2 de enero de 2013

Feliz 2013

A veces, decir que 2012 ha sido un mal año no es ya solidaridad con los que sabemos que sí lo han pasado mal, sino simplemente sumarse a la corriente de decir lo que todo el mundo dice, aunque no nos haya ido tan mal. Para mí, ha sido un buen año, mejor que otros anteriores.

Así que al 2013 no le pido que lo supere en lo que a mí respecta. Eso que se dice de "que me quede como estoy" lo aplico.

Sí le pido al año que mejore en lo general y que ayude a todos aquellos que lo están pasando mal y que lo van a ir pasando aún peor según avancen los meses. Precisamente, no deseo nada para mí, pero sí me gustaría que hubiese buenas noticias en lo que afecta a todos.

En estos momentos, la radio está emitiendo 'New Year's Day', de U2. Seguro que otros años os he felicitado con ella. Ayer la estuve escuchando por mi iniciativa, pero no importa que hoy ya no sea día 1 para que sea un placer disfrutarla. 

23 de diciembre de 2012

Felices fiestas


Quiero desearos a todos unas fiestas divertidas y maravillosas y un cambio de año plagado de sensaciones positivos que se cumplan durante 2013.

28 de noviembre de 2012

Muertos en Facebook


Cuando empezamos a hacernos cuentas en Facebook, lo veíamos como algo más propio de gente joven, como algo superficial y quizá poco permanente. Parecía que podría servir para encontrar a viejas amistades, cotillear un poco o enterarte de festejos y celebraciones. Lo hacíamos con el mismo gesto inocente y despreocupado que muestra su creador en la fotografía. Lo que no podríamos ni imaginarnos, por aquel entonces, es que llegaría un momento en el que las personas que teníamos entre nuestra lista de amistades podrían morir.

Para casi todo lo demás existe un protocolo, pero no existe un protocolo para Facebook con respecto a los perfiles de las personas fallecidas. Tengo dos amistades en esta red social que han muerto y claro, FB no lo sabe y sigue actuando como si tal cosa: te las pone en tu inicio entre las imágenes destacadas, permite que otros –ignorantes, seguramente de la circunstancia o quizá por hacer una acción en bloque– les coloquen peticiones en su muro, dejan a la vista sus fotos y comentarios que ellos habían compartido en su momento y que ahora hielan la sangre…

¿Qué se debería hacer? Quizá cerrarles el perfil y hacerlo desaparecer para siempre no sea bonito, aunque por otro lado me parece lo más respetuoso. Borrarlos de nuestras amistades sería un gesto que sonaría muy feo. Mantener el perfil como estaba, como homenaje, en el que incluso se pueden dejar condolencias o mensajes que conmemoran efemérides… quizá es lo que suene más correcto, pero tampoco estoy segura de que sea por completo acertado.

Todo queda tal como lo dejó la persona la última vez que entró, que podría ser tiempo atrás, si tenía su perfil abandonado o quizá el día anterior… o el propio día. Todo queda a medias. Lo provisional se convierte en permanente, lo que estaba previsto que se viese o se leyese durante unas horas cobra un cariz de solemnidad que no le corresponde. Para nosotros, la visita es extraña, pero seguro que si ellos lo supiesen tampoco querrían dejarlo todo así, como si fuese una casa sin barrer, una cama sin hacer… Así es como quedan todas las cosas cuando sucede lo peor. La diferencia es que, de puertas a fuera, todo eso se arregla, se oculta, se cubre.

Pero en el Facebook ahí esta. Si hay quien se pregunta y cuestiona la validez de esta red por su falta de intimidad, creo que en esta cuestión –a la que no es que le hayan dado una solución poco delicada, es que ni se la han planteado– vamos mucho más allá. No sé qué tendrían que hacer, pero quizá es algo que haya que abordar, ¿qué haríais vosotros si gestionaseis FB?

29 de octubre de 2012

La condescendencia de 'The Newsroom'



Cuando alguien hace algo que normalmente nos resultaría antipático para proclamar aquellas idas con las que coincidimos, suele molestarnos menos que si lo lleva a cabo para esparcir nociones con las que estamos en contra. Por ejemplo, una película manipuladora nos parecerá reprobable cuando sus mensajes sean de otra cuerda y no porque rechacemos la maniobra en cualquier caso. O una propuesta demasiado obvia y expositiva se nos antojará pobre y fácil cuando no vaya con lo nuestro.

Es lo que sucede en una pequeña medida con la serie 'The Newsroom'. No hablo de que esta serie sea manipuladora ni obvia, eso eran solo ejemplos. Lo que quiero decir es que ciertas cuestiones de la serie las admitimos porque estamos de acuerdo con su discurso global. 

Antes de seguir, advierto –pues ya me temo las reacciones– que no estoy poniendo en duda la calidad de 'The Newsroom'. Los diálogos de Aaron Sorkin me parecen excelsos y todos los actores de la serie están sublimes. Creo que, además, está realizada con gusto, montada con brío y considero que supone una gran aportación al conjunto de la ficción televisiva. 



Pero sí me gustaría criticar un aspecto que me causa una ligera irritación, que es, como decía en el titular, la condescendencia que demuestra esta serie. El personaje de Will McAvoy está retratado con más aristas o cuestiones negativas que rasgos encomiables, siguiendo una corriente con la que estoy más que de acuerdo de hacer al protagonista un poco cuestionable, alejarlo de la figura tradicional de santo, para que resulte más humano y, al final, caiga mejor que los inverosímiles seres perfectos. 

Sin embargo, por mucho que pueda parecer que es así, el paternalismo no está introducido como otra de las fallas de la personalidad de Will, sino que es la base de la serie, es el enfoque desde el que se ha creado.

Sorkin considera que al pueblo hay que aleccionarlo, que hay que situarse en una tribuna de superioridad y desde allí, irlo guiando para que obre con acierto. No solo los redactores y el presentador del informativo ejercen esta labor, que la serie presenta como imprescindible, con los televidentes, sino, a su vez, la serie la ejerce sobre sus espectadores.

Las ganas de ayudar, de contar la verdad, de basarse en hechos y no en opiniones son grandes valores. Lo que ocurre es que una consecuencia, quizá inevitable, de situarse en este lugar privilegiado para llevar a cabo una aportación positiva, parece ser la de considerar a aquellos a quienes te diriges como seres inferiores que necesitan que los cojas de la mano. 


Otras consideraciones sobre la serie


Me parece curioso el ardid con el que Sorkin disimula las ideas demócratas y trata de dotarlas de un halo de sentido común al ponerlas en boca de un teórico republicano, como para decir que cualquier persona en su sano juicio, aunque fuese de ese partido, se daría cuanta de esos errores. No sé hasta qué punto funciona este truco o hasta qué punto resulta creíble el personaje, salvo que pensemos que él mismo es el que miente sobre su afiliación. El propio creador de la serie es consciente de esto y lo plantea de esa forma en el capítulo en el que los periódicos hablan sobre McAvoy, pues todos lo tachan de demócrata o de "republicano solo de palabra".

En algunas ocasiones, me parece percibir la misma condescendencia que mencionaba arriba en la forma en la que  Sorkin presenta las relaciones entre personajes. Todos sabemos que lo que vende de una serie, vaya de lo que vaya, son las cuestiones humanas: quién se lía con quién, qué discusión o pelea tienen tales personas, qué maldades se harán en secreto unos a otros… Eso es lo que verdaderamente engancha de cualquier ficción, siempre que los personajes estén bien retratados. Sorkin, que lleva muchos años dedicándose a esto, sabe perfectamente montar todo tipo de rollos, tensiones sexuales y discusiones para tener este aspecto bien cubierto.

Pero me pregunto hasta qué punto a él le interesa todo eso. Viendo las historias que salen en otras de sus series, se aprecia que más o menos tira siempre del mismo conflicto. No sé si eso quiere decir que es una cuestión que le ha obsesionado en su vida personal y por eso trata de exorcizarla siempre que puede, con lo cual habría que decir que la parte humana de la serie le interesa mucho. O si quizá es una fórmula que ha probado y ha visto que funciona y que vuelve a aplicar para no pensar más, lo que nos llevaría a considerar que esto solo lo introduce como trámite para poder hablar de lo que a él le interesa: la política.

Si fuese la acertada esta segunda opción, está claro que habría cierta condescendencia al situarse en esa posición que implica: "a mí esto no me interesa, pero os lo doy porque sé que es lo que venís buscando vosotros". Yo no quiero que me lo dé si a él no le interesa. Si lo mete ahí solo por cumplir o para vender, que no se moleste.



En ese sentido, encuentro que se ha producido una vuelta o un vuelco, como lo queráis llamar, en lo que se refiere a la forma de introducir los temas en la ficción. Hasta ahora, tanto en cine como el televisión, la parte que se correspondía con los empleos o luchas de los personajes suponía una excusa –lo que Hitchcock llamó McGuffin– para acabar mostrando historias humanas, que era lo que interesaba a todos, no solo a los espectadores, sino también al autor. Así, los personajes se dedicaban a algo o se debatían por conseguir algo, pero ese algo se nos mostraba de refilón, como parte del retrato, incluso aunque todos los personajes compartiesen el mismo objetivo o la misma profesión.

En 'The Newsroom' las cuestiones profesionales que mueven a los personajes toman el lugar principal, dejan de ser un mero McGuffin. Así, en lugar de escuchar parte de las conferencias que tienen lugar en la sala de juntas o de escuchar a medias las entrevistas e intervenciones de McAvoy, lo escuchamos todo de principio a fin.

No señalo este cambio como algo necesariamente negativo. Habrá quien lo prefiera y quien no, eso ya es cuestión de lo que le interese a cada uno el tema tratado. Pero lo que no se puede negar es que 'The Newsroom' supone un gran cambio de enfoque.

15 de octubre de 2012

¿Quién está acabando con la prensa?



Desde hace muchos meses, la vertiente más negativa de los mensajeros apocalípticos nos está diciendo que el Internet está acabando con la prensa, que acabará con ella por completo dentro de poco.

En lugar de entender el Internet –o la pantalla digital, en forma de tablets, lectores, ordenadores, smartphones, etc…– como un soporte más, que podría ser sustitutivo o complementario al papel, se ha entendido como otra cosa distinta, como si por cambiar el formato hubiese de cambiar, no solo el contenido, sino también la forma de elaborarlo y de remunerarlo.

Los que han acabado con la prensa no son los que publican en Internet, toda esa gente que lanza blogs al ciberespacio con sus mensajes, sus artículos o sus opiniones. Tampoco es toda esa gente que opta por leer una noticia de forma gratuita en lugar de bajar hasta el quiosco para comprar un periódico. Los que están acabando con la prensa son aquellos que han decidido que eso que está sustituyendo a sus publicaciones no se va a remunerar igual que lo que hasta ahora llenaba sus páginas.

Los dueños de los periódicos, en lugar de ver a esas personas como sus enemigos, deberían haberlas contratado. Y, por supuesto, haberles ofrecido un sueldo o una remuneración por obra equivalente a la que tienen sus periodistas en plantilla. Lo que han hecho en su lugar es tratar de ningunearlos, desacreditarlos o contratarlos a precio de risa… quizá sin recompensa monetaria alguna. 

No me vale el argumento de que el periódico en Internet no genera ingresos y por ese motivo no hay posibilidad de pagar a la gente que escribe. En Internet, se podrían tener los mismos ingresos que tiene la prensa en papel. O, por poner un ejemplo que se entenderá mejor, ya que es también gratuita para los espectadores, la televisión. Si las cadenas de televisión, sin cobrar un duro a sus televidentes son capaces de levantar producciones enteras que requieren mucha más inversión que la pluma que las escribe, ¿cómo no va a poder la publicidad financiar la escritura de un periódico con buenos sueldos para todos los autores que confeccionen noticias o firmen artículos de opinión? 

Si no se ha llegado a estos niveles de ingresos por publicidad es por el mismo motivo que decía antes: porque desde que surgió el Internet se ha desacreditado tanto que no se ha pensado en cobrar por los espacios publicitarios lo que estos valen y prácticamente se están regalando a los anunciantes. Se podrían cobrar como un spot televisivo o incluso más caros, ya que, con respecto a este presentan, entre otras, la ventaja de llegar a un lector mucho más seleccionado: la publicidad en Internet puede dirigirse a personas predispuestas a buscar algo similar (sobre esto no me extiendo, pues podría dar cabida a un post entero, pero hay información en Internet al respecto). 

No creo que el error estuviese, como señalan algunos, en que los periódicos importantes, en su versión en Internet se lanzasen desde el principio de forma gratuita. Eso lo veo muy bien. Lo malo estuvo en que ese lanzamiento no se transformó en ingentes ingresos por publicidad bien gestionada.

Esos mencionados dueños de periódicos, en lugar de tratar de aniquilar eso que según ellos les está matando: el Internet, deberían haberse unido a él o haberlo absorbido y abrazado como una plataforma más, quizá la mejor plataforma que hayan tenido en su vida. Se podría seguir teniendo no el mismo número de periodistas fijos–ya sea contratados  en plantilla, ya sea a modo freelance, pero con una regularidad–, sino un número mucho mayor, ya que la no limitación del espacio permite la especialización, además de que los artículos especializados y de investigación podrían tener una vigencia mayor que la de un día.

Quizá sí supondría la muerte del periodismo, pero únicamente del periodismo tal y como lo conocemos. En absoluto tendría que suponer la muerte del periodismo entendido de forma más amplia, sino su resurgir, su oportunidad para llegar a ser más y mejor que nunca. Lo único que está matando al periodismo es que a esas personas que trabajan tanto y tan bien como muchos de los que publican en papel no se les estén remunerando sus publicaciones por igual. Y, además, se esté aprovechando la excusa (esta y la de la crisis) para ya no remunerar tampoco a los que sí escribían para las versiones en papel. Si alguien está acabando con los periódicos son sus dueños.

25 de julio de 2012

¿Te quedas en Madrid estas vacaciones?


Ya sea porque la economía familiar no lo ha permitido, por mala coincidencia de fechas de trabajo o por pura desgana, es posible que este año no podáis huir de la gran cuidad en vacaciones o podáis salir de ella muy pocos días. El verano es largo y caluroso, así que es importante encontrar actividades de ocio para que parezca que sí nos tomamos un descanso, aunque no hayamos podido viajar. Especialmente, si como ocurre en Madrid, en nuestra gran ciudad, vaya, vaya, aquí no hay playa.

Cine de verano

Por supuesto, ver una película es la primera actividad que recomiendo. El cine es ese lugar fresquito –el único al que hay que acudir con rebeca en verano— en el que se pueden pasar un par de horas cómodas cuando el calor más aprieta. Este año, los estrenos estivales no serán muchos, pero ya queda atrás aquella costumbre de no sacar ninguna película sonada durante las vacaciones escolares. Así, en julio llegará a pantallas españolas, por ejemplo, 'El caballero oscuro: la leyenda renace', y en agosto, 'Prometheus', de Ridley Scott, o 'Brave (indomable), de Pixar.

Fuera de los circuitos de cines con los que contamos todo el año, hay alternativas pensadas exclusivamente para estos meses, como los ciclos que propone La Casa Encendida para disfrutar al aire libre en su terraza. Durante julio y agosto, proponen uno de anime bastante completo, y otro muy interesante sobre el cine y la exclusión social. La sede de la Filmoteca española en el cine Doré cuenta, asimismo, con una terraza de verano, con bar incluido.

Las pantallas de verano, como es el Cine de la Bombilla, a orillas del Manzanares, sirven para dar un repaso a los estrenos que nos hemos perdido en lo que va de año o la temporada anterior. Lo que más me gusta, además de la brisilla que se deja sentir algunas noches, es esa sensación de vuelta a la infancia, ese rencuentro con las actividades populares: rodeados de un público de muy diversa índole y edad, podremos sacar el "bocata" y dejarnos llevar por las risas y los comentarios que, si en otras ocasiones molestan, aquí se pueden percibir como parte de la experiencia.



Piscinas al aire libre


Si, como decíamos, la playa nos queda a cientos de kilómetros, el remojón se hace propicio solo en las piscinas de verano. Aunque no son muchas las opciones, en Madrid contamos con la suficiente diversidad como para poder elegir según nuestras preferencias.

Quienes hayan estudiado o estudien en la Complutense, pueden aprovecharse para utilizar su piscina, a la que no podrán acceder niños ni adolescentes y, por lo tanto, el ambiente es relajado y, en cierto modo, exclusivo. La entrada sale algo más cara que en otras, pero el precio del menú del día lo compensa.

La piscina de la Casa de Campo, junto al metro Lago, es lugar de encuentro reconocido del colectivo gay. Pero la puede disfrutar cualquiera, ya que cuenta con el recinto más amplio, que da cabida a tres piscinas diferentes y mucho espacio verde.

El antiguo Parque Sindical, ahora llamado Parque Recreativo de Puerta de Hierro, cuenta con el vaso de mayor extensión, aunque el recinto no es tan grande y los fines de semana se llena demasiado.

Si cuentas con el día entero, en la Comunidad de Madrid y en los alrededores, como pueblos colindantes de Ávila, puedes acercarte a un embalse o una piscina natural. Más allá del Pantano de San Juan, conocido probablemente por todos, encontramos el Embalse del Burguillo, que este año cuenta con poco volumen, pero cuyos alrededores son de gran belleza. Cerca de Rascafría, la piscina natural de las Presillas, ofrece un ambiente familiar. Y la Pedriza en el Manzanares, con especial hincapié en la Charca Verde, aunque quizá esté masificada, se ve rodeada de un entorno envidiable.



Deportes de verano



Podemos aprovechar el buen tiempo para abandonar las agobiantes cuatro paredes del gimnasio y sacar nuestra actividad deportiva a la calle, ya sea corriendo o pedaleando por los carriles habilitados o contratando una de las canchas que ofrecen los ayuntamientos.

Es de Perogrullo, pero no está mal añadir que, si no puedes salir muy temprano por la mañana, esperes a las últimas horas de la tarde, para evitar un golpe de calor.



Exposiciones y actividades



Los museos ofrecen siempre la posibilidad de pasar un rato agradable y aprender un poco más sobre nuestra historia. Visitar sus exposiciones en verano constituye otra manera, como el cine, de refrescarse con el aire acondicionado del que quizá no dispongamos en casa.

Para los más pequeños, los parques recreativos aseguran la diversión, ya sea en una visita didáctica como las que ofrecen el Zoo o Faunia, o una simplemente lúdica, como cualquier parque acuático o de atracciones y eventos.

El teatro sale también a la calle, con recintos como el Centro Cultural Galileo, que permite ver una obra mientras se cena o se pica algo, y como el Matadero, con su terraza, habilitada para actuaciones musicales. El microteatro, situado en la parte baja de un bar, es una actividad ligera y refrescante, ya que sus obritas de un máximo de 15 minutos cada una, nos dejarán tiempo para un respiro y un refrigerio.


Da salida a tus hobbies



Es posible que tengas abandonado algún hobby o que siempre hayas querido hacer algo para lo que no te quedaba tiempo. Aprovecha estos días de menos trabajo para aprender lo que siempre quisiste saber o adentrarte en las actividades que la vida cotidiana no te permitió hacer.

Las escuelas como Fuentetajaliteraria, Escuela de Escritores u Hotel Kafka, por poner tres ejemplos de las muchas que hay; ofrecen talleres intensivos para este verano. Atrévete a dar rienda suelta a tu imaginación en un taller de escritura creativa o de cine, a los que también puedes llevar a tus hijos adolescentes.

Las universidades, como la de El Escorial, Alcalá de Henares o Carlos III también ofrecen cursos y seminarios de gran interés, que cuentan con ponentes de especializados.

Música al fresco



El verano también es buena época para disfrutar de un concierto. El Parque de Atracciones en verano ofrece un extenso cartel con el que no se cuenta el resto del año. Los Veranos de la Villa trae a los artistas de mayor prestigio. Este año, por ejemplo, el gran autor italiano, Franco Battiato, dará un recital. Hugh Laurie, el actor famoso por encarnar al dr. House, también nos visitará, así como Ian Anderson, de Jethro Tull, el también director de cine Emir Kusturica, etc…

4 de junio de 2012

El tren errante


(Versión reducida para presentarla al concurso de RENFE, en el que los relatos debían ocupar un máximo de 99 palabras, incluyendo el título):

Los trenes alcanzan innúmeros destinos, pero cuando uno arranca, sus metas son tan limitadas como los desvíos a su dirección que los cambios de agujas le permitan tomar. El tren al que subí aquella brumosa mañana se perdió por el campo verde, subió montañas, atravesó lagunas sin utilizar ningún puente. No necesitaba vías, podía vagar, como una persona cuando camina o como un ave cuando vuela. Pregunté a dónde nos dirigíamos, pero el revisor no supo darme una respuesta. Me dijo que ni siquiera el conductor partía con rumbo fijo, que ya se descubriría, cuando llegásemos.

Estos son los ganadores.

26 de mayo de 2012

Miss Peregrine's Home for Peculiar Children


Me he leído Miss Peregrine's Home for Peculiar Children, de Ransom Riggs, cuyo título se podría traducir como "el hogar para niños peculiares de la señorita Peregrine", porque conocí la noticia de que Tim Burton había pensado en adaptarlo y, al leer el argumento, me llamó la atención y despertó mi curiosidad. Es el segundo libro, con viajes en el tiempo incluidos, que leo en esta temporada porque me entero de que lo van a pasar a película.

Lo primero que tengo que decir es que no sé a qué esperan las editoriales españolas para comprar los derechos, encargar una traducción y publicarlo. He llegado a escuchar que cuesta encontrar títulos para editar, pues ya saben, este tiene el éxito garantizado.

Lo que más llama la atención del volumen es la edición tan cuidada que tiene. Por una vez, vale la pena comprar la versión en cubierta dura, ya que casi estamos hablando de un objeto, de un álbum de fotos… es una belleza –puede que el encarecimiento de la edición provocado por estas características sea uno de los motivos que echen atrás a las editoriales patrias–. El autor declara que ha encontrado todas las fotos que acompañan la historia en mercadillos de viejo y en búsquedas entre colecciones. La peculiaridad surge de ahí, de las imágenes, y no me extrañaría que muchos de los giros o sucesos estuviesen asimismo buscados para encajar con la fotografía siguiente… las descripciones, por descontado.

La historia me ha parecido bonita, pero quizá no tan impactante como se dice. Más que viajes en el tiempo, lo que se produce aquí es un bucle que permite a los niños alojados en el hospicio de la señorita Peregrine, así como a ella misma, a sobrevivir la caída de una bomba en la II Guerra Mundial. No tengo la edad del protagonista, que es un adolescente, ni probablemente del abanico de lectores y lectoras a los que está dirigido, por ese motivo no me ha hecho vibrar ni me ha emocionado como quizá sí logre con los más jóvenes. Ello no significa que no lo haya disfrutado y haya encontrado en él momentos de gran originalidad. Creo que está bien escrito, que tiene personajes atrayentes y con los que es fácil empatizar y que supone una aventura en la que sumergirse.

12 de mayo de 2012

Mosquitos


Fijaos en la cantidad de cadáveres aplastados
Que quedan en el parabrisas de un coche
Después de un viaje largo
E imaginad el mismo fenómeno
Produciéndose cuando vas en bici
Hoy no tendré que añadirle proteínas a mi ensalada

6 de mayo de 2012

Dime cómo se llama tu estación de metro y te diré de qué careces


Si hay una demostración clara de cómo mienten o exageran los políticos se encuentra en los utópicos nombres de las nuevas paradas de metro de Madrid.

NOTA: No es mi intención resultar políticamente incorrecta o decir nada malo de los ciudadanos de estos barrios. Mi crítica se dirige a la grandilocuencia, el absurdo y la contradicción de los títulos escogidos para ciertas estaciones, que parece que hubiesen buscado la paradoja a propósito. Ruego a los habitantes de estos lugares que te tomen el post con el humor con el que está confeccionado.

Si me dices cómo se llama la tuya, te diré de lo que careces:

La peseta

La fortuna

Las suertes

Mar de cristal
 Las Musas

Por supuesto, con las antiguas también pasaba, ahí tenemos Prosperida y Esperanza o Vista Alegre; pero ya estamos acostumbrados.