17 de septiembre de 2009

Club de lectura. Debate: La subasta del lote 49. Propuesta: Desgracia

Bien, señoras y señores:

Ha llegado el momento de debatir el libro de Thomas Pynchon, La subasta del lote 49 (The Crying of Lot 49), que fue sugerido por Elperejil y votado por una mayoría de lectores en la edición del mes pasado de este Club de Lectura. Espero que todos hayáis podido haceros con un ejemplar –yo, en concreto, encontré la edición que aparece en la imagen y que se me antoja preciosa— y que tengáis muchas cosas que comentar.

Os invito, asimismo, a que escribáis en los comentarios los títulos de las obras sobre las que os gustaría debatir, que os gustaría recomendar al resto de los miembros del club, que os apetece releer… Dentro de una semana, aparecerá la encuesta en el menú lateral para que procedáis a la votación.

Y una última cosa: in extremis y sólo por un voto más que sus rivales, La nave de un millón de años y Cumbres borrascosas, ha ganado la carrera Disgrace, ese libro de John Maxwell Coetzee que debería titularse en español "deshonra" o algo parecido, pero al que han llamado Desgracia en una clara caída en el falsefriendismo más traicionero. Espero que consigáis leerlo antes del 17 de octubre, pues ese día volverá a aparecer una entrada como ésta, dando pie a comentarios sobre el libro. Gracias.

28 comentarios:

Portrait dijo...

Con sinceridad les digo que no he podido con el. Despues del estilo rapido, directo y fresco de Vonnegut se me ha empachado el fistro de Pynchon.

La trama me pareció interesante pero tenía que releer continuamente parrafos (parrafos de pagina y media, todo sea dicho) así que finalmente lo mandé a la mierda.

Por cierto aviso que Desgracia de Coetze es un excelente y bastante jebi libro!

La navaja en el ojo dijo...

La verdad es que tienes razón, cuesta bastante. Y sí que se nota un gran contraste con Vonnegut, tamibén lo pensé yo nada más empezar a leerlo.

La navaja en el ojo dijo...

Portrait: ¿alguna sugerencia para próximas lecturas?

sue dijo...

No he llegado a tiempo, tengo docenas de libros empezados...
Puedo proponer el libro de mis amores?: Firmin, de Sam Savage.

Elperejil dijo...

Siento que no te haya gustado, Portrait.

Realmente Pynchon polariza a los lectores. O lo aman o lo odian. Cuando "El arco iris de gravedad" llegó a la selección final del premio Pulitzer, la mitad del jurado lo consideró una obra maestra incomparable, y la otra mitad una mierda ininteligible, pedante y obscena.

La subasta es su obra más breve y ligera (hasta hace poco, pues su nueva novela es aún más suave parece ser), pero en ella ya están muchas de sus claves narrativas y de estilo. Y una de ellas es ese barroquismo formal. Y es lo que tienen las grandes luces, o te deslumbran o te ciegan.

Siento que no te guste, especialmente por lo que te ha costado encontrar el libro.

En este momento estoy muy liado con el curro y otros asuntillos personales, así que hasta el martes o miércoles no creo que pueda comentar nada... pero ahí me lanzaré, pues es una novela que me encanta.

Miguel Baquero dijo...

Me ha sido imposible conseguir el libro. Me lo baje del Ares, en inglés, pensando que al no ser demasiado tocho y echándole un poco de buena voluntad I´ll can read it, pero ni patrás. Así que empiezo ya a buscar el de Desgracia a ver si tengo más suerte.

La navaja en el ojo dijo...

Miguel: sugerencia para el próximo. Me dijiste que querías proponer uno de Toni Morrison, ¿cuál?

La navaja en el ojo dijo...

Pues en mi caso, no es que lo haya odiado, pero tampoco he sido capaz de ver sus virtudes, si soy sincera.

Mi primera impresión fue lo que comenta Portrait: era más difícil de leer de lo que imaginaba. No porque me costase entenderlo, que no me ha costado, pero sí porque requería una concentración extrema y yo casi nunca soy capaz de tenerla. Por todo ello, debo decir que, sin el acicate del club de lectura, probablemente lo habría abandonado sin terminar. Y también siento decir que no creo que lea otra obra de Pynchon, especialmente si casi todas las demás son más largas y más complejas. No es que no me haya gustado, más bien al contrario: es que no me encuentro preparada para ello.

En cuanto a las cosas que me han gustado de él, podría citar la parte en la que describe la obra de teatro: la energía y pasión con la que se involucra en algo que, en principio, no debería tener relación alguna con la trama principal. Eso resulta bastante chocante.

La ironía –porque tampoco lo llamaría exactamente "humor"— también es algo que he podido apreciar. Los nombres de los personajes, como Fallopian o Mucho Maas, sí que ser acercarían a lo que se puede llamar humor y quizá alguna escena, como la de ponerse toda la ropa que tenía encima… pero todo esto, más que hacerme reír, me descolocaba.

Es muy interesante esa incertidumbre que hay en toda el libro sobre si lo que ella está investigando será una paranoia o será verdad o incluso ninguna de las dos cosas, sino una trampa preparada por un hombre antes de morir (probablemente de aquí copiaron cutremente el argumento de la película Posdata, te quiero).

Seguramente hay más cosas que comentar, pero me gustaría que intervinieseis los demás. Y luego ya seguiré yo también comentando. Saludos.

padawan dijo...

Lo conseguí tarde, en la casa del libro, y aún me lo estoy leyendo. Espero haberlo terminado para la semana que viene y volver a pasar por aquí a comentarlo.

La navaja en el ojo dijo...

Padawan: ¿proposición de libro para la próxima lectura?

Cayetana Altovoltaje dijo...

Pues yo me dispongo a comenzar The White Tiger , una de las últimas baratijas que me he traído del aeropuerto de Manchester (el lugar donde sin duda he comprado más libros ever), pero no sé si será fácil de conseguir aquí. Tampoco sé si será de interés para todos. A mí es que me suliveyan los autores anglo-indios. Tengo algún otro en lista de espera. Mañana me paso otra vez y dejo alguna sugerencia más.

Elperejil dijo...

Bueno... ya estoy aquí.

Lo primero, lamento que no hayáis disfrutado como yo con este libro. En serio, no me va ese rollo gafapastil de que las cosas me gusten sólo a mí para sentirme más exquisito y todas esas gilipolleces; si lo recomendé es porque pensé que os resultaría tan interesante como a mí.

El propio Pynchon consideró este libro un paso atrás en su carrera, una obra menor; en sus palabras "un cuento corto con un problema glandular". Sin embargo es que más éxito tuvo y más vendió (más de tres millones de ejemplares, sólo en USA). Quizá su baja consideración de esta obra es que se queda a medio camino de lo que son sus demás relatos cortos (historias más breves y cerradas) y lo que son sus novelas (historias más complejas y desarrolladas). Sin embargo la crítica y el público (con excepciones) lo consideró un pequeño clásico de la literatura posmoderna desde el principio.

Creo que hay libros que son como trenes, te sientas en ellos y te dejas llevar, y otros que son como montañas que se deben escalar con esfuerzo. Sin que una cosa sea mejor que otra, Pynchon pertenece al segundo grupo. Exige esfuerzo y trabajo.

Pynchon, y es algo que hace en todas sus novelas, no se queda en contarnos la historia de un personaje, sino que nos sitúa a través de su texto, en un estado semejante al de él. Por eso intenta llevarnos a un punto de paranoia y ambigüedad semajante al que experimenta Edipa Maas. Hay redundacias y situaciones similares por todo el texto, se juega con muchas posibilidades de las que nunca estaremos seguros y, sobre todo, nos presenta una historia que nos invita a buscar una interpretación pero que se resiste a cualquiera de ellas, haciendo que ninguna encaje al 100% y que todas tengan algo de falso y de cierto.

La búsqueda de crear ese estado en el léctor, de continua incertidumbre y confusión, en donde crees que estás a punto de entender y ver algo, pero que nunca llega a manifestarse por completo como lo habías pensado, es una constante en sus libros.

Lamentablemente, dentro de su obra, aquí es donde Pynchon se muestra más obvio en esto y nos lo da muy masticado por momentos (supongo que por eso su manía a su libro).

Formalmente, como comentabais, es opuesto a Vonnegut. Frases largas y complejas, cargadas de referencias que van desde la cultura (a Marlowe o Ford) a la ciencia (el demonio de Maxwell) a lo popular (Maguila el Gorila), a veces dentro de la misma frase... que puede durar toda una página. Pero el tío es brillante, mucho, un prosista ejemplar... es como ver a un trapecista que juega con los conceptos y las palabras siempre rozando las barras, a punto de caerse.

Y lo del humor supongo que es personal. He de reconocer que a mí me hace muchas gracia (el episodio de Nefastis me resulta tronchante) y que por momentos me he reido. Rarito que es uno.

Bueno, esto va para largo. Esperaré otros comentarios, o iré soltando otras cosas más adelante.

Elperejil dijo...

Ah, cuando vi "Postdata: te quiero", no se me ocurrió que pudiese ser una versión ñoña de una de las potenciales interpretaciones de "La subasta del lote 49"... pero es cierto, jaja... muy bueno el comentario.

Y mola más el regalo de Inverarity a su amada... una paranoia.

Esa es otra constante en Pynchon: la paranoia (y la entropía, sus dos temas estrella). Todos los personajes están vacíos e insatisfechos, y todos buscan salida a eso en cosas resultan chocantes y ridículas vistas desde e lector... y Edipa buscará el sentido a su vida a través de esa paranioa (real o no) que compartirá en torno al Tristero y toda su historia.

La obra de teatro dentro de la historia me pareció un guiño a Hammlet (cuando Hammet hace representar una tragedia que refleja la historia de su tío, para mosquearlo) y al teatro jacobita en general, donde era un recurso relativamente común lo de que los personajes viesen una pequeña representación que tenía relación con la trama.

Elperejil dijo...

Una última apreciación, que puede ayudar a entender mejor el libro, y ya acabo por el momento.

Pynchon, hablando del mundo de sus novelas, dijo que su mundo podía ser como el nuestro pero con uno o dos ajustes.

En el fondo quizá haya que pensar que es un autor de fantasía, en el que su mundo está a pocos centímetros del nuestro... pero no es el mismo.

La navaja en el ojo dijo...

Lo que dices de los trenes es muy cierto. La verdad es que es cuestión de cómo enfoque cada uno su actividad lectora. Supongo que hay personas para las que eso puede ser una actividad principal que tomarse con detenimiento y calma, con toda la concentración y sin ninguna distracción.

Otras personas (supongo que la mayoría) leen cuando tienen ratos, digamos, muertos: en el transporte público, cuando el trabajo está flojo y el jefe no mira... No creo que estos últimos sean personas menos cultas o con menor capacidad intelectual, simplemente se toman la lectura como otro tipo de actividad y no pueden dedicarle la concentración que se dedica en un rato ocupado sólo en eso porque te saltas la parada o dejas de escuchar el teléfono con un encargo de trabajo. Todo esto no tiene mucho que ver con el libro de Pynchon, pero sería como una continuación a aquel post que puse sobre las personas que critican a quienes leen bestsellers. Para quien leer un libro sea algo que se hace en esos ratos, lo sencillo y fácilmente comprensible es casi la única opción porque no pueden tener la mente al 100% en la lectura.

Sería un poco como la diferencia que se hacía antes (ahora hay productos televisivos muy densos) entre la tele y el cine: te enseñaban incluso en la facultad que en la tele salen productos pensados para personas que están a otra cosa: cenando, limpiando la casa, quitando la mesa, hablando con alguien, medio dormidos... y que, aún así, se tienen que enterar (si sólo oyes los diálogos y no miras, vale). En el cine, se supone que pones toda tu atención.

Volviendo ya al libro de Pynchon, pues confieso que lo tomé pensando que podía leerlo en momentos así, pero me di cuenta de que no era posible y finalmente le dediqué un tiempo exclusivo en el sofá, cosa que nunca hago ;). Lo cogí en un avión y, cada vez que decían cosas por megafonía, aunque tratase de no escucharlas, me distraían. Y así vi que me costaría más de lo que pensaba. Luego, es cierto que si le dedicas el esfuerzo (y más que el esfuerzo, la atención) necesario, se comprende perfectamente.

La navaja en el ojo dijo...

¿Alguna sugerencia para la lectura de octubre?

Elperejil dijo...

Me acojona aconsejar por si acaso... pero bueno, ahí va. Este es sencillo, tierno, divertido y se puede leer en el autobús: "Las praderas del cielo" de John Steinbeck. Lo compré el año pasado, así que no creo que sea difícil de encontrar. Es una colección de relatos cortos ambientados todos en el mismo pueblo y la misma época, con lo que los personajes de unos y otros relatos se cruzan. Es una delicia... un libro tren que es una verdadera obra maestra.

Robin dijo...

Hola. Esta mañana he finalizado el libro, y también coincido con la mayoría de vosotros en que me ha resultado bastane difícil. Debido a motivos laborales, lo he leído en "dos tandas", y de la mitad al final, me ha gustado mucho mas e incluso en algunos momentos hasta me ha enganchado.
No sé si será por el libro en sí, o por mi disitinto estado anímico entre la primera tanda y la segunda.

Ahora eso sí, creo que requiere demasiada concentración para no perderse, y a mí al menos me entraba la sensación a veces de que me estaba perdiendo detalles importantes.

Hay algunos detalles por ahí sueltos que me han gustado especialmente, en particular el DT de delirium tremens y dt diferencial de tiempo. Con la de años que estuve los dt, nunca jamáse seme hubiera ocurrido relacionarlos. Sin embargo, muchos otros no me decían nada, y me parecían un poco... no sé como decirlo. Y también me preguntaba si tendrían mucho que ver con la trama en sí.

Un saludo

Uralito dijo...

Yo la leí hace unos meses y me gustó mucho. Es lo primero que leía de Pynchon y me entraron ganas de ponerme con algún otro de sus tochos... cuando tenga tiempo para ello.
A mí, cuando leo ficción, me gusta hacerlo lo más concentrado (en el tiempo) posible. Es decir, prefiero disponer de varias horas al día que dedicar un tiempo más fragmentario que alarga el tiempo de lectura. Y más en el caso de obras como esta con cierta complejidad formal.

No voy a comentar demasiado porque estos días tengo sorbido el cerebro con otras preocupaciones.

Aquí os dejo un enlace para leer “Desgracia” de Coeetze:

http://www.box.net/public/fveanb0be1

Saludos.

geminisdespechada dijo...

Pues acabo de votar las praderas esas, porque yo, que tengo mi particular 'club de lectura' (varios amigos a los que paso los libros que voy leyendo y me pasan ellos libros) creo que me van a echar del club por prestarles libros raros por vuestra culpa jajaja.

La verdad es que los dos hasta ahora son libros que no me habría leído si no fuera por vosotros, pero también es verdad que no son 'mi tipo' de libros, y no es que no me hayan gustado, pero me descoloca bastante no tener una conclusión a la que llegar al final del libro, me temo que estoy acostumbrada a libros muy gordos que no cuesta nada leerlos y que te 'premian' al ir avanzando en la lectura; no como estos (incluyo los dos) que cuanto más avanzas menos te aclaras :S

Pero me los he leído eh? jeje

Elperejil dijo...

En la literatura hay temas universales y sobre los que realmente merece la pena hablar: Dios (o su ausencia), el bien y el mal, el amor, la esperanza, la vneganza, el fracaso... y que se vienen repitiendo y siendo explorados desde hace siglos una y otra vez, pues quizá sean inabarcable e inagotables-

Lo interesante de Pynchon es que busca nuevos temas, y que sean exclusivos de nuestro tiempo, y también una forma nueva y personal de abordarlos. "La subasta del lote 49" ejemplifica esto, aunque se desarrolla más y mejor en otros de sus libros.

Esos temas son los que ya comenté de la vaciedad de nuestras vidas en un mundo cómodo pero hueco, la paranoia y la entropía.

Su forma de abordarlos es la de crear una realidad narrativa análoga a nuestro mundo (o su visión de nuetro mundo), donde la información nos llega en exceso e intentamos organizarla de forma lógica, dándole sentido a cosas que quizá no lo tengas, buscando una línea que seguir, perdiéndonos en ese océanos de datos en el que entendemos algunos y otros no.

La complejidad formal en Pynchon y las docenas (centenares y miles en otras obras) de referencias cultas, científicas y populares no están ahí para que las entendamos, sino para crear ese marasmo de información cuasi inmanejable en el que acabaremos por sumergirnos en pos de sus personajes e historias.

Igual que Joyce, Faulkner o Virginia Wolf usaban técnicas de corriente de conciencia en la que el lector se perdía de forma casi inevitable (en su intento por situarnos en medio del inabarcable y caótico pensamiento humano) no con la intención de que lo entendiésemos todo, sino precisamente de que fuésemos desbordados por ese fluir de los pensamientos ajenos, Pynchon nos situa en una realidad narrativa análoga (no idéntica) a la nuestra: compleja, vasta, ambigua y probablemente imposible de comprender en su totalidad.

Esto, en "La subasta del lote 49" es muy suave y, de hecho, se entiende y se sigue muy bien si se lee con cierta aplicación y esfuerzo. Quizá por eso Pynchon nunca acabó de estar contento con esa obra. En sus siguientes novelas (incluso en la anterior "V"), el espacio narrativo es tan basto y complejo que hemos de resignarnos a avanzar por él como quien cruza el sueño o pesadilla de otra persona.
No entenderemos todo, no, pero sin duda nos maravillaremos antes mil cosas que apareceran a nuestro alrededor en ese extraño viaje.

He de reconocer que me gusta Pynchon porque me lleva a esos mundo extraños, en los que aterrizo como quien llega a otro planeta, uno que está a pocos centímetros del nuestro pero en otra dimensión... y aunque no siempre entienda todo, lo que veo me llena de asombro y me maravilla.

Elperejil dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elperejil dijo...

Joooder... el basto soy yo, el espacio es vasto... ¿por qué la b y la v están al ladito en el teclado?

La navaja en el ojo dijo...

Por eso es tan buena opción para un club de lectura. Porque un libro sencillito, te lo lees por tu cuenta y luego, lo máximo que puedes comentar es "me entretuvo"/"me aburrió". Pero con un libro como éste está muy bien tener a otras personas que te hagan ver cosas que no has visto. O tener la posibilidad de debatir algo que no haya quedado claro...

Hay una cosilla que me gustaría comprender mejor. Tú has dicho en diferentes ocasiones que "Pynchon nos situa en una realidad narrativa análoga (no idéntica) a la nuestra" y lo que quería preguntarte es qué diferencia hay entre esa realidad alternativa a la nuestra y la que representa cualquier otro escritor. Porque, al fin y al cabo, cualquiera que cree una ficción, por mucho que intente reproducir la realidad existente, creará otro mundo, el mundo particular de su creación. Supongo que a lo que te refieres es a que en Pynchon hay elementos que la diferencian más aún sin llegar a ser fantástica, ¿no?

Elperejil dijo...

Sí, algo así. Evidentemente cada escritor crea un mundo personal, pero muchas veces ese mundo es idéntico al nuestro y se rige por nuestras "normas", o los añadidos son puramente tecnológicos (hay robots, se puede viajar en el tiempo, etc) o de incorporación de seres (como un hombre lobo o algo así).

En Pynchon la textura de esa realidad es ligeramente diferente en detalles casi oníricos y absurdos. Los nombres imposibles (Gengis Cohen, Mike Fallopian o John Nefastis son nombres demasiado extravagantes), las canciones absurdas que aparecen en todos sus libros, el uso de leyendas urbanas en segundo término como si fuesen reales (en "V" un personaje trabaja cazando cocodrilos en las alcantarillas como quien trabaja conduciendo tranvías), los lugares (un pub de moda donde obreros de una fábrica escuchan música electrónica estilo stockhausen, o ese San Francisco nocturno lleno de símbolos de Tristero), las situaciones (esa excursión guiada por la vida nocturna de la ciudad, la convención de sordomudos) y las actitudes de los personajes (ese club de desengañados amorosos, la trayectoria vital de Mucho Maas, los experimentos con los gestos del doctor Hilarius y su convicción de que puede matar con uno de ellos), etc... todas esas cosas podrían darse en la realidad de forma muy casual y excepcional... pero ¿todas juntas? Por eso el mundo de Pynchon es una especie de improbabilidad del nuestro, tratada con mucha ironía y sarcasmo.

En otras de sus obras, especialmente en "El arco iris de gravedad" y "Mason y Dixon" (para mí esta es su mejor novela... aunque aún no leí las dos últimas), esta leve distorsión es mucho más extrema y partiendo de lugares muy reales (la Europa de 1945 y la norteamérica posterior a la independencia respectivamente) y exhastivamente documentados (Pynchon nunca se salta la realidad, la distorsiona) los retuerce con elementos propios del absurdo y lo onírico, creando ese mundo tan personal y que, en mi opinión, acaba por desvelar caras y lugares ocultos y muy profundos dentro de esa realidad de la que partió.

Elperejil dijo...

Bueno, para cerrar el tema Pynchon, y ya no sé si alguien llegará a leer esto, un par de comentarios.

La lectura de Pynchon, aunque no enganche o guste, es interesante para conocer a uno de los escritores más influyentes en la segunda mitad del siglo XX. Desde su primera novela siempre fue muy original en la selección de los temas e historias a abordar y en la forma de abordarlos, abriendo la puerta y marcando muy profundamente toda la literatura posmoderna que vino después. Muchos autores de muchas artes reconocen su admiración por Pynchon y la influencia que éste ha tenido en su obra, desde casos más o menos evidentes como Salman Rusdie, Foster Wallace, Don Delillo, William Gibson, DavidCronenberg o Allan Moore (el de los comics, sí), Radiohead, Warren Zevon, Mark Knopfler ("Sailing to Philadelphia" es una adaptación de "Mason y Dixon") a otros menos evidentes como Arturo Pérez Reverte o Danny Boyle.

El otro comentario tiene que ver con las razones por las que me gusta. Una es por sus elementos temáticos y estructurales ya comentados antes. Me gustan sus historias y como las cuente, y su estilo de humor absurdo. Y la otra es, dejando de lado el "gran dibujo" de sus novelas, su estilo, el cómo escribe cada párrafo, su dominio de la sintaxis (he leido párrafos escogidos en inglés, aunque no una novela entera) y su originalidad en las imágenes y recursos que escoge, el como va creando cada frase, desde las más complejas y abstrusas, hasta las más contundentes y, a veces, poéticas. Técnicamente me parece, y es una opinión personal, todo un maestro de la prosa, quizá el más grande desde Faulkner y Maxwell (los dos Williams). Es algo muy subjetivo y que se ve en pequeñas cosas, y a lo que te haces muy receptivo cuando escribes o intentas escribir.

Bueno, esperemos que el próximo libro os guste más...

La navaja en el ojo dijo...

Después de lo que me costó dar con un ejemplar, ahora estoy viendo varios por ahí, en librerías de 1ª y de 2ª mano. ¿Será que se pidieron para este club de lectura? No sé si tendrá tanta influencia o si habrá sido casualidad.

Otro dato: ahora, la Casa del Libro tiene más libros en v. o. en la librería del Círculo de Bellas Artes que en la de Gran Vía, donde los han relegado a un rincón de mierda.

geminisdespechada dijo...

pues me acaban de pedir el libro por bookmooch, puedo preguntar si es por algo.. ;)