28 de diciembre de 2008

28 de diciembre: día de los Santos Inocentes

La siguiente entrada, publicada el 28 de diciembre, se trataba únicamente de una inocente broma. De momento, nos quedamos aquí.


Nos vamos a vivir a Barcelona

Después de pasar unos días allí por motivos de trabajo, hemos descubierto que se nos abren mayores puertas profesionales en la Ciudad Condal. Así que nos trasladaremos allí en enero.

23 de diciembre de 2008

Felices fiestas

Esto de celebrar cosas en las que no se cree es un poco absurdo, pero lo normal es que las festividades que ocurren por estos lares se correspondan a cosas que sé que fueron mentira.

Eso no impide que haya que tratar de pasárselo lo mejor posible. Es momento para reencontrarse con seres queridos a los que no se ve muy a menudo, de zampar bien y de beber sin límite. Por ello yo felicito las fiestas, pero como día de guardar, sino como lo que entendemos habitualmente por fiesta: celebración, diversión, jolgorio.

Tratemos de que se parezcan lo máximo posible a eso y no a una obligación en la que aguantar tostonazos familiares que a nadie le apetecen y a los que todo el mundo acude por obligación.
¡Felices fiestas!

9 de diciembre de 2008

La única decisión irracional

Lo último que querría una madre, y por extensión cualquier figura similar: tía, abuela, etc… es que su hija (sobrina, nieta…) tomase una decisión irracional o no pensada sobre algún tema.

Ponéos en la situación de que esa supuesta hija se va a vivir con una pareja a la que apenas conoce, que decide dejar su carrera universitaria, que se embarca en un largo viaje de los que interrumpen todas las actividades, que acepta la invitación a pasar la noche en casa de alguien o simplemente que se hace un piercing o un tatuaje… En cualquiera de esos casos, tenga la edad que tenga la hija, una madre se desesperará porque ha tomado una decisión sin meditar las consecuencias ni los posibles peligros.

Sin embargo, existe un tema en el que las madres desean que sus hijas se lancen sin pensárselo (no dos veces, como se dice por mala traducción del inglés, ni siquiera una). Una decisión que esperan que tomen sin calcular las consecuencias ni los peligros. Y precisamente ésa es la que más va a cambiar la vida de esa persona, la que más estabilidad profesional, económica y emocional requiere, la decisión que probablemente menos a la ligera hay que tomar: la de tener hijos.

Cuando alguien no tiene descendencia se piensa que le falta el instinto maternal, que no le gustan los bebés, que no le apetece. Pero no piensan que quizá esa persona está tomando una decisión racional que va en contra de esos instintos, y decidiendo que prefiere dejarlo para más adelante. En estos casos, las madres no aplauden el hecho de que la hija sea sensata, sino que la animan a que deje de serlo, a que se lance a la piscina.

¿Qué tipo de congruencia es ésa? O quizá es envidia porque en sus épocas es que ni siquiera existía la posibilidad de plantearse si te apetecía o no tener retoños. Pues quizá una razón de no animarse a tener prole es la de no querer convertirse en esa persona incongruente.

5 de diciembre de 2008

La filosofía del carrito defectuoso

Como está muy de moda en los libros actuales hacer filosofía barata y obvia con metáforas sobre cosas cotidianas, pues yo también, hala:

Cuando haces la compra en un supermercado puedes necesitar un carrito. Para utilizarlo, normalmente tienes que dejar un euro en prenda que recuperas cuando has terminado de usarlo.

No puedes elegir, tienes que quedarte con el último de alguna de las filas sin probar si funciona bien. Así que el carrito podría estar estropeado.

Si es el caso, en un intento de ser solidaria, normalmente tratarás de no volver a ponerlo en la tira de carros. Quieres evitarle a la siguiente persona esos giros inesperados, esa ingobernabilidad, el gran esfuerzo para empujar…

Si le dices al guardia o a algún encargado del supermercado que ese carro debería retirarse porque ya ha cumplido su vida útil –esto me ha pasado—, te dirá que lo dejes por ahí. Pero si entonces le haces ver que deberían reembolsarte tu euro, te contestará que metas en carro en la cola, como todo el mundo, y así recuperarás tu moneda. A él no le importa que los subsiguientes clientes del lugar en el que trabaja encuentren los artículos defectuosos. ¿Te tendría que importar más a ti?

Como las personas tendrían que perder su propio euro para hacer un favor de muy poca envergadura a desconocidos, el carrito defectuoso se reintegra en la recua y siempre se reintegrará porque la próxima persona a la que le toque elegirá también la opción de llevarse su moneda de vuelta, en lugar de la de ahorrarles a los demás algo por lo que ya ha pasado.

2 de diciembre de 2008

Crisis

Esto de las casualidades es increíble. Supongo que conocéis los calendarios de bloc que recopilan dibujos o chistes escritos en otras épocas de la vida y con otros propósitos. Casi siempre se intenta que coincidan con el día en el que se han situado. Es fácil cuando se trata de festejos internacionales como la Navidad o de épocas en las que el clima cambia.

Lo curioso es que yo tengo uno de Mafalda y justo cuando la crisis se ha empezado a notar en las economías de todos nosotros, las historietas de esta entrometida niña han empezado a hablar sobre el tema mucho más de lo habitual. Es cierto que en la época en la que Quino escribió estos chistes, Argentina estaba en constante hecatombe económica y que no era raro que coincidiese alguna alusión al tema con la crisis que estamos viviendo. Pero da la sensación de que los que ordenaron el taco por días se lo hubiesen olido, pues todas las referencias a esa situación están juntas en esta época.

Supongo que lo que distingue a las grandes obras es que son intemporales y que se pueden aplicar a casi cualquier situación, es decir, que cualquiera puede leerlas y sentir una conexión y ver que su realidad también está reflejada.