera y la doncella, respectivamente, están muy graciosas y acompañan perfectamente a su señora. Ismael Martínez es el siguiente, posiblemente, en cuanto a la capacidad cómica. Interpretando en el inicio a un piel roja y más adelante a un norteamericano sin acento, logra un Norton de gran carisma. Me encuentro aquí de nuevo con Lola Baldrich, a quien consideraba algo desaparecida de las pantallas, y me sorprendo al verla en un registro en el que no la había contemplado, quizá por contar ya más edad, pero en el que está muy acertada. Quedarían Cipriano Lodosa, como el jardinero, que está en su lugar, pero tampoco destaca especialmente, y Francesc Albiol, un actor correcto y que también aporta humor, pero que, sin embargo, desentona en cuanto a su apariencia con el resto.

En definitiva, una obra deliciosa que hará pasar un rato divertido, entretenido e inolvidable.

09 mayo 2008

Meme: ¿qué friquismo no compartes?

Por muy friquis que seamos nosotros mismos o nuestros amigos, es raro encontrar a alguien a quien le gusten todas las cosas a las que una persona se suele acercar con tanto fanatismo que la salud mental queda en entredicho.

También suele ser discutible si el friquismo está en los gustos o más bien en la forma de ser. Pero es que yo creo que una cosa va con la otra. A pesar de eso, habrá freaks que lo sean sólo por personalidad aunque jamás hayan comprado una trading card ni hayan abierto un tebeo. Esa gente dirá que no es freak, pero puede serlo más que nadie si durante toda su infancia prefirió quedarse en su habitación a salir a jugar al parque o a la calle o si aún hoy en día las relaciones sociales se le presentan como una enorme barrera.

En mi caso, soy freak más que nada porque cumplo estos últimos requisitos y porque, siendo mujer, no es necesario profundizar tanto en las aficiones sectarias, sino que con tener una o dos ya se destaca entre las demás féminas. Por ello, en mi caso, sería largo responder al meme que yo misma propongo. Pero ahí va en líneas muy generales:

* No juego a videojuegos ni al rol, ni a trading cards… ni ahora de mayor ni tampoco cuando era joven.

* No me gustan ni 'Expediente X', ni 'Star Trek' ni… 'La guerra de las galaxias'. Eso sí, me encanta 'El señor de los anillos'.

* No leo cómics de superhéroes, casi todo el tebeo que leo son mangas (sólo algunos) y álbumes de humor.

Ahora podría decir cosas de mi personalidad que no son freaks, pero no va por ahí el meme. El meme consiste en decir qué tópicos freaks incumples en cuanto a aficiones y gustos establecidos por el mercado. Tampoco tiene sentido decir cuáles sí. Se supone que todo lo no mencionado será que sí lo compartimos: en mi caso, la adicción absoluta al Internet, la incapacidad de pasar unos días sin ver determinadas series y una exagerada frecuencia de visitas a salas cinematográficas serían los principales (que no únicos) aspectos por los que sí caigo en el friquismo en cuanto a aficiones se refiere.

Si no queréis hacer el meme como artículo propio en vuestro blog, responded en un comentario.


26 abril 2008

¿En qué consiste ser autodidacta?

Lo primero que sorprenderá es que el masculino de esta palabra es "autodidacto", aunque nadie lo utiliza y el final en "–a" también es válido.

Pero no quería ir por ahí, sino por el concepto en sí. Soy una persona que ha estudiado muchísimo. No soy de ésas que tienen varias carreras pues, en cuanto terminé la primera, tenía tantas ganas de independizarme que me puse a trabajar lo antes que pude. Pero sí he compaginado los estudios reglados habituales con los de muchísimas más cosas: cursos de idiomas, talleres de creación de mil tipos… enseñanzas técnicas diversas… Y después completé la licenciatura con un máster en EE. UU. becado por la Fundación Fulbright.

Y a pesar de todo, se podría considerar que soy autodidacta en las cosas sobre las que más he necesitado tener conocimientos en mi vida. Por ejemplo, en la materia del guión cinematográfico del que, precisamente, soy profesora. Aunque estudié Imagen y Sonido, en esa carrera no había ninguna asignatura sobre el guión, sí sobre cosas parecidas y lo más parecido fue un taller en el que el profesor contaba batallitas, pero jamás habló de algo que se pudiese considerar temario sobre la escritura cinematográfica.

Pero no sé si se podría decir que soy autodidacta porque primero habría que ver qué quiere decir esto. La gente presume de ser autodidacta en cosas, pero, ¿lo es de verdad? Veamos. ¿A qué se suele llamar ser autodidacta? ¿A que no te haya enseñado ninguna otra persona física presente en tu formación? Pero aprender a través de un libro y más en concreto de un manual diseñado para enseñar a sus lectores esa materia, por qué va a ser más "auto" que lo otro. La persona que escribió el libro no ha estado ahí presente para explicarte nada, pero te lo ha explicado por escrito, incluso puede que te haya sugerido ejercicios.

¿Se llamaría autodidacta a quien haya sabido obtener los conocimientos de los libros, pero no de manuales? Probablemente tampoco. La diferencia con haber leído esos volúmenes dentro de una enseñanza sería que nadie nos los haya recomendado. En algún sitio se habrá hecho la investigación para saber cuáles son los interesantes, aunque sea porque en la biblioteca o librería a la que nos hayamos acercado ya se ha producido una criba y sólo tienen algunos títulos.

Y así podría seguir. Pero también decir lo contrario. ¿Qué nos enseñan los profesores? ¿Somos autodidactas aunque estemos asistiendo a una clase donde se imparte lo que aprendemos? Posiblemente sí y la prueba está que con los mismo métodos y con los mismos tutores, algunos alumnos aprenden y otros no. El interés que se pone, la capacidad de abstraer lo enseñado a casos prácticos y útiles en nuestra propia vida… quizá todo eso es autodidactismo, quizá en esos momentos nos estamos enseñando, aunque un profesor o una profesora nos acabe de decir la frase que estamos aprendiendo.

Supongo que dependerá de las cosas. Es probable que los idiomas sean algo que sí se haya aprendido en las clases. Por lo menos yo, aunque luego haya podido perfeccionar el dominio viviendo en países donde se hablaban. Pero lo cierto es que era una de las pocas cosas que, mientras las estudiaba, sentía que aprendía. Sentía que progresaba. Eso, y algo tan mecánico y que requiere práctica como conducir o hacer deporte. Quizá es que los idiomas tengan el mismo proceso de aprendizaje que estos actos físicos mecánicos.

Cuando se trataba de algo que dependía de la memoria y no de practicar hasta hacerlo bien, entonces recuerdo que lo aprendía para el día siguiente y luego se me olvidaba todo, o sea, que era como si no lo hubiese aprendido. Y, sí, era un profesor o profesora quien nos había dado el material que nos empollábamos, pero no nos había hecho aprenderlo a través de ningún método (por ejemplo, hacernos utilizarlo en trabajos prácticos). Así que incluso las pocas horas que eso permanecía en mi cerebro, podría considerar que lo había aprendido de forma autodidacta, como si lo hubiese encontrado en un libro.

Las materias que no son de memoria pura, pero tampoco de práctica, sino más conceptuales (como la de guión, que imparto ahora), tendrían un proceso aún más distinto. Por mucho que se les diga a los alumnos que tal cosa tiene tal efecto y que tal otra el contrario, no lo comprobarán por sí mismos hasta que les ocurra. Y ahí estarán siendo autodidactas.

Quizá esta palabra no tiene demasiado sentido. A las personas que presumen de saber muchísimo sin haber ido a la Universidad no les quitaría en absoluto el enorme mérito que tienen. Pero les diría, únicamente, que también tiene mérito quien sabe mucho tras haber acudido. No sólo por lo dicho hasta ahora, sino porque en ocasiones lo que hay que hacer es luchar contra lo que te enseñan y ser capaz de sacar conclusiones propias, lo cual es una demostración de que de verdad se sabe. Es probable que lo mejor que te puedan enseñar en una Universidad es a aprender por ti mismo/a.

No menosprecio las academias, los colegios o las Universidades como instituciones en sí (aunque, si me pusiese, sí criticaría algunos planes de estudios), pero lo que digo es que hay que poner casi tanto de parte de uno/a mismo/a cuando se acude a un lugar para aprender como cuando se investiga por cuenta propia.

31 marzo 2008

¿Por qué pitan? O ¿a quién pitan?


Cuando hay un atasco, todos los conductores y conductoras que se ven atrapados en él echan rauda mano de un instrumento con el que están convencidos de que van a disipar la congestión: el claxon.

Está muy claro, cualquier ley de la física lo puede explicar: si hay un camión de basura haciendo su trabajo tres o cuatro coches por delante y nosotros, desesperados, pitamos, las bolsas caerán más rápidamente a la trituradora y el vehículo avanzará antes. Si en un cruce los coches se quedan inmovilizados en las dos direcciones y no hay hueco para más, el darle a la bocina despejará rápidamente la calzada. Si se produce un embotellamiento, presionando el claxon, seguro que milagrosamente logramos que aparezca un carril desierto para nosotros.

Ya no es cuestión de aludir a la educación de los usuarios: los peatones y personas que habiten en todos los edificios que rodean al atasco se quedarán ensordecidos durante un tiempo; es que simplemente no le veo el sentido a su acto. ¿Qué quieren? ¿Expresar rabia? Den un puñetazo en el salpicadero, tendrá el mismo efecto en el atasco. ¿Demostrar que, en la misma situación, habrían sido más rápidos? Pidan trabajo de basureros. ¿Hacerse notar? Salgan desnudos a la calle.

Podría comprender tocar el pito en otras ocasiones, incluso aunque también impliquen mala educación. Por ejemplo, cuando alguien no arranca en cuanto el semáforo se pone verde, cuando montan pasajeros lentos en un taxi o turismo, cuando alguien necesita más maniobras de las debidas para aparcar… en todas estas situaciones me parece incorrecto incordiar con la bocina, pero al menos veo una lógica en meter prisa. Pero pitar en los atascos es que lo encuentro tan carente de fundamento que me sorprende mucho.

28 marzo 2008

We never grew up, we just got ourselves free

El titular es un verso de Ocean Colour Scene, de la canción One For The Road (álmbum Moseley Shoals).

Desde que me independicé así es como me he sentido: no es que haya crecido, es que me he liberado.

Lo que quiero decir con ello es que ya desde muchos años atrás tenía ganas de ser más libre, de poder hacer cosas por mí misma sin estar pidiendo permiso o rogando que me dejasen dinero a nadie.

Aún hoy en día, después de más de diez años, sigo teniendo, en algunas ocasiones, esa sensación de libertad.


15 marzo 2008

¿Es posible sobrevivir como freak en un pueblo?

Las personas "friquis" suelen estar apartadas de la sociedad. O bien son apartadas, o bien se apartan por propia voluntado o, más habitualmente, se da una mezcla de las dos cosas. Cuando se es infante, en el colegio y el instituto, que son mundos muy pequeños, de reducida población, este aislamiento social suele ser completo. Pero una vez la persona se hace adulta y sale al mundo, encuentra que hay muchas otras personas como ella y se puede empezar a relacionar con otros y otras friquis.

O por lo menos, en las ciudades. Debido a la cantidad de población, existe la posibilidad de que haya alguien con intereses comunes o al menos parecidos a los tuyos. Y debido a la gran oferta cultural, encontrarás, casi seguro, actividades en las que entretenerte e incluso pasar buenos ratos. En mi caso, tengo los cines de versión original y alguna que otra culturetada que sé que no tendría si viviese en un pueblo o en ciudades más pequeñas. ¿Qué haría entonces en un ambiente con poca variedad de oferta?

Os apresuraréis a contestar que está el Internet. Ahí se pueden pasar las horas muertas contactando con otra gente con los mismos gustos y esas películas que no proyectan más que en un par de ciudades se pueden descargar, puedes encargar por correo libros, bajarte o comprar música... Pero ¿qué pasaba antes? Si me sitúo en mi adolescencia-primera juventud, recuerdo que no me gustaba nada ir a discotecas o bares grandes con música a tope a los que la gente iba muy arreglada. Ni me iba el tipo de música ni me divertía esa forma de estar con los demás, en la que no puedes ni hablar. Ahora tampoco, sólo que ahora no existe ni la posibilidad de hacerlo. En un pueblo ésa es la única forma de salir. La gente juerguista, aunque sea muy de ciudad, se puede divertir con estas cosas, pero los que no lo somos o lo somos de otra manera, lo tenemos difícil.

Quizá me equivoco, por eso el titular del artículo es una pregunta, no una exclamación. Como no he vivido en un pueblo no lo sé más que de oídas o por impresiones de visitas cortas a estos lugares. Así que a los que viváis en poblaciones pequeñas, os pregunto: antes de que existiese el Internet: ¿qué se hacía?

Se me ocurre que puede haber muchos freaks a los que les gusten los videojuegos y que, por lo tanto, las salas de recreativos pudiesen ofrecer una alternativa de ocio que sí fuese con su forma de ser. Claro, a mí esto no me gusta. Además, entre los chicos es más fácil encontrar a friquis no sé si porque se da más a menudo o si porque las chicas tienen más problema en reconocer que lo son. Y no sería tan difícil que un friqui masculino encontrase un amigo o un par de amiguetes en su adolescencia. En cuanto a las chicas, si aquí era casi imposible, no quiero ni imaginarme lo difícil que habría resultado en un lugar de escaso número de habitantes.

De todo esto a lo mejor se desprende que fue la vida en ciudad lo que me perjudicó y que su hubiese nacido en un pueblo y me hubiese criado allí se me habría quitado el friquismo a hostias, pero no creo. Hay elementos muy intrínsecos como la timidez o la falta de interés en determinados de temas de conversación muy comunes que creo que habría ido conmigo en cualquier parte.

En fin, que yo doy gracias por no haber vivido en un pueblo, pero más que nada pregunto a quienes sí están allí, si es posible conjugar eso con el friquismo y, sobre todo, si lo fue antes de que se inventara esta maravilla llamada Internet.

13 marzo 2008

El dr. Seuss, creador de Horton, también se inventó el término "nerd"


Esta semana se estrena la película Horton, cuyo título original es Dr. Seuss's Horton Hears a Who!, aunque lo han reducido a Horton Hears a Who!.

Ese tal Dr. Seuss, Theodor Seuss Geisel, dentro de su libro If I Run the Zoo (si yo dirigiese el zoo), creó una especie animal que se llamaba Nerd y siempre estaba enfadado. Desde entonces, la palabra “nerd” se emplea para describir a personas de elevada inteligencia y pocas habilidades sociales.

Aquí podéis saber la etimología de Geek. Y en este artículo podéis ver lo que significa en inglés la palabra "geek".

29 febrero 2008

Una radio a tu medida


No quiero hacer publicidad, así que explicaré de qué se trata, pero sin dar el nombre concreto. Buscad una similar en Internet.

Se trata de un programa que te ofrece una emisora de radio musical con lo que elijas. Lo mejor en realidad no es eso, pues se podría lograr –y sin interrupciones publicitarias— con listas de reproducción. Lo mejor es que, según tus gustos, te ofrece cosas nuevas, que quizá aún no conoces.

En mi caso, me parece la mejor forma para ponerme al día en música. Ya que no hablo con nadie sobre grupos recién salidos del horno y en las emisoras españolas donde ponen novedades tienen un gusto muy diferente al mío, aquí puedo encontrar bandas que no me habría ni planteado que existen. Y con la comodidad de escucharlas directamente, no eso de que alguien me comente que están bien, tener que buscarlas, etc…

20 febrero 2008

Actuamos según nuestros errores anteriores

Sacamos el paraguas cuando llovió el día anterior, nos abrigamos si ayer hizo frío y optamos por ropa más fresca cuando pasamos un día muy caluroso y no queremos volver a sudar. Pero es raro que esas decisiones sirvan para el momento en el que nos encontramos. Por eso se suele decir lo de que "hoy que he cogido el paraguas, seguro que no llueve. Y mira que ayer me empapé por salir sin él".

¿Y si nos pasase lo mismo con los asuntos importantes? Cuando llegamos a un nuevo empleo, procuramos no cometer los errores del pasado. Tras perder alguna amistad, con la que nos surge después tratamos de no hacer aquello equivocado que nos llevó al olvido. Si iniciamos una relación amorosa, nos basamos en los tropezones de la anterior para que ésta funcione. Pero no actuamos con arreglo al presente.

Por desgracia, las circunstancias no siempre serán las mismas. Por mucho que aprender de los errores sea signo de sabiduría, mientras no sepamos reaccionar ante situaciones nuevas con decisiones acertadas, seguiremos cayendo en lo indebido. Venimos a este mundo sin un mapa que nos guíe y con unas instrucciones que nos ofrecen quienes pasaron por circunstancias similares, pero no exactas.

05 febrero 2008

Malos consejos

La persona que recomendó por primera vez
"escribe sobre lo que conoces"
probablemente no había visto cine español.

31 enero 2008

Todo lo que nos gusta lo cierran o lo dejan de fabricar

No sé si tenemos una mala pata especial o si esto le ocurrirá a todo el mundo. Siempre que nos hacemos habituales de un bar, lo acaban cerrando al poco tiempo. Si nos gusta un producto manufacturado, lo dejan de vender.

Nos ocurrió con un bar que se llamaba "Palmitas" y estaba en la calle Ruiz de Madrid. Allí la música era buenísima, tenían cervezas de importación y palomitas a granel. A lo mejor no se llamaba así y he hecho una asociación de ideas. Pues al poco desapareció y ahora es un lugar cultureta de platos carísimos y en el que catar vino.

Con otros establecimientos nos ha ocurrido igual y creo que tiene una justificación: parte del encanto era que no había que esperar, siempre encontrábamos sitio para sentarnos y no estaba saturado y, por lo tanto, lleno de humo. Eso para mí es el paraíso, pero lógicamente para los dueños de un local es la ruina.

Lo raro es que nos pasa también con la comida.

Ahora no apetece nada, pero hace pocos veranos habíamos descubierto una vichyssoise riquísima que vendían en brik. Al año siguiente no la volvimos a ver en ningún estante refrigerador. Mi madre dice que mejor porque seguro que engordaba, pero puestos a engordar, mejor con eso que con otras cosas.

Por casualidad descubrimos una mezcla de especias de la marca Carmencita llamada "Sazonador de ensaladas". Quedaba riquísimo con los cogollos con ventresca. Había tomado ese plato cientos de veces sin estas hierbas y me gustaba, pero justo cuando me he acostumbrado y que sé que no me va a apetecer tanto con otro condimento, el botecito desaparece de los supermercados.

Son los ejemplos que se me han ocurrido, pero han sido más las cosas que han dejado de existir poco después de que nos aficionásemos a ellas. ¿Seremos gafes? ¿Tendremos gustos muy raros? Como en lo primero no creo, pensaré que se trata de lo segundo, cosa que, además, no me extrañaría.

25 enero 2008

'La carretera', de Cormac McCarthy

La acción de la novela de Cormac McCarthy 'La carretera' se centra en un padre y un hijo del que sabemos que es pequeño, pero desconocemos su edad exacta. Cuando comienza el libro ya se encuentran caminando, en la carretera, tratando de emigrar hacia el sur, a tierras más cálidas. La situación se presenta ya estable e inevitable: se encuentran en un mundo más o menos post-apocalíptico, pero no conocemos las causas de la muerte de gran parte de la humanidad ni de la huida de las zonas civilizadas por parte de los supervivientes. No son los únicos seres humanos, pero evitan el contacto con los demás, huyen de ellos, ya que sospechan que para sobrevivir practican el canibalismo. No se mencionan los nombres de los personajes y podemos adivinar que el niño no ha conocido el mundo actual, pero sobre el padre desconocemos qué hacía antes del cataclismo, no se tienen referencias sobre qué tipo de persona era, si tenía humor, si era cariñoso, si le gustaba la música… Únicamente en unas pocas ocasiones, el protagonista añora a la madre de su hijo y se ven los últimos días de esta mujer que tomó una decisión diferente a aquella por la que él ha optado.

El narrador de la novela de McCarthy no es omnisciente, nunca habla de los sentimientos de ninguno de los dos protagonistas, nunca penetra en sus mentes, sólo los observa. Se limita a describir las acciones. Tampoco los diálogos, que se limitan a las necesidades más básicas –"tengo miedo, papá". "Tengo frío, papá". "Lo sé"— nos hacen ver cómo se sienten los peregrinos. Y no hace falta. Los lectores lo comprendemos perfectamente. Podemos imaginar cómo piensan sólo con la situación tan precaria en la que están. Es una novela psicológica y muy intensa, que tiene el mérito de hacerte comprender una situación y unos sentimientos complejos sin decirte ni una sola palabra sobre ellos. Posee la enorme virtud de lograr una fortísima identificación con los protagonistas sin haber realizado un retrato de sus personalidades.

Aunque la historia consista en dos personas que se dirigen a un lugar, en realidad, la trama del libro no va a ningún sitio. Más que una progresión en la que queramos saber cuál es el desenlace final, se trata de una acumulación que finalmente concluye por desgaste. El autor ha escogido un fragmento en el tiempo igual a los anteriores y a los siguientes, no ha elegido contar los momentos en los que suceden determinadas cosas. Si dejamos aparte las últimas páginas que cambian demasiado el tono del argumento y que incluso contradicen lo que se venía declarando hasta ese momento, el final es algo que podría haber ocurrido en cualquier otra ocasión y que sirve para cerrar solo porque en algún momento habría que finalizar, pero se podría seguir narrando la historia sin acabar jamás. Debido a lo que te has involucrado con los personajes y con la situación, cuando llegan estos momentos de riesgo, se pasa verdaderamente mal, la tensión está muy bien conseguida.

Aunque tiene muchos puntos en común con 'Soy leyenda', de Richard Matheson, las diferencias principales son que aquí hay más de una persona y que, en lugar de encerrarse en su casa y aprovisionarse, los protagonistas están en continuo movimiento migratorio y tratan de alimentarse buscando latas de conservas en despensas abandonadas.

23 enero 2008

Los crímenes de Oxford (el libro)

Normalmente se despachan rápidamente todos los best-sellers como si fuesen lo mismo. Ojalá. Un libro super-ventas tendría que responder al menos a las siguientes características: que enganchase y que entretuviese. Y eso, por mucho que se desprecie, no es nada fácil de conseguir.

La prueba está en que Guillermo Martínez, con su novela Los crímenes de Oxford es tan flojo en la forma de mostrar los acontecimientos, tan falto de originalidad en la premisa, tan poco hábil a la hora de trenzarte tramas que te atrapen (toma aliteración) que su obra se queda en nada.

Que se haya llevado al cine es algo que no puede extrañar, pues su estructura ya parece creada para este medio y la comercialidad de su enfoque es de lo más propicia para que la película se convierta en un taquillazo.

Incluso las veces en las que nos acercamos a un libro sin mayores pretensiones que la de que nos hagan pasar unos cuantos ratos agradables, nos podemos llevar decepciones.

19 enero 2008

Parodias de las series en Mad TV

(En inglés sin subtítulos)

"Mujeres desesperadas":



"House":



"Héroes":



"Perdidos":



También las hay de "Anatomía de Grey", "Los Soprano", "Sexo en Nueva York"...

17 enero 2008

Sexismo y machismo

Siempre creí que las palabras "sexismo" y "machismo" eran sinónimas y que la segunda únicamente concretaba cuál de los dos sexos se suponía que era superior cuando discriminaba al otro. Pero busco ahora las definiciones en el diccionario de la RAE y resulta que son palabras muy diferentes:

Sexismo:

1. m. Atención preponderante al sexo en cualquier aspecto de la vida.

2. m. Discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro.

Machismo:

1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

En cuanto a "sexismo", nos referiríamos sólo a la segunda acepción.

Si digo la verdad, lo buscaba porque iba a escribir una protesta por la utilización de la palabra "machista" para calificar la violencia doméstica ejercida por los hombres sobre las mujeres. Y, aunque sigue sin parecerme la mejor forma de llamarlo –pues estos hombres también suelen pegar a sus hijos, aunque sean varones y porque si fuese una mujer quien maltratase al hombre no se podría decir "violencia feminista"—, reconozco que se acerca más de lo que creía.

Lo que cambia entonces es la idea que teníamos de toda la vida de la palabra "machista". Resulta que no se trata de aquella persona, sea hombre o mujer, que discrimina a las féminas o las considera un sexo inferior con respecto al masculino. Eso sería el sexismo. Claro que, para espetárselo a alguien a la cara, queda mucho peor: "Eres un sexista".

No quiero hablar o más bien sí quiero, pero me extendería demasiado y por eso no lo hago… sobre lo que unas personas consideran sexismo y lo que considero sexista yo. Sé que es más interesante que esta diferenciación de diccionario, pero prefiero dejarlo para otro momento.

Sólo como curiosidad, diré que, aunque se llame "violencia machista" a que un hombre le pegue a una mujer, lo que toda la vida me sonó a mí a sexismo era aquello de "no te pego porque eres una tía", pues da por hecho que somos el sexo débil. Y no siempre es así.

Lo que sí resulta muy sintomático es ver la diferencia de significado entre "machismo" y "feminismo". Mientras el primero es lo que aparece más arriba, la segunda palabra es:

Feminismo.

Del lat. femĭna, mujer, hembra, e -ismo).

1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Está claro que esta palabra surge a posteriori y como consecuencia del contenido de la anterior. Por lo tanto, no es ni mucho menos, lo mismo desde el punto de vista contrario. Es algo tan distinto que nos habla muy elocuentemente de la situación que tenemos las mujeres en la sociedad y, más aún, la que tuvieron generaciones anteriores de mujeres.

Tampoco querría hablar más extensamente de cómo el término "feminista" se puede haber llegado a convertir en peyorativo o de cómo, para algunas personas es sinónimo de "lesbiana" (no digo que "lesbiana" sea peyorativo, simplemente critico esta confusión tan infundada). Se utiliza quizá para hablar de personas que se ponen en un extremo y que tienen actitudes sexistas, pero rebajando, en este caso, a los hombres ante las mujeres. Pero según en diccionario, tampoco son exactos estos empleos, igual que no lo era el de "machista" que hemos mencionado antes.

11 enero 2008

La cuestión de las propinas en otros países



Esta discusión en España tiene muy poco sentido, pero en otros países, por ejemplo, Estados Unidos, sí es frecuente que se hable del tema, como podéis comprobar en el fragmento de Reservoir Dogs. Ya que, cuando viví allí no tenía blog para expresar mis opiniones, lo pongo ahora.

Se suele argumentar que es importante dar una propina de un 10 ó 15% del monto de la cuenta porque, si no la das, los camareros (allí se llaman meseros) no recibirán dinero. Entonces, se considera solidario dar estas desmesuradas propinas y egoísta e insolidario no darlas o "propinar" (en inglés sí funciona como verbo con el sentido que viene bien aquí) menos de lo requerido.

Aunque mi conclusión es más que obvia, el caso es que en ninguna de las discusiones se pensaba, quizá porque son un país tan capitalista que el perjuicio de la empresa no se plantea nunca o la culpa de la empresa no se supone jamás.

En realidad, lo que ocurre gracias a que se den esas tremendas propinas no es que así los camareros reciben el pago por su trabajo. Los camareros deberían tener un sueldo que viniese de la empresa y la empresa debería, como se hace con cualquier empleado en otro tipo de empresas, llevar al gasto estos sueldos y asumirlos dentro de lo que no hay más remedio que pagar. Pero, gracias a estas propinas, la empresa se está ahorrando el sueldo de los empleados, lo que probablemente será el gasto mayor de todos los que tengan, o uno de los mayores, pues también el alquiler de los locales será elevado.

Si al menos, gracias a que los restaurantes se ahorran una cantidad de dinero tan enorme porque apenas pagan nada a sus empleados, la comida fuese más barata, entonces también se podría comprender: una cosa por la otra. No lo pagas en un lado, pero lo pagas en otro. Sin embargo, no es así, los restaurantes son tirando a caros para el nivel de vida que hay allí.

En conclusión, el camarero sale igual de remunerado de las dos formas, la empresa sale beneficiada enormemente con la costumbre de las superpropinas. ¿Y quién sale perdiendo? El comensal. Si le sumas este porcentaje, te das cuenta de que salir a cenar es casi un lujo.

El tener que pagar el servicio aparte sería como si nos cobrasen alquiler por la silla en la que nos sentamos, por el trozo de mesa que usemos, por la parte de local en la que nos situemos, por el uso de los cubiertos y la lavandería de nuestra servilleta y mantel, por el aire acondicionado o calefacción que haya en el lugar, etc… todo eso se cobra, por supuesto, pero se incluye en el precio de la comida, pues por algo en un restaurante no se paga lo mismo que si se comprasen las materias primas en el supermercado.

También demuestra el exacerbado capitalismo de esta práctica el hecho de que se plantea como modo de motivación. ¿Cómo hacemos que nuestros empleados sean amables y eficientes? No motivándolos con un trato bueno o dándoles cursillos como los que aquí se dan en Vips o en El Corte Inglés. No. Se hace en plan merienda de negros: no tienes más remedio que currar bien y "besar el culo" (que es lo que dicen los americanos) a la gente porque, si no, no te llevarás un duro por tu trabajo. Y, poniéndome ahora en el otro lado, también puede hacer que se cree la sensación de que no existe la necesidad de ser profesional y cumplir bien con el trabajo, de que si se hace es solamente por dinero.

Así que eso que ellos consideran solidario, en realidad es una práctica económica agresiva. Quienes deseen ser solidarios con los camareros, en lugar de reivindicar esa costumbre, se debería forzar a que los restaurantes hiciesen contratos con verdaderos sueldos a sus camareros. Así la propina sería sólo un pequeño extra que significaría la satisfacción con el servicio.

Por si acaso, añado que, hasta que esto se llegue a plantear y mientras los camareros sigan sin recibir buenos sueldos, obviamente, hay que dar esas propinas. No es que haya utilizado todo este argumento para ser una rácana cuando pasé allí un año. Pero si todos se pusiesen de acuerdo, ya sería otra cosa.

05 enero 2008

Tiempo para usted

Hoy en día, casi todas las tareas del hogar se han facilitado. A muchas de ellas incluso han accedido los hombres y el trabajo, más o menos, se reparte. De lo único de lo que no se ha librado la mujer y lo único que el hombre no le ha ayudado a soportar es el tener en la cabeza todo lo que hay que hacer, cosa de la que nadie se libra ni aunque tenga asistenta. Todo ello siempre se suma a las preocupaciones personales de cada una y a las responsabilidades que tiene en su trabajo. Ésta es justamente la peor parte de llevar una casa. Por lo tanto, todos los avances sociales que se supone que ha habido hacia la igualdad son falsos. Y la conciliación entre el trabajo y las ocupaciones domésticas o el cuidado de la prole sigue siendo casi imposible para las mujeres. La atadura a la casa sigue siendo la misma.

He intentado representar esta protesta en el siguiente anuncio falso:

Olvídese de estar atada al trabajo doméstico. Con solo leves movimientos de sus brazos o piernas o las órdenes emitidas directamente desde su cerebro, su casa quedará totalmente lista para recibir a las visitas más exigente.

...dará de comer a sus niños, planchará las camisas de su marido y le ahorrará la engorrosa tarea de limpiar el polvo.


Desde ahora, todo el tiempo del mundo es suyo para relajarse. ROBOT QUEEN. La verdadera liberación de la mujer.


Muchas gracias a Vitincultura por el dibujo.

01 enero 2008

Feliz día de Año Nuevo



Yeah...
All is quiet on New Year's Day
A world in white gets underway
I want to be with you
Be with you night and day
Nothing changes on New Year's Day
On New Year's Day
I will be with you again
I will be with you again
Under a blood red sky
A crowd has gathered in black and white
Arms entwined, the chosen few
The newspapers says, says
Say it's true it's true...
And we can break through
Though torn in two
We can be one
I...I will begin again
I...I will begin again
Oh...
Maybe the time is right
Oh...maybe tonight...
I will be with you again
I will be with you again
And so we're told this is the golden age
And gold is the reason for the wars we wage
Though I want to be with you
Be with you night and day
Nothing changes
On New Year's Day
On New Year's Day.

26 diciembre 2007

El infierno son los otros

No sé vosotros, pero yo nunca he tenido un trabajo que fuese, por sí mismo, desagradable o aburrido, ni siquiera monótono.

Sin embargo, he sufrido en varios de los trabajos que he desempeñado. Y siempre por los otros: jefes o compañeros. O por las condiciones.

En cuanto a las condiciones, está clarísimo: tarifas bajísimas o más bien ridículas en relación al trabajo entregado, retrasos de más de un año en los pagos, una tremenda inestabilidad… Sé que algunas de estas condiciones se deben al sector en el que laboro: audiovisual, pero creo que incluso dentro de él he encontrado —y sigo encontrando— tratos especialmente desfavorables.

Pero eso ya se sabe. Lo que quizá no nos planteamos tan abiertamente es cómo un mal ambiente de trabajo te puede estropear la más agradable de las ocupaciones. Puede ocurrir lo contrario, claro, aunque es menos habitual y, quien lo haya encontrado, que sepa que es afortunado/a.

Me consta que muchos de los lectores sois profesores y que os sorprenderá leer que los alumnos que tengo este año y los que tuve el curso pasado son algunas de las personas con las que mejor trato he tenido en mis trabajos y con las que más a gusto me he sentido. Sí, esa gente que no te escucha, que habla mientras tú explicas, que te interrumpe a cada momento, que te falta el respeto… Comparados con algunos individuos con los que he tenido que lidiar, son angelitos.

Admito que no he tenido especial suerte, sobre todo si recuerdo el episodio más oscuro del tema, en el que mi jefe era un señor de dudoso equilibrio mental (los que me conocen ya saben a quién me refiero). Llegué a pasar miedo… pánico diría yo. E incluso si no temía por mi integridad física o mental, el compartir despacho con alguien así fue una de las pruebas más difíciles por las que he pasado. En otro de los trabajos se mezclaban problemas familiares que no vienen a cuento, pero que resultaron dolorosos.

Dejando aparte casos tan particulares, siempre hay una persona que… digamos… te toca las narices. No sólo jefes o compañeros, pues la gente dueña de sus propias empresas también tiene que enfrentarse a clientes y empleados que pueden resultar igual de incómodos o más. La molestia no se da necesariamente en el ámbito físico de una oficina: incluso en un trabajo desempeñado a distancia, la persona destinataria o las que tienen que intervenir en alguna decisión se pueden entrometer y provocar que no lo disfrutes.

Por otro lado, no es sólo el tener que aguantar a alguien muchas horas al día. Puede ocurrir que, intencionada o no intencionadamente, boicoteen tu labor y te impidan efectuar tu oficio de forma satisfactoria. Esto, además de restarte tus posibilidades de éxito, trastoca uno de los mayores regalos que se pueden obtener tras esforzarse: la satisfacción por el trabajo bien hecho. Así que lo menos importante será que nos caiga bien o mal alguien a quien vemos todos los días, sino la influencia que puede tener en lo que hacemos.

Por ello se puede concluir que no existe realmente esa cosa llamada empleo ideal. Hasta el oficio con el que siempre hemos soñado se puede truncar por quienes nos rodean.

Esto nos lleva a absurdos como aficionarnos a hobbies que en realidad son un trabajo. La única diferencia es que no los desempeñamos para nadie ni con nadie. Porque lo que realmente es agradable de ello no es el hacer esa cosa en sí, sino el hacerla a nuestra manera sin que nadie nos trastoque nuestro desempeño.

Y ahora llegaría la pregunta, como muchas veces en mis posts: ¿preferiríamos un trabajo monótono y feo de desempeñar, pero en un ambiente favorable en todos los sentidos (incluidas las condiciones de contrato y el sueldo) o un empleo que nos guste en sí, llevado a cabo en una atmósfera hostil y poco agradecida? Supongo que, como en la vida real hay muy poco donde elegir en este sentido, lo mejor sería pensar que cualquiera de las dos está bien, pues ambas tienen sus ventajas y lo normal es no tener ni las ventajas de una ni las de la otra. Y así veremos siempre el vaso medio lleno.

20 diciembre 2007

Feliz Navidad