Siempre se me ha hecho raro escuchar eso de «tengo muy buena memoria para las caras, pero no para los nombres». Me suena a forma de disimular que no te acuerdas de nadie. ¿Se puede recordar una cara sin recordar el nombre? Probablemente sí: si eres capaz de determinar de qué y cuándo conocías a esa persona, significará que de verdad te acuerdas. Pero quizá cuando alguien dice que tiene memoria para las caras, significa que únicamente es capaz de decir que esa persona le suena, pero sin poder ubicarla más allá.Por otro lado, recordar nombres y no caras me parece absurdo. Recuerdas que una vez conociste a una persona que se llamaba de determinada forma, pero no puedes asociar esos nombres y apellidos a un aspecto, ¿qué recuerdas, entonces? Creo que alguien con buena memoria para los nombres tendrá que ser también bueno recuperando caras para que tenga sentido su recuerdo.
Antes me vanagloriaba de tener buena memoria para ambas cosas y me reía de la distinción entre caras y nombres que hacían algunos. Sin embargo, hoy en día lo llevo fatal. No sé si me falla la memoria o si es que, con los años, las personas han comenzado a suponer menos para mí. Lo de antes era tremendo: recordaba a gente que no me habría fijado en su memoria ni durante unos segundos y era capaz de decirle nombre y apellidos, dónde habíamos coincidido y algún rasgo de su comportamiento. Y así con todos, no sólo con quien me hubiese marcado. Creo que el conocer gente significaba tanto para mí que todas las personas se me grababan.

Debido a esto, muchas veces quedaba en ridículo saludando a alguien que ni sabía quién era o que no consideraba que nuestro mutuo conocimiento fuese tan profundo como para darse dos besos y preguntar sobre la vida. Además, a mí eso que se suele hacer de pasar de largo y no saludar me resultaba de lo más violento y me dirigía siempre a cualquier conocido, incluso aunque nos cayésemos realmente mal. Hoy en día esto me supone un problema menor porque, desde que comencé a necesitar gafas, hace aproximadamente tres años, lo que me ocurre es que no reconozco a la gente hasta que la tengo a unos cuantos metros de distancia —y de noche a un metro más o menos— y probablemente quedo en el otro extremo: entre los que parece que no quieren saludar a nadie.
Además de la miopía ocular, en los últimos años he desarrollado una cortedad de visión también mental y, a diferencia de lo que me ocurría años atrás, me cuesta mucho recordar de qué conozco a cada persona. Si las olvidase por completo, no tendría problema, sería como el no verlas a distancia por no llevar puestas las gafas; pero lo malo es que sí tengo, muchas veces, la noción de que ha existido alguna conexión. Que alguien me suene, pero no saber dónde lo traté, me da mucha rabia.
A otros no les produce esta desazón y hasta ahí quiero llegar yo: a acostumbrarme a que alguien me suene y no dejar que la curiosidad me atormente durante toda una noche. Si encuentras a un intérprete secundario en una obra, serie o película y te pasas el rato preguntándote dónde lo habías visto antes, al final puedes aclarar tu duda consultando el Internet, pero no sucede lo mismo con los conocidos.

Las personas a las que conocí en la época en la que me acordaba de todo el mundo siguen teniendo muy claro el hueco en mi memoria. Es decir, que ahora mismo me puedo encontrar con alguien de la facultad y quizá en un primer momento me cueste ubicarlo, pero al cabo de un momento, sabré que es de ahí de donde lo recuerdo y hasta podré añadir algún otro dato. Lo que ya no se produce tan bien son los recuerdos nuevos. Alguien a quien he conocido hace cuatro o cinco años seguramente esté perdido en una nebulosa de personas cuyo rostro me suena, pero que no puedo emplazar con más concreción.
Es posible que todo se deba a que ahora conozco a más gente. Como hace ya unos años que soy profesora, es muy normal que cada temporada haya unas docenas de personas nuevas en mi vida cuyos nombres acabaré olvidando y, cuantos más sean, más difícil para mí será situar su recuerdo como alumnos. Me comentaba una amiga que da muchas más clases que yo y que lleva más años en esto, que hay muchos alumnos de los que no se acuerda ni de vista. Pero yo suelo ser capaz de distinguir a los estudiantes, puede que porque se corresponden con un tipo bastante acotado de personas, de edad, etc… De hecho, son tan canónicos que lo que me ocurre no es que no los reconozca por la calle, sino que a veces veo a otros que me creo que son alumnos porque se parecen en la forma de vestir y de peinarse. Así que la gente que no termino de situar es otra.
En general, la solución sería atrevernos a preguntar al otro sujeto. El problema está en que hay muchos boletos de que tampoco sepa de qué nos conocemos. Doy por hecho que la mala memoria que tengo yo ahora es equivalente a la memoria que ha tenido la mayoría de la gente durante toda su vida. Y no porque mi cerebro sea privilegiado, sino porque el que antes me acordase tanto de los demás probablemente era síntoma de una deficiencia social y de un trato poco común con los demás. Por ello, aparte de la molestia que supone el no emplazar bien las caras y no asociarlas ni con un nombre ni tampoco con un lugar en el espacio o en el tiempo, considero esta falta de memoria como una buena señal y quizá hasta como una comodidad.
9 comentarios:
En mi caso no es que no memorice los nombres, es que por lo general directamente ni los escucho cuando me los dicen. No sé, no me interesan. Además con un poco de habilidad puedes estar meses relacionándote con una persona sin nombre.
Sin embargo las caras me interesan, así que me fijo y se me quedan en la memoria solas.
Sí, supongo que no manejar nombres es posible. Pero a la gente le suele molestar que no te los hayas aprendido.
A mí en las clases, cuando tengo grupos grande de alumnos, me cuesta los primeros días aprendérmelos todos. Hay otros profesores que supongo que tienen clases con ellos más a menudo y, en el mismo periodo de tiempo, ya les han conocido. Pero cuando los alumnos notan que aún no me los sé, no comprenden eso y se molestan. Luego ya está el clásico de confundir nombres. Si le llamas a uno con el nombre de otro porque se parecen o crees que son similares en algo, el cachondeo es total.
Querida, si fuéramos capaces de recordar todo lo que se menea delante de nuestros ojos moriríamos de agotamiento a los 20 o 25 años.
Claro que es una estrategia !!
Con los años se va quedando lo que importa , mujer.
Yo no me acuerdo de casi nada ya , ni siquiera del primer beso, y mira que eso lo guardé en la alacena dorada mientras pude , hasta que también se voló cual pajarillo.
Ni los libros que me han sido importantes recuerdo , ya ves.
Me parece que ya sólo me importa el presente , aunque también es verdad que no puedo dejar de tener un pie en el pasado reciente de mi historia.
Se corregirá solo .
Un beso desmemoriao.
Pues... ummm... ejem... a mi me ocurre, las caras "me suenan" pero los nombres... ni modo.
Sin embargo, tengo una amiga que recuerda los nombres (y apellidos) de todo el mundo y me da una envidia...
En cualquier caso, la memoria es algo que se va perdiendo con los años gracias, en parte, a las facilidades que nos ofrece la puñetera tecnología. Yo antes me sabía los números de teléfono de todas mis amigas y ahora si se me apaga la BB estoy perdida...
Claro, lo de ahora tener mala memoria no es lo que me extraña. De hecho, creo que sigo recordando más que mucha gente. Lo que contaba como extraño es que en alguna época hubiese sido capaz de recordar tanto. Ahora, al haber sido así antes, se me hace más raro que me cueste recordar a alguien.
Pero cuando se trata de cosas, soy un desastre total. Por ejemplo, las películas, puedo haber visto una hace seis meses y no ser capaz de recordar si la he visto o no. Y, si hace mes y pico, recuerdo que la he visto, pero no soy capaz de decir nada sobre ella. Esto me ocurre con las que me marcan poco. Pero con las que me encantan, si las he visto hace tiempo, tampoco recuerdo nada. Con los libros, algo parecido. Eso sí que me da envidia de la gente que es capaz de recordarlo porque muchas veces, cuando no te acuerdas de algo, la gente puede creer que sea mentira que lo hayas visto o leído.
Con respecto a los nombres, creo que tengo muy buena memoria para ello, pues siempre recuerdo los dos apellidos. Ahora, por ejemplo, que es tan habitual lo de conocer a alguien por Internet y no ver su cara, recuerdo nombres y apellidos (en Facebook) de personas que no conozco porque el FB me los sugiere todo el rato y luego me creo que los conozco de algo. Con los alias de blogs me cuesta más.
Yo creo que cada memoria es un disco duro con capacidad limitada, y lo que me parece admirable es la facilidad de algunas personas para gestionarlo. No tanto por su capacidad para recordar, sino para olvidar lo que quieren olvidar y dejar espacio a lo que merece la pena.
A quién no le gustaría optimizar su meomoria...
saludetes
Pido disculpas porque me acabo de dar cuenta de que se me olvidó publicar el título del post, aunque sí que tenía. Ya lo he añadido.
Hola!
Estuve visitando tu blog y está excelente, permíteme felicitarte.
Sería un gusto poner un link de tu blog en mi directorio y estoy segura que para mis visitas será de mucho interés.
Si deseas no dudes en escribirme. Mi correo es lizette.quinones@hotmail.com
Exitos con tu blog.
Un beso
Lizette Quiñones
Para asaltar el castillo, cuatro Quiñones son pocos. Harán falta más Quiñones.
Publicar un comentario en la entrada