17 de mayo de 2010

Club de lectura. Debate La impaciencia del corazón. Lee: 1280 almas

Este mes nos toca comentar la novela de Stefan Zweig La impaciencia del corazón (Ungeduld des Herzens), anteriormente conocida como La piedad peligrosa. A partir de ahora, en los comentarios a esta entrada, puedes dar tu opinión sobre esta obra.

El 17 de junio comentaremos 1280 almas (Pop. 1280), de Jim Thompson, sobre cuya traducción al francés hablamos ya aquí. Espero que no tengas problema para encontrar un ejemplar para comentarlo con nosotros a partir de esa fecha.


Además de todo, quería pedirte que nos dejases, en los comentarios, sugerencias para próximas lecturas. Es posible que tengas algo pendiente leer y todavía no te hayas decidido a comenzar. Con el acicate del Club de Lectura, seguro que te cuesta menos ponerte, así que, recomiéndanoslo y todos lo leeremos contigo. También puede tratarse de un libro que hayas leído y que desees recomendar porque te haya gustado mucho o que tengas ganas de comentar porque te haya sorprendido. Dejo unos días par recopilar vuestras propuestas: cuando las tenga, publicaré la encuesta en el menú lateral derecho. Aquí dejo los resultados de la última:


26 comentarios:

Elperejil dijo...

He de reconocer que me daba mucha pereza ponerme con este libro, porque hace años ya había leído cosa de Zweig y me apetecía más un autor nuevo; además, en la memoria lo recordaba como acartonado y un tanto vetusto (pese a su indudable dominio). Sin embargo disfruté mucho de su lectura. El prólogo me pareció escrito de forma ágil, brillante y muy simpático, con un humor sutil de agradecer para aligerar un poco el habitual tono emocional de este tipo de historias. Según va entrando en materia la novela ya se va volviendo más romántica, rozando a veces el pastelón, pero sin regodearse demasiado en ella...

Además, me funciona porque lo juega con una potente ironía dramática. El lector se va oliendo en la que se está metiendo el prota... y él, con su visión tan ñoña e infantil de las cosas, no... y así acaba estallando la tragedia. Es como una versión romántica del Benito Cereno (allí, la cosa tiene que ver con un ingenuo capitán de barco que inspecciona un velero que transpotar esclavos sin darse cuenta de que estos se han liberado y ahora controlan el navio) de Melville, innovador en su día por ese uso de la ironía dramática. Desgraciadamente, en el libro de Zweig, la contraportada se encarga de desvelar todos los giros de la trama... tiene cojones la cosa.

Por ir cerrando ya el comentario (se podría decir más, claro), también me gustó mucho el personaje de la chica minusválida; pese a estar visto a través de los ojos del narrador, está magníficamente construido; me pareció muy realista y complejo, por momentos muy débil y por momentos muy fuerte (o muy descontrolado, quizá por esa debilidad), con esos cambios de humor tan comprensibles dada la situación. Es quizá lo que más me gustó... aparte del dominio técnico de Zweig; no es anda fácil ser romántico sin caer en el culebrón o el pastel.

SuperSantiEgo dijo...

Yo la leí hace cuatro años, edición de 1947, Hispano Americana de Ediciones, traducción de Arístides Gamboa.

Me gusto bastante. Es muy centroeuropea, muy psicológica. El título antiguo de la traducción intenta hacer un compendio de la moraleja de la trama: la piedad es peligrosa cuando no va acompañada de la verdad y la sinceridad.

En cierto modo es un juego de engaños que efectivamente conduce al desastres: el protagonista quiere sentirse mimado por una familia y por ello termina dando falsas esperanzas, mientras que la minusválida y su familia quieren creer cualquier cosa o agarrarse a lo que sea. El único que ve el problema como es en realidad es el doctor, que por su profesión comprende la magnitud del sufrimiento humano y que las mentiras no hacen sin agravarlo.

El final, la escena en el concierto cuando el protagonista teme ser reconocido por el médico, Condor, me parece un final muy acertado.

Elperejil dijo...

Sí, ese final es muy bueno. También el hecho de que el prota, que es un completo cobarde (su intento de suicidio, que se queda en nada; su espantada ante la chica; esa huida final del médico), sea un héroe de guerra funciona muy bien.

Al estar narrado en primera persona también se juega un poco a lo del narrador no fiable (sin llegar a los extremos de Nabokov, donde el narrador miente o está loco), y el tipo no para de excusarse o hacer ver la lógica de su conducta, cuando es fácil ver, desde fuera, como el tipo se va dejando arrastrar por esa falsa y egoista piedad. Es todo un mérito entrar en la psicología de ese personaje (y está muy bien describir al cobarde desde dentro, no desde fuera) mientras a través de sus palabras también vamos conociendo la de los demás personajes, y a un nivel muy profundo, como bien indica Santiago.

La navaja en el ojo dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios. Estoy de acuerdo con todo lo que decís. Aparte de otras cosas, comento rápidamente que sí, que lo de la contraportada es una contraputada porque te cuenta incluso lo que funciona más o menos a modo de epílogo. Qué suerte tuviste, SuperSantiEgo, de leerlo en otra edición donde, seguramente, no desvelaban tanto. Por otro lado, la traducción de Acantilado me ha parecido magnífica. No tengo ni idea de alemán, pero me da la sensación de que es muy correcta, por lo menos en español suena muy bien y me ha gustado, especialmente, porque es muy moderna, tiene algunas expresiones muy de ahora y eso hace que el libro se lea con mayor cercanía.

Con respecto a los títulos: es cierto lo que dices, Santiago, de que la traducción anterior definía muy bien lo que ocurría, de hecho se dice la frase tal cual en algún momento. También se dice la del título alemán. Ambos títulos se complementan para definir perfectamente la obra.

Hablando ya del libro, me pasa como a Elperejil, que en un principio tenía la sensación de que no me iba a gustar demasiado. Contra todo pronóstico, me ha enganchado mucho. Es cierto que se demora en todo y exagera la cantidad de detalles, pero la lectura se hace muy amena y es precisamente la forma tan exhaustiva de narrar sus sentimientos lo que hace que entres en seguida en la mente de este joven.

Se podría decir que es un dramón, pero —hasta que no llega el devastador final— más bien es una vicisitud constante: el tipo es tan ingenuo que no hace más que meter la pata, una vez tras otra. Hoy en día, un personaje que se equivocase tanto sería ridículo, pero Zweig tiene el mérito de que no perdamos el respeto hacia Anton, a pesar de que constantemente la está —por decirlo mal y pronto— cagando.

La niña es mucho más inteligente y habla de forma muy madura para su edad. Supongo que se hace a propósito para indicar que la enfermedad la ha curtido porque, por otro lado, sí tiene el comportamiento infantil y caprichoso de una adolescente pija. Como dice Elperejil, es un personaje complejo con las contradicciones propias de su situación.

A través del espejo dijo...

Mi comentario sobre esta obra lo copio y pego, con pequeñas modificaciones, de una entrada de mi blog que hice también copiando y pegando de un post que dejé en su día en un foro con hilo dedicado a club de lectura, hará un par de años.

-- Al parecer es tan tocho que se pasa de tamaño. Intentaré dejarlo en dos comentarios separados, a ver si así... --

Esta vez, traigo el comentario que hice a la novela de Stefan Zweig en un club de lectura de internet, hace unos meses.

Primero, decir que he encontrado muchas frases excelentes para definir rasgos de la personalidad, carencias, manías, vicios, pasiones, miedos, y que su valor, como corresponde a algo tan profundo, está vigente de modo intemporal, sea en la Europa Central de la primera mitad del siglo XX, u hoy mismo. No reproduciré ningún pasaje en especial, porque acabaría llenando una entrada enorme, tan grande es el número de los que me tocaron.
En ellos hay montones de agudas observaciones psicológicas, sociológicas, sentimentales... sobre la naturaleza de las relaciones humanas. Sólo por esto la novela valdría mucho la pena. Pero hay muchísimo más.

Bueno. Es el relato de una tragedia en una época trágica, a cargo de uno de sus protagonistas. Es también el relato de una triste incomunicación, que paradójicamente, dice mil cosas: La confusión entre la realidad y el deseo, la falta de libertad del narrador-protagonista ante un mundo lleno de prejuicios que se interponen entre él y Edith...
Estos prejuicios son de varios tipos, pero demasiado numerosos para Hofmiller, incluso para ser derribados a lomos de un caballo.

Están los prejuicios de clase, me refiero a los económicos, a los que se expresan en relación a los bienes materiales. Hofmiller queda fascinado por el envoltorio, por el escenario de la acción, que le atrapa como la miel a la mosca. Él, un oficial del ejército imperial, donde la austeridad es una marca tanto externa como de carácter, sucumbe con facilidad al brillo, a las porcelanas, las pitilleras de oro...

Están los prejuicios de raza, claramente expuestos en la novela en un momento particular en que se habla de la vergüenza ante el compromiso con una familia judía. Aún en el caso de que no hubiesen sido abiertamente reconocidos en el relato de Hofmiller, sabiendo que nos encontramos en la Europa Central del primer tercio del siglo XX, el antisemitismo se debe dar por descontado. El hecho de que Hofmiller hable de ello, con todo, es una de esas señales que me inclinan a pensar en la novela como un relato catártico, una purga, una penitencia, por confesión de los pecados de un pasado que ya nunca le abandonará.

Están los prejuicios de género. Son obvios. El hecho de encontrarnos en un mundo caballeresco nos indica cuáles son los reducidos roles que corresponden a la mujer. Si además se acentúan con la juventud de Edith, el paternalismo que caracteriza las actitudes machistas, es decir, la posesión personal, la pertenencia, la dependencia... hacen que la rebeldía de Edith ante lo que es ( y no hablo aquí de su parálisis) como mujer, como niña, como quien se resiste al rol que le da un mundo de hombres ya por el mero hecho de ser mujer, se contemple como inmadurez ante la narración de Hofmiller. La mujer ha sido hasta hace... diez minutos, un bien material que quien tenía debía entregar en las mejores condiciones, e incluso pagando ( la dote) a quien se hiciese cargo de ella (increíble, verdad?). Por tanto, cobra aquí importancia capital el siguiente prejuicio.
El estético:

A través del espejo dijo...

En esta historia, como en casi todas, novelas o reales (acaso no inspira la realidad a la ficción? o era al revés?), Edith ES una inválida. No está paralizada, sino que es una "inútil". A los ojos de todos, no "sirve" para lo que sí sirve Ilona. De ahí la enorme consternación de Hofmiller al descubrir que Edith ama, y no sólo eso, sino que desea. Que su cuerpo es mucho más que las piernas inmóviles. Y que su persona es mucho más que una niña caprichosa, sino una mujer que no se quiere resignar a vivir postrada, física y moralmente.

La novela, como en tantas historias, también en el teatro, presenta personajes desdoblados en dualidades: Tenemos a Hofmiller y al Doctor Condor, a Edith e Ilona, a Kekesfalva y al Coronel. Son personajes antitéticos. Sólo me detendré en el militar y el médico, y sin profundizar apenas: Es obvia la elección de sus oficios para acentuar sus diferencias: El militar recibe órdenes, necesita una misión que cumplir, necesita conocer sus límites, la libertad de acción le desconcierta, y la rechaza y, además, como joven e inexperto, se siente seguro cuando le dicen qué debe hacer.
El médico vive, disfruta de una buena comida, incluso ante los ojos desdeñosos de un soldado más preocupado de una buena imagen... fachada. Es sensible, y asume sus sentimientos. Quizás sucumba a la culpa, pero he aquí uno de los puntos clave de la novela: la intervención de la mujer del médico, que no podía ser de otro modo, es CIEGA.

Solo aquí citaré el libro. Es claro cómo, hacia la pág. 447 de mi edición, leemos "Me incliné y besé la mano. Cuando levanté la cabeza, no comprendi que esa mujer de pelo gris y de boca áspera, y con la amargura de sus ojos ciegos, hubiera podido parecerme fea la primera vez, pues el amor y la compasión iluminaban su rostro. Tuve la impresión de que aquellos ojos que ya sólo reflejaban oscuridad para siempre sabían más de la realidad de la vida que todos los que pueden mirar el mundo claros y radiantes."

Ésta es para mí la clave de la historia, y su clímax. Al fin y al cabo, el resto, es previsible, y se consuma la tragedia.

Sobre la piedad, y la compasión, creo que son pasiones condicionadas por todos estos prejuicios. De modo que Edith abre su corazón a quien creía que no tenía en cuenta su aspecto, sino que la había visto con otros ojos. Cuando comprende que no es así, que nadie puede verla más allá de sus piernas, en fin... Está escrito.

La navaja en el ojo dijo...

Muy buenos comentarios, A través del espejo. Y, sobre todo, gracias por la recomendación del libro, que me ha gustado mucho.

Añadiría a lo que decía antes que lo mejor del libro es lo que analiza, todo aquello de lo que tú hablas.

El fondo se resume perfectamente en el cuento de "Las mil y una noches" —que lee Anton una noche de insomnio— y que se expresa conjugando, como decía, los dos títulos españoles. Quedándonos con este aspecto, lo podríamos considerar un libro muy cruel y eso para mí hace que suene muy moderno porque me da la sensación de que en otras épocas precisamente lo que se hacía era predicar la piedad. Me ha parecido muy valiente arremeter contra un sentimiento que, en teoría, es positivo. Y más que valiente, me parece que responde a un análisis muy profundo de la psicología y de los sentimientos. Es decir: en lugar de quedarse con la primera impresión que puede sacarse de un comportamiento (la compasión), Zweig analiza hasta qué punto —o hasta qué consecuencias— se puede llegar ejerciéndolo. Y no sólo por ejercerlo de forma exagerada, sino también porque, como decís, lo hace de manera egoísta.

Para justificar que el protagonista lo acepta todo, otro autor habría buscado más la motivación, es decir: habría puesto una culpabilidad en su pasado o, si no, habría argumentado que el protagonista tiene un familiar en circunstancias similares. Pero Zweig no hace eso y así tiene aún más valor que veamos como creíble su comportamiento. Para justificarlo, además de lo que habéis dicho de que él se siente mimado por una familia y su conciencia está tan a gustito por hacer un acto de caridad; utiliza el efecto bola de nieve: Hofmiller se va dejando llevar, por una metedura de pata tras otra, hasta que ya es demasiado tarde. Y, como decís, es tan ingenuo de no darse cuenta de lo que nosotros —los lectores— y quienes le rodean vemos a la legua y, por lo tanto, se va metiendo más hasta el fondo hasta que llegará el momento de no poder salir —punto de no retorno—. Además de la ironía dramática, Zweig utiliza muy bien también estos recursos para hundir a su protagonista en el conflicto.

Y lo peor es que, por ingenuo que sea el chaval, lo explica de forma tan sincera que nosotros mismos vemos que podría habernos ocurrido algo similar y que podríamos haber reaccionado de la misma forma. Creo que el libro engancha tanto porque desde el principio, viendo sus meteduras de pata, llegamos a sentir por el protagonista la misma compasión que él siente por Edith.

La navaja en el ojo dijo...

Como tenía tanto que decir, lo he dividido en varios comentarios. Aquí va el de hoy:

Me ha parecido muy bueno el paralelismo que hace entre las vidas de los tres hombres principales: el protagonista, el padre de la lisiada y el médico —muy cierto que este hombre es el único que tiene una visión realista sobre la situación—. Todos se casaron o se metieron en un compromiso matrimonial por compasión, como si Zweig quisiera expresar que todos los matrimonios son contratos.

En cuanto a la manera en la que está organizado, me llama la atención que no tenga capítulos. Tiene unas divisiones hechas con doble espacio —no sé cómo sería la edición antigua—, pero no están muy marcadas. En ocasiones, alarga muchísimo lo que podríamos llamar artificialmente «escenas». Por ejemplo, cuando el joven habla con el médico, éste le cuenta todo lo de Kekesfalva y eso dura un montón; luego sale a la calle y aparece el viejo, así la escena continúa. Se me hace demasiado que enganche todo seguido, pero también es cierto que con ello hace que no puedas parar de leer y, además, es un bloque grande porque es un punto de inflexión importante en la novela.

Muy cierto que el final es bueno. No sólo la escena en la ópera en la que vuelve a esconderse, sino también el que la guerra estalle justo en ese momento y el que su culpabilidad se disipe con horrores bélicos. Y también lo de que coincida con el asesinato del archiduque y así el telegrama no llegue, o sea, como en Romeo y Julieta, pero en lugar de románticamente, en plan cruel cruel del todo.

Me parece genial lo que comentas, Elperejil, de que un tipo tan cobarde en su vida real, porque es un cobarde total, luego haya sido un héroe de guerra. Así que la valentía, en realidad, significa no tener nada por lo que continuar viviendo.

Maribel Martín Cordero dijo...

Recomiendo El ladrón de palacio, de Ethan Canin.

Gloria F. Rozas dijo...

¿Y qué tal los cuentos de Alice Munro? Pueden estar bien.

Elperejil dijo...

Lo primero, antes de que se me olvide, para la siguiente propongo "Lolita" de Nabokov, un clásico donde los haya; los que la hayan leído seguro que tienen ganas de hablar de ella; y los que no, se sorprenderán de lo diferente que es de la película e incluso del arquetipo cultural creado en torno a ese personaje.

Lo segundo, me gusta mucho ese análisis que hacéis en torno a los personajes, agrupándolos en parejas o por su carácter simbólico. Por un lado es cierto y da mucha más densidad ideológica y "moral" (por llamarlo de alguna manera) a la historia, elavándola casi al nivel del arquetipo (pensa que no sea más conocida, porque se lo merece). Por otro lado indica la sólica estructura en torno a la que Zweig construyó esta historia, finamente hilada y pensada, pese a que luego parece fluir de forma pausada y, casi, casual, como si le fuese saliendo a vuelapluma. Muy intesante reflexionar sobre ese juego de personajes, tanto para disfrutar de la novela... como para plantearse nuestras propias historias los que escribimos. Una aportación muy aguda y útil.

Luego, otro comentario. La escena del paseo campestre y la boda que se encuentran. En principio, y si el lector callese ahí desde la nada, se quedaría asustado de lo cursi y melosa que parece. Hasta tiene un aire a Sisi. Sin embargo, y gracias a todo lo sembrado y a que conocemos la verdadera actitud del prota y sus cínicos planes (por mucho que él los disfrace de bondad y fatalidad), resulta una escena, por ese contraste, profundamente triste y casi aterradora. Vemos como el tipo no pone ya otro clavo en el ataud, sino que coge la pistola claveteadora y arremete contra él a lo bestia... y como si no se diese cuenta o hiciese algo noble.

Hay que reconocer que todos estos juicios van surgiendo en retrospectiva, en torno al recuerdo, y que mientras lo lees aún te dejas arrastrar un poco por los sentimientos del tipo, y hasta empatizas con él y lo comprendes. y eso lleva a un punto que me parece muy interesante, el hecho de que todo el mundo se considera el héroe de su historia, alguien que ha obrado siempre bien o con buena intención; nadie se levanta un buen día y decide hacer al mal y ser un canalla. Y eso lo transmite muy bien Zweig, como bien decía Santi, un gran psicólogo de personajes; el héroe nunca se considera malvado o un canalla, ni siquiera un cobarde... sino una simple víctima de la fatalidad y la inocencia. Somos nosotros quienes, después, lo acabaremos juzgando como cobarde o canalla, pese a que cuando estábamos atrapados en su perspectiva, lo podíamos entender. Genial logro éste por parte del autor.

Todo un maestro el señor Zweig. Las otras novelas que había leído de él no me habían tocado tanto, pero esta me ha encantado. Me entran ganas de volver a ver la peli de Ophuls "Carta a una desconocida", también sobre un simpático crapulilla que, sin darse cuenta y como quien no quiere la cosa, acaba ocarionando un gran mal.

La navaja en el ojo dijo...

Gracias por las tres sugerencias de libros. 'Lolita' ya lo he leído, pero lo podría repasar o releer si saliese.

La navaja en el ojo dijo...

Muy cierto, Elperejil, lo de la escena teóricamente romántica y bonita, yo me la tomé como algo tremendo. Hay un montón de momentos del libro que se podrían extraer para comentar y un montón de frases que, como dice A través del espejo, son clave. Más adelante, podríamos ir sacando otras.

Que es un cobarde, sí. Está clarísimo: es sumamente cobarde. Pero de lo que no estaría tan segura es de que sea un canalla. Yo sí me he creído la idea que quiere dar él —como narrador— de que se fue metiendo en todo eso sin darse cuenta. Es cierto que fue egoísta al final, cuando podría haber optado por quedarse con la chica, pero tampoco es eso, si no la quiere... Hasta entonces, él nunca ha sido consciente de todo el daño que ha causado, mucho menos de que lo iba a causar en el futuro. Yo creo que es simplemente un hombre muy tonto, muy ingenuo, muy infantil hasta para su edad... Como dice siempre mi madre: "lo más peligroso es un tonto" o "un tonto jodió un pueblo" (o algo parecido), es decir, que puede traer peores consecuencias la estupidez que la maldad. Obviamente, a él no le excusa nada que haya sido más tonto que malo, las consecuencias están ahí y son las mismas. Pero me parece aún más devastador pensar que se llegó hasta ahí por la ingenuidad que por las ganas de aprovecharse o por el egoísmo. Al fin y al cabo, de esto último hay ya muchas historias, pero lo original me parece que en este caso el mal haya sido causado por inconsciencia y hasta empezando con buenas intenciones. Pensando incluso en ese gran retrato psicológico que mencionáis, creo que es más interesante así. Pero, por supuesto, es simplemente mi visión, es muy posible que sea más como lo veis vosotros o incluso que ambas interpretaciones sean válidas.

Si hablábamos de frases clave, por ejemplo, la que inicia la historia, que era algo así como «todo empezó por un desliz», para mí definiría todo el comportamiento de Hofmiller y resumiría toda la novela.

Y ya que planteo que hubo una única ocasión en la que sí tuvo elección, se podría cuestionar, poniéndonos en el punto de vista del protagonista, qué habría sido preferible: si llegar a casarse con la inválida por continuar con la piedad o el final que realmente ocurre, que le hará cargar con la culpa toda su vida, aunque, por otro lado, sea feliz. ¿Qué pensáis?

Elperejil dijo...

Bueno, sí, con lo de "canalla" me pasé un pelo, jeje... pero es lo que me pasa, según voy escribiendo el comentario me voy calentando, y me puse faltón con el prota, jeje.

De todos modos, y aunque desde la perspectiva que nos da el libro (o la de los propios compañeros militares del prota), vemos que el hombre no es malo sino que ha pecado de ingenuo y tonto, desde la perspectiva de la familia de la tipa y sus amigos, probablemente lo vean como un cabronazo. Viene aquí, se liga a la niña, le da esperanzas y, de repente, se pira y la abandona.

También comparto la opinión y la idea de que los tontos son más peligrosos que los malvados. Por la imagen de mi avatar podréis figuraros el respeto que le tengo al autor francés Anatole France (escribió una de las pocas -quizá la única- novelas adultas protagonizadas por pingüinos: "Alca, o la isla de los pingüinos") y de él es una frase que me encanta: "Un tonto es mucho más letal que un malvado; el malvado descansa a veces de su maldad, el tonto jamás"

Lolita también la lei, y además de releerla, me apetece un montón charlar sobre ella.

A través del espejo dijo...

Ecco!!
He leído todos vuestros comentarios y estoy de acuerdo en cuanto al carácter de Hofmiller: Hemos leído muchas veces el daño tan grande que hace la ignorancia, y es ella la que explica los actos de Anton.
No hay una maldad, ni siquiera una malicia, yo creo que él es uno más, un representante genuino de un tiempo que se acabó con la I Guerra Mundial: El de la nobleza como estamento erigido sobre la pura apariencia en las formas.

Yo creo que eso es lo que Zweig consigue transmitir tan bien a través de la ingenua estupidez del narrador (que, por otra parte, debemos sospechar que sea no fiable, claro, ya que todo su relato más que catarsis, honestamente creo ahora, busca compasión).

Soy propenso a analizar una obra de arte, como esta novela, de un modo historicista. Creo que las personas somos seres sociales, fruto y víctima de una cultura tomada como "sistema de prejuicios".

Creo que es todo eso lo que se desmorona en el relato de Hofmiller, y tras la Gran Guerra, él es más que nunca un espectro... alma en pena, fantasma del pasado, llamadlo como queráis.

En fin, que lo pretendiese conscientemente o no, Zweig consigue trascender el personaje en el arquetipo, y esa capacidad que tiene de hacer que nos miremos en el espejo de las miserias de un hombre corriente, proyecta rasgos, vicios y virtudes de toda persona, mucho más allá de Europa y del cambio de siglo.

Es eso tan manido de que "todos somos un poco Hofmiller", ¿verdad?

Ha sido un placer compartir esta novela con vosotros. En cuanto a Nabokov, no leí su Lolita, pero si las adaptaciones cinematográficas se parecen lo más mínimo a su texto, será toda una experiencia viajar a su interior para constatar si es cierto que todos somos un poco Humbert Humbert... Terrible, no?

;)

La navaja en el ojo dijo...

Muchas gracias, A través del espejo. Buen comentario.

¿Recomiendas algún otro libro? Pronto pondré la encuesta.

Estoy muy de acuerdo con lo que dices de Hofmiller y de que se podría convertir en estudio paradigmático del comportamiento.

Y también con lo de que busca darnos compasión. Eso sí, ahí habría una trampa, pues un personaje tan ingenuo y simplón, por muchos años que hubiesen pasado y por mucho que la vida le hubiese hecho madurar; no habría aprendido las sibilinas artes narrativas de conseguir causar en el lector el sentimiento deseado de forma disimulada. Es decir, el narrador es Hofmiller, pero el que lo consigue es Zweig porque hay que tener la inteligencia del escritor para lograrlo.

Elperejil dijo...

A través del espejo, muy bueno tu último comentario; efectivamente, situar una obra en su contexto histórico es muy útil para ver sus implicaciones y, curiosamente, a veces, en vez de hacerla más "de su tiempo" la hace más universal.

Respecto a Lolita, es muy diferente a la película (la segunda se parece más) y sería muy interesante compararlas; te va a sorprender.

Volviendo a Zweig, y puestos a comparar, curiosamente el libro que había leído poco antes era "Dinero", de Martin Amis (autor que ya salío en este club), y tiene en común con esta dos cosas (quizá más): el narrador no fiable en primera persona, y las tremendas cogorzas que se agarran sus protas en determinados momentos. En el de Amis el personaje (que, curiosamente, también busca nuestra aprobación y compasión) las describe de una forma mucho más cruda y basta... sin embargo Zweig consigue retratar esas borracheras de una forma tremendamente elegante, dibujando muy bien esa euforia que nos entra cuando bebemos: sé que parecerá una tontería, pero es algo con lo que me quedé. Qué bien retrata Zweig la fase "guay" de las borracheras... y menudas moñas que debía agarrarse en esas fiestas tan elegantes y, casi trasnochadas, que se hacían a principio de siglo...

SuperSantiEgo dijo...

Zweig es un escritor muy moderno, pero que a la vez vio el aniquilamiento de lo que quedaba del mundo legado del s XIX con la PGM, y la llegada de un mundo distinto.

No olvidemos que esa guerra no es que cambiase a las personas, sino que literalmente cambió las fronteras, y acabó con un imperio milenario que había sobrevivido en su última encarnación como Austria-Hungría. Fue todo un período historico y social que se acabó de golpe, y los que lo vivieron quedaron profundamente marcados al ver el paso de una sociedad con resabios casi medievales a la sociedad plenamente industrial y de repente el auge de nuevas ideologías como el comunismo y el fascismo.

Las otras obra monumentales que narran ese cambio son El hombre sin cualidades de Musil y Los días contados, de Banffy.

EvaG dijo...

Por la descripción de los personajes, que parece que los tienes delante de la cara, os podría gustar "Tokyo Blues", de Murakami.

julio -Debate Popular dijo...

Todavía no lei el libro pero puedo decir que estoy leyendo en estos momentos estoy sumergido totalmente en el mundo de John Katzenbach que me fascino totalmente. Son un fan más que un lector de sus novelas.

La navaja en el ojo dijo...

Sí, ya tengo apuntado 'El psicoanalista' para poner en la encuesta para junio.

SuperSantiEgo: ¿El hombre sin cualidades de Musil y Los días contados, de Banffy son sugerencias para nuevas lecturas? Me da la sensación de que no, de que sólo los comentabas porque venían a cuento. Pero si es para que los leamos, los pongo en la encuesta.

¿Alguien ofrece alguno más? Ah, bueno, yo ya dije que repetiría Bartleby y Benito Cereno porque me lo había comprado.

Vicisitud y Sordidez dijo...

Propongo, ahora que los acaban de reeditar 'La palabra pintada & ¿Quién teme a la Bauhaus feroz?' de Tom Wolfe.

Sobre todo porque son textos tan incendiarios (y breves: los dos están en el mismo libro) que el debate promete ser épico. Están muy bien escritos, con más maldad que una carroza llena de presentadores de Salsa Rosa, y abren los ojos sobre más de un hecho.

A veces patina, pues Wolfe es tan facha que deja que su odio al comunismo le desdibuje el discurso. Pero cuando acierta... Cuando acierta estamos ante la cacería de vacas sagradas más cruel de la historia del arte.

La navaja en el ojo dijo...

Gracias, Vicisitud.

Y me parece bonito, ya que pongo Bartleby, añadir Bartleby y compañía de Vila-Matas.

Vicisitud y Sordidez dijo...

He terminado de leer 'La palabra pintada' de Tom Wolfe. Y casi he llorado de la risa.

Vicisitud y Sordidez dijo...

Con gran retraso, he de decir que 'La impaciencia del corazón' me ha parecido una obra maestra.

No sólo no le sobra ni falta nada, teniendo un desarrollo impecable, sino que logra el más difícil todavía de hacernos compartir y entender la psique del personaje sin quitarnos la opción de, a cada momento, pensar que es un perturbado.

Eso es un triunfo estilístico de primer orden logrado con un lenguaje imponente: sobre todo en la constante superposición de sinónimos y enumeraciones varias que, a fuerza de ir añadiendo sutiles matices, hacen que entremos en esa espiral de comerse el tarro del protagonista que es la auténtica esencia de la novela. Por supuesto, todo esto va asociado a un prodigioso fluir en las frases que hace que, cuando Zweig quiere, no puedas salir del torberllino emocional del prota.

Grite "¡vicisitud!" durante todo este novelón.

La navaja en el ojo dijo...

Muchas gracias por comentar. La verdad es que este libro ha sido uno de los mejores del Club de Lectura. Y es algo que yo nunca habría leído de no ser por este "jueguecito", pues a primera vista, todo lo que se pueda decir de él me tiraría para atrás: el argumento, la época, lo que yo pudiese presuponer del estilo del autor... Pero me encantó. Espero que salgan muchos otros así de buenos y que rompan tan bien las expectativas.