09 febrero 2006

Feminismo machista

Siempre que surgen las quejas sobre la discriminación o la infravaloración sexual, se suele hablar de hombres machistas. Pero debe quedar muy claro que tan machistas son los hombres como las mujeres. Que tanto unos como otros fomentan o, cuando menos, permiten que se sigan extendiendo creencias que minan la consideración hacia el género femenino. Si ninguna mujer fuera machista, los hombres tampoco podrían serlo. Por un lado porque no se les permitiría estar en esta sociedad, nadie aceptaría ser su pareja o convivir con ellos. También porque no habrían “mamado” en su casa ese tipo de enseñanzas. Y por último porque el comportamiento de las mujeres, al no guiarse por las ideas de inferioridad, les habría hecho ver a un estilo de mujer del cual no podrían hacer los comentarios degradantes que hacen.

Hasta ahora las cosas estaban básicamente así. Pero en los últimos años hemos llegado a algo casi peor. Enarbolando la bandera del feminismo, las propias mujeres están creando una imagen falsa y nada favorecedora sobre la feminidad. Esta corriente, supuestamente reivindicativa y combativa, a lo que tiende es a relegar a las mujeres a un gueto, aunque no físico, sí de hecho. Se trata de que la mujer tenga su universo aparte y, en lugar de integrarse en el mundo, le sean concedidos unos reductos exclusivos para que ya no pueda quejarse. De ahí surgen todas esas odiosas etiquetas como “revistas femeninas”, “literatura para mujeres” o “de mujeres”, etc…

En el mundo editorial, se acentúa mucho esta tendencia. Parece ser que, para ser mujer y publicar, hay que hablar siempre del mismo tema: de la mujer. La mujer como si fuera una forma de ser en concreto, un tipo de persona único o, peor, un tema, una cosa. Como si no hubiera mujeres de una forma y mujeres de otra o mujeres que puedan hacer unas cosas u otras, cosas no determinadas por el hecho de que son mujeres. Resulta que hay muchas lectoras y éstas quieren identificarse con los libros que leen y para eso necesitan que los haya escrito una mujer. Pero perfectamente podrían identificarse con algo escrito por un hombre. Y viceversa, claro. ¿Es que no puede una mujer escribir cosas con las que se identifiquen los hombres? Debido a esta proliferación de escritoras, han salido a la luz algunas autoras poco competentes que son las que crean la imagen peyorativa de la mujer: con sus escritos le dicen al mundo lo mala que puede ser una escritora y con sus personajes le muestran mujeres siempre neuróticas, descentradas, adictas a los medicamentos y sin intereses en la vida.

Revistas como el “Cosmopólitan”, que se proclama la publicación para la mujer atrevida, moderna y que no se deja subyugar, y luego solo cuenta qué lencería ponerse para seducir al macho y cómo hacerse la débil para que él sienta que te está protegiendo y caiga en tus redes. O series del tipo de “Sexo en Nueva York”, en la que la mayor cumbre de la liberación femenina se reduce a preocuparse por gustar al sexo contrario a base de cuidarse y arreglarse como si no hubiera otra cosa en el mundo. Pero que luego para colgar unas cortinas tienen que llamar a un hombre porque son perdidamente inútiles. Es decir: aunque la mujer esté relegada a un ámbito aparte, en la mente de ella, todo gira en torno al hombre. Las inquietudes personales simplemente no existen.

Por supuesto, no digo que no sea bueno el hecho de que ahora se sepa que la mujer puede desear el sexo y disfrutar con él, pues algo tan evidente, ha sido un gran descubrimiento para muchos. Pero no es posible que se muestre como la única idea en la cabeza de las féminas. El resultado es el mismo: esclavitud de régimen, horas en el gimnasio, dinerales gastados en ropa. Cuando lo que se reivindique sea que se dedique ese dinero y ese tiempo a lo que a cada una de ellas le guste de verdad y no a mejorar su imagen, se podrá decir que hay una verdadera liberación. Pero estamos muy lejos de ese momento, tanto que ha tardado menos en llegar la igualdad por el otro lado, con la intención de crear a ese falso macho que se gasta dinero en cremas y al que le gusta comprarse ropa, como es (o era) el metrosexual.

Este feminismo machista tiene su máximo exponente en lo que se ha reivindicado como imagen de la “mujer de hoy”, que puede ser ama de casa y, además, trabajar fuera. Pego aquí algunas de las frases gloriosas que se incluían en un folletito de un periódico digital cuyo nombre prefiero ocultar:

“Soy una experta en temas del corazón … por algo soy cardióloga”.

“Soy una estupenda ama de casa … en cuanto salgo de la oficina”.

“Cada noche me acuesto con alguien distinto … hoy con García Márquez, ayer con Baudelaire, mañana con Mary Shelley”.

“Me gasto mucho en ropa … me gusta que mis hijos vayan guapos”.

“Me preocupo por mi peso … menos cuando voy a mi restaurante favorito”.

“A mí la filosofía me suena a chino … por eso practico tai-chi”.

Se fomentan las diferencias de sexo y se obvian las similitudes. Así se crea un mayor hueco entre unos y otros. Los tópicos y los prejuicios siguen incrustados en nuestras mentes, pero ahora además, están justificados por esta nueva corriente de pensamiento. Me da la impresión de que hemos ido para atrás. Yo no viví como mujer adulta los años ochenta, pero parecía que entonces había una idea de la mujer fuerte, dura y que puede con todo, mucho más positiva que ahora. Pero ya digo que lo viví de niña o muy joven y es posible que aquello sólo apareciera en las películas y que no tuviera nada de real. De todas formas, aunque el día a día fuera el mismo, sólo el hecho de que la imagen que se proyecta sea otra, ya resulta positivo, pues al menos eso era algo a lo que se podía aspirar, si no como posibilidad palpable, sí como ideal. Ojalá con el cambio de década volvamos a cambiar estas formas de vernos los unos a los otros y de ver en nuestro interior.

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5 comentarios:

Niha dijo...

A mí siempre me ha resultado absurdo eso de que como mujer sólo se puedan tratar "temas" de mujeres. Recuerdo comentarios sobre lo poco "femenino" del trabajo de la directora de cine Kathryn Bigelow ( Le llaman Bodhi, Días extraños,...) , por dedicarse al cine de acción. Es lamentable que sigamos en ese plan.
Y estoy completamente de acuerdo con que hay que liberarse de la esclavitud de la imagen. Que está bien procurar tener buen aspecto, ojo, pero no de la manera insana que nos proponen hoy en día.
Es muy satisfactorio ver que hay más gente con una opinión sensata sobre el tema.

Barber Anne dijo...

Acabo de encontrarme con un anuncio que, entre otras cosas, dice: “se buscan cortometrajes u obras audiovisuales breves, tema: MUJER […] para muestra audiovisual de la semana de la mujer […] se admiten obras de cualquier nacionalidad pero que estén relacionadas de alguna forma con el tema de la mujer”.

¿Pero qué es el “tema de la mujer”? ¿No puede ser cualquier tema, quitando la próstata, la circuncisión y poco más, temas de la mujer? ¿Es que sólo los malos tratos, la discriminación, el parto y cosas así son temas de la mujer? Si yo voy ahora y les envío un corto de aventuras o de misterio o de risa, probablemente me dirán que no trata el tema de la mujer. Debería hacer la prueba.

¿Pero desde cuándo somos un tema? Me indigna mucho. Y precisamente esta semana de la mujer se organiza con afán solidario y feminista. Como cuando se organiza una semana de la pobreza, una de enfermos de SIDA, una de niños huérfanos. Simplemente que exista un día en el calendario para la mujer ya es muy significativo.

A lo mejor resulta que vivimos en un mundo tan machista o que ha sido tan machista que necesita hacer este tipo de cosas, igual que las discriminaciones positivas como por ejemplo, la ley de violencia doméstica. Puede que sea así. O sea que no me meto tanto con quienes organizan estos actos, pues es posible que sólo sean una consecuencia de algo más grande y peor. Pero sería una buena prueba de que no hay tanta discriminación contra la mujer el que estas semanas temáticas y estos días se dejaran de celebrar.

Microalgo dijo...

les recomiendo leer a Ursula K. Le Guin. Es una escritora que no se distingue de un escritor: como debe ser, porque son lo mismo (escritores).

Y de paso, comentarles que sólo hace poco descubrí que Richmal Crompton (que escribió las aventuras de Guillermo el Travieso) era una mujer. Yo siempre pensé que era un hombre (¿Qué nombre es ese, "Richmal", para una mujer... si me recuerda al actor que hacía de malo en la Jungla de Cristal?) en contraposición con Enyd Blyton, que describía unos niños absolutamente ñoños. Pues no, fíjese. Además de mujer, la Crompton era institutriz y poliomelítica. Cualquiera de esos adjetivos habría influído de la misma manera en sus escritos que el hecho de ser mujer: de ninguna.

mosca cojonera dijo...

ya lo sabes
coincido con todo lo que dices.

sobre la mujer de los 80: creo que se vendía esa imagen, pero aquí en España, nasti de plasti. Para entender la mujer española me ha venido muy bien Vicenç Navarro:

Vicenç Navarro no dudó ayer en afirmar que el Estado del bienestar de España está "muy poco desarrollado". El profesor apoyó su aseveración en datos que colocan a nuestro país a la cola de la Unión Europea de los Quince. Citó, por ejemplo, que España se gasta en sanidad pública el 5,7% de su Producto Interior Bruto (PIB), frente al 7,5% de la media europea. Y en educación, invierte el 4,3% frente al 5,4%. "Es preocupante", subrayó.

El catedrático catalán expuso como causas del "grave subdesarrollo social" existente en España el "poder de clase", ya que la población de renta superior tiene una gran influencia en las políticas fiscales y sociales del país, y el "poder de género", que se manifiesta en el poco poder que tienen todavía las mujeres en este país frente a los hombres.

En este sentido, sostuvo que "la mujer cubre las enormes insuficiencias del Estado del bienestar de España". Y de nuevo recurrió a los datos. Según apuntó, la mujer española de 25 a 45 años es la que más enfermedades por estrés tiene: tres veces más que el promedio de otros países. ¿Por qué? "Porque está sobrecargada. Cuida de los infantes, que cada vez se emancipan más tarde, de los compañeros, de los ancianos. Y el 44% también trabaja en el mercado laboral", explicó.

"Es mucha, mucha faena", que conlleva "un coste social muy alto", que pasa por una baja tasa de natalidad. "Es un volcán que ya ha explotado y la estructura de poder empieza ahora a darse cuenta", resaltó.


y el otro libro que te dije, de "La dominación masculina", del que voy poniendo trocitos en mi blog... sobre eso de la esfera separada de las mujeres. El libro es muy rollo a veces, pero cuando encuentras una joya, es de esas que valen la pena...

Anónimo dijo...

nada más que citar la WEB de www.CIFRASCANTAN.COM 18 de agosto de 2006

Las mujeres como animal dependiente
Es el último estudio del instituto sociológico sobre la conducta de la mujer española. No significa que casi todas sean unas putas en su sentido laboral de la palabra (la putas profesionales son sólo un 8%, en la franja de 18 a 38 años, más de la mitad extranjeras), el estudio destaca que un 96% de las mujeres españolas venden su tiempo y cuerpo a novios, maridos o ligues a cambio de un poco de afecto para así "realizarse" como mujer, sentirse útiles ante el hombre que las presta atención y en la mayoría de los casos lo hacen para no sentirse solas (muy pocas consiguen realizarse si no es conviviendo con un hombre). Esta nuevo concepto de prostitución denuncia el hecho social de la tendencia de las mujeres españolas a unirse a una figura masculina por su incapacidad biológica de sentirse a gusto viviendo solas. Los antropólogos justifican esta conducta femenina de la "adicción a compartir su tiempo con un macho" como garantía de continuidad de la raza humana, pero lo cierto es que para un observador externo como pudiera ser un extraterrestre, la mujer española sería uno de los animales más dependientes al macho que cualquier otra especie conocida. Como dijo el filósofo francés T.Pascal "No pueden sujetar a la puta que llevan dentro". Contrasta con las cifras de los hombre españoles, en los que un 85% prefieren vivir ó hacer las cosas solos, aunque no por ello dejan de tirarse a la zorra de turno que se ponga por delante, pero una cosa no quita la otra. Otra pregunta que se deriva de este estudio es si los niños y niñas que las futuras generaciones se merecen tener como madre a alguien que necesita la atención afectiva, sexual o social de cualquier macho para ser mujeres psiquicamente estables.