22 de julio de 2010

Club de lectura: comenta La palabra pintada y lee La curandera de Atenas

Lo primero de todo, pido disculpas por el retraso con el que llega esta entrada, que debería haber aparecido el 17 de julio.

Como ya sabéis, nos toca en esta ocasión, comentar dos ensayitos de Tom Wolfe, La palabra pintada y ¿Quién teme a la Bauhaus Feroz?.

El ganador de la encuesta para el próximo día ha sido el libro La curandera de Atenas, de Isabel Martín. A partir del 17 de agosto, comentaremos este libro que ya os adelanto que es entretenidísimo y que atrapa desde el principio. Pocas veces he estado tan enganchada a una lectura.  

Os pido, como siempre, que sugiráis lecturas para las próximas ediciones del club. En cuanto tenga unas cuantas, colocaré la encuesta en el menú derecho. Si queréis volver a suscitar uno de los libros que ya se han propuesto, pero que no han salido, también podéis hacerlo.

Muchas gracias por todo.

26 comentarios:

Vicisitud y Sordidez dijo...

La palabra pintada

Posiblemente, de los dos ensayos, éste sea el más impecable: la idea está ejemplarmente explicada en las dos pirmeras páginas y desarrollada impecablemente, y sin piedad, en el resto del ensayo.

Lo que más valoro es que no se dedica, sin más, a despellejar las obras de arte: el libro no te niega la posibilidad de experimentar placer estético ante un Pollock o un Lietchtenstein, si quieres (a título personal, ambos autores me repelen). Lo que ataca Wolfe es la idea de que sólo a través de la palabra revelada tengas el derecho a poder disfrutar, como Peich manda, del arte.

A partir de ahí comienza una labor de análisis de “las reglas del juego” que es impecable. La palabra “Culturalia” me parece todo un hallazgo: esa pequeña aldea que define lo que es bueno y lo que no, a la que sólo en contadas ocasiones, se nos permite mirar de reojo a nosotros, el público, pobre mortales.

Para redondearlo, está toda esa literatura de “mala” por la que mataría cualquier Mariñas de la vida, pero es que para eso hay que saber. Y Wolfe retrata las miserias, egos, envidias y hasta dinámica económica del mundillo de forma genial.

Dato curioso: como colofón nme quedo con que el más grande artista del siglo XX, lejos de ser Picasso es, sin duda, Andy Warhol. Y por las mismas razones casi que dice Wolfe: el cinismo de Andy no tiene por qué ser algo malo.

From Bauhaus to Our House

Después de “Satán es mi señor” confieso que me reí muchísimo más con este ensayo. Especialmente con todas las maldades dirigidas a Gropius y Le Corbusier. Quizás el problema es que su idea central no es tan clara, diáfana e inapelable como la de “La palabra pintada”. De hecho es tan difusa como cuestionable: ¿Los rojos europeos, portadores del mal, destrozan las bondadosas esencias de la tradición americana y éstos lo aceptan por “complejo colonial”? Ejem...

Sin embargo, si se disfruta el ensayo a fogonazos, hay ideas sublimes: lo primero, el mesianismo de “verdad revelada” de TODOS los movimientos artísticos del siglo XX. La estupidez soberana de “empezar desde cero”: ¿Es que acaso la humanidad, tras milenios de “prueba y error”, no ha aprendido nada acerca de cómo vivir en una ciudad que merezca conservarse?

Por supuesto, cuando entra a ridiculizar la esencia de las grandes “teorías” Wolfe está tan brillante – o más aún – que en “La palabra pintada”. Especialmente en el caso de Venturi: el análisis de sus palabras es genial: cómo, tras la aparente ruptura se esconde el más chungo de los contunuísmos.

Su leitmotiva “¡Qué burgués!” es, por cierto, lo mejor que he leído en años. Y lo que más me ha hecho reír.

Vigo dijo...

Estaba a punto de escribir un comment "quejándome" para que se actualizara el blog. Lo descubrí hace un par de horas y lo he fusilado de arriba abajo sacando recomendaciones de libros y series.
Cuando de repente ha salido de la nada esta entrada. Y me he dicho. ¿Diablos pero si esta no la había visto? Ja,ja. La verdad es que llevo un día de casualidades increibles, en el que los astros parecen haberse aliado hoy solo para mí. Debería ir immediatamente a comprar un número de lotería.

No he leído nada de Wolfe, pero intentaré engancharme en alguna de las próximas entradas.

Sólo felicitarte. Me ha gustado mucho pasearme por tu blog.

Vigo dijo...

se "aliaron" porque se "alinearon" ;D

Elperejil dijo...

Al final he buscado un hueco y me he leído, más bien devorado, este doble volumen. Una tarde para "La palabra pintada" y otra para la otra parte.

A modo extraliterario comentar que no me extraña que a Vicisitud le guste Tom Wolfe, porque escribe de forma similar a como él habla, jajaja... rápido, irónico, agudo, con ideas sorprendentes y originales... una gozada.

Respecto al libro, por ahora no me extenderé mucho porque tengo bastante trabajo, pero en conjunto me gustó mucho, especialmente la primera parte, mucho más centrada y sólida, como bien dice Vicisitud.
Me da la impresión de que en su momento debió de ser como el cuento ese del rey al que un sastre timador enreda para ir desnudo diciendo que ese traje sólo lo ven las personas sinceras con él... hasta que un niño, señalándole, dice que el rey va desnudo. Pues ese niño, en la época, debió de ser Tom Wolfe. Un periodista culto y de prestigio atacando a las sacrosantes camarillas intelectuales del momento. Supongo que debió de causas muchas controversias, pero a mucha gente le debió de dar alas para poder reconocer en voz alta que ese tipo de arte no le gustaba o, si le gustaba, no era por todo el rollo intelectualoide (y aburridísimo) que le rodeaba.

Y he de reconocer que algunas obras de ese periodo me gustan, pero de una forma subjetiva y personal, y no como mera ilustración de las teorías que las explicaban... y que son de lo más tonto que hay. Lo de la obsesión con lo plano y lo anti-burgués (esto, una chorrada monumental) Wolfe lo retrata de forma genial e hilarante.

Al final, debe de resultar terriblemente cruel para todos esos artistas del expresionismos abstracto y del arte pop, que el área donde más se ha notado su influencia es... en la industria del juguete. Y fijaros bien. Si comparáis los juguetes de los 50 y antes con los actuales, se ve toda la influencia de esas corrientes artísticos: colores puros y superficies planas, tendencia a las formas puras y lineales, huida del realismo en la representación... jajaja, seguro que a alguno de esos críticos le daría un soponcio si se para a pensarlo un momento.

Javier dijo...

Perdón por postear sin comentar , Ellroy me tiene abducido.
Este señor y Agota Kristof.
Estoy leyendo una edición de bolsillo bien baratele de su trilogia (El Gran cuaderno , La prueba y La tercera mentira ) y el angst existencial se lo pueden meter por el culo.
Una barbaridad , pero de las de recomendar y comentar.
Por favor , elíganlo.Háganme feliz , entre la lectura cruzada de esta señora y Ellroy estoy em ezando a crearme traumas infantiles que nunca tuve.

Miguel Baquero dijo...

Me alegro de la recomendación de La curandera de Atenas y para el próximo voto, como el de más arriba, por Agota Kristoff

Fran Otero dijo...

Me apunto estos textos que no he leído... He estado de vacaciones y he leído otras cosas. Estos no los había visto. Os lanzo varias propuestas para los próximos debates: Me alegraría otra muerte, Chinúa Achebe (uno de los mejores escritores africanos) y La Tregua (de Mario Benedetti). Propondría también poesía: también de Benedetti, Insomnios y Duermevelas. Abrazos.

La navaja en el ojo dijo...

Javier: gracias por las sugerencias, me las apunto. Pero harían falta más: que otras personas propongan otros libros, por favor.

Estoy leyendo El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, pero no sé si sugerirlo porque, por un lado, me apetece comentarlo, pero tampoco es que quiera recomendároslo fervientemente... bueno, siempre lo puedo poner en la encuesta y, si no queréis leerlo, no se vota.

Vigo: tienes toda la razón al quejarte de la falta de actualización de este blog. Aparte de que se va perdiendo la ilusión después de tantos años, estaba de vacaciones todo el mes de julio y me conecté a Internet poquísimas veces durante esos días, así que no puse nada nuevo e incluso este post lo puse tarde. Gracias por la paciencia.

Vicisitud y Sordidez dijo...

Perejil... ¡Vas a hacer que se me salten los colores con esos piropos!

Eso sí, confieso que me emociona la iconoclastia de desnudar al rey. Sobre todo, porque la "autoridad" de cualquier tipo siempre me ha parecido alienante. Y, si encima, hace edificios, todavía peor.

Y el estilo literario de Wolfe desnuda como pocos.

La navaja en el ojo dijo...

Perejil, Vicisitud: ¿alguna otra sugerencia? Apunto yo dos que me han dado de palabra otras lectoras: la autora del libro elegido para el 17 nos sugiere El intocable, de John Banville. Y una amiga, Escapada, de Alice Munro. Decía yo lo de El mapa del tiempo, pues la curiosidad que me está despertando este libro es la de leer La máquina del tiempo de H. G. Wells, así que la propongo también.

La navaja en el ojo dijo...

Javier: concrétanos un título de Ellroy para poner en la encuesta, por favor. ¿Cuál es el que recomendarías más?

Anónimo dijo...

el universo
de isaak asimov

La navaja en el ojo dijo...

Gracias, anónimo. Pero como la encuesta ya tiene algún voto, no se puede modificar. Lo guardo para la de septiembre.

Javier dijo...

Ola de crímenes de James Ellroy , es una colección de artículos y relatos cortos que está en edición de bolsillo de Zeta.
Es una manera muy buena de engancharse a este salvaje , porque otras obras son novelones de a kilo el ejemplar y tienen arcos argumentales y de personajes que duran más de un libro.Que a mí me hace muy feliz porque duran más , pero puede echar para atrás de primeras (Ojo , solo de primeras).
Decir que L.A. Confidential y La Dalia Negra , las películas , son adaptaciones de dos novelas suyas.
Y el autor es más personaje todavía que sus propias creaciones.
Léan , léan
http://www.elpais.com/articulo/portada/artista/novela/negra/elpepuculbab/20100206elpbabpor_3/Tes

Meritxell dijo...

Hola!
Me presento: me llamo Meritxell y vivo en Girona.
Estoy a punto de empezar segundo de batchillerato y con ello, el treball de recerca.
Yo quiero estudiar psicologia y me interesan bastante las enfermedades mentales, así que decidí hacerlo sobre éstas, pero enfocandolas desde el punto de vista cinematográfico.

Y buscando buscando, he encontrado un artículo (muy bueno, por cierto) que escribíste hace ya un par de años, verdad? Pues bien, me gustaria que me pudieras dar algun consejo o ayudarme porque ando un poco perdida...

Así que te dejo mi correo: txell223@hotmail.com
y si te interesa pues me envias un correo y yo te lo explico.
Sino, gracias igualmente por su atención.

Besos

La navaja en el ojo dijo...

Hola, Meritxell: el artículo del que hablas estaba todo basado en un libro que te interesaría mucho para el trabajo que se titula 'Imágenes de la locura: la psicología en el cine', de Beatriz Vera Poseck. Si quieres, ponerte en contacto con ella, te doy su perfil de Facebook.

La navaja en el ojo dijo...

Bueno, tanta historia y no he comentado nada sobre el libro de Wolfe. Lo que ocurre es que estoy totalmente de acuerdo en que es una chorrada que sean unas autoridades las que decidan lo que es bueno y lo que es malo. O también que para entender algo necesites tener "estudios". Lo que me ocurre a mí es que, siguiendo eso, me parece que sería caer en lo mismo pensar que necesitamos un adalid como Tom Wolfe para proclamar que mucho del arte moderno nos parece una tomadura de pelo. Si necesitamos a un tipo famoso, culto, que escribe novelas y tiene una cátedra en un periódico para sentirnos bien por pensar así, entonces estamos en las mismas. Y lo peor es que sí, que en realidad hace falta. Porque no es lo mismo que lo diga una autoridad a que lo proclamemos cualquiera de nosotros, pero eso es con lo que no estoy de acuerdo.


Del tema de la culturbe (o como llamase a esa pequeña ciudad que supondrían todos los entendidos juntos), llegaríamos a la cuestión del elitismo y ahí también creo que hay mucha sabiduría. Pero lo que encuentro yo en este tema del elitismo es lo que comenté una vez en un post sobre los bestsellers literarios: que la gente que se cree que pertenece a la minoría culta se dedica a meterse con la masa, el vulgo, el populacho... como los queramos llamar porque prefieren lo que ellos consideran basura (televisiva, literaria, cinematográfica...), es decir, lo comercial que lo bueno. Sin embargo, estas personas tan preocupadas por la cultura de las mayorías, no querrían leer lo mismo que lee todo el mundo (donde digo "leer", póngase "ver" o cualquier otro verbo). De hecho, si se extendiese algo de lo que les gusta, se alejarían de ello, dirían que su autor/a se ha vendido. Yo lo entiendo: necesitan sentirse exclusivos para sentir que pertenecen a una elite y el ser elitista implica el meterse con los gustos de los demás... vale, sí, pero es una contradicción gigantesca.

Elperejil dijo...

Meritxell, también te invito a visitar mi blog, que trata precisamente de psicología y cine; y aunque me centro más en los procesos generales de la mente que en los patológicos, algo de enfermedades hay.

Y, tras la publicidad (qué morro, jeje), voy al comentario.

En principio no tengo nada en contra de las élites, por llamarlas de alguna manera, pues son inevitables y pueden ser muy buenas. Hay un grupo de personas que se ha especializado en los conocimientos sobre el cuerpo y como sanarlo, la élite médica, y me parece estupendo que exista, especialmente cuando estoy malito. Y también hay élites que saben un montón sobre cañerías (los fontaneros), electricidad, etc...

Lo malo de las élites del mundillo cultural es que tienen la fea tendencia a mirar por encima del hombro a los demás. Me encanta Harold Bloom cuando habla sobre Shakespeare, porque sabe un montón del tema y se aprende mucho leyendo sus libros sobre el tema... pero cuando se pone a despotricar contra los que no leen lo que a él le parece bien, pues se pone muy gilipollas. Y lo verdaderamente terrible de esto no es que Bloom, y otros como él, que de verdad saben, se comporten a veces como unos gilipollas... sino que muchos aprendices de intelertuá y at-tit-ta (¿lo he escrito bien? Es que aún no domino bien el sordidense) piensan que esa es al actitud correcta y, sin mucho base, se ponen gilipollas para dárselas y para sentirse más seguros. Esos sí resultan repelentes en grado extremo. Y pasa mucho en ese mundillo... lo de ir de sobrado poniendo a parir lo que le gusta a todo el mundo y anotándose a la última moda minoritaria, sin tener muchas veces una base sólida en el tema... y, lo que es peor, jodiendo así la posibilidad y capacidad de formarla, el convertirse los elementos en cuestión en unas meras marionetas de ciertos críticos y tendencias. Triste.

En el libro de Wolfe se ve muy bien ese proceso de alejamiento a propósito de la masa, lo cual resultaba en dos extremos la mar de esquizofrénicos. Uno, el del at-tit-ta que se arrastra para conseguir ir a las fiestas de postín, pero luego la arma para hacer ver que está por encima de esos lujos y parafernalias. Otro, el de criticar lo "burgués" desde una postura de extrema izquierda para luego despreciar a la "masa ignorante"... una actitud tremendamente fascistona y, mira tú, burquesa...

Evidentemente no son las autoridades ni un club de listillos los que tienen que decidir lo que está bien o mal, o lo que debe leer o ver la gente... pero tampoco está mal que le gente que ama cierto campo de la cultura (pintura, cine, literatura) use sus conocimientos para descubrir facetas interesantes de esas obras, rescatar a grandes autores olvidados (como pasó con Melville y Moby Dick) y cosas así... ayudar, como el fontanero que va a casa, no andar chuleándose y señalando con el dedo a los que no compartan sus impostadas ideas.

La navaja en el ojo dijo...

Lo primero, gracias por recomendarte a ti mismo a Meritxell. Yo quería sugerirle que te visitase, pero no lo hice por si te colocaba un marrón que no te apetecía, pero me alegro de ver que sí.

Lo segundo, me quedo con el final de lo que comentas sobre las elites porque es donde introduces algo nuevo (en lo anterior, ya hemos visto que más o menos estamos de acuerdo). Y creo que tienes toda la razón. Es cierto que, si alguien va a descubrir nuevos autores o corrientes y a determinar quién es bueno y malo, lo lógico es que lo haga quien tiene base y conocimiento para ello. Sería muy raro que alguien que nunca haya visto un cuadro, lo descubra guiándose sólo por sus gustos, sobre todo porque no tendrá acceso a lo que se está "cociendo". Cuando Wolfe criticaba eso, sí que pensaba yo que no me parecía algo tan extraño que fuese la elite cultural la que dijese si los cuadros son buenos o malos, aunque solo sea porque los ciudadanos de a pie tienen otras cosas que hacer que ponerse a considerar eso.

Se me viene a la mente ahora una cosa de mi familia que podría servir para ilustrar esto. Una de mis tías es una pintora muy bohemia, que ha vivido en Nueva York, que hace cuadros totalmente abstractos... Otro de mis tíos es un vendedor ambulante que va por las ferias manchegas vendiendo a las señoras cuadros de molinos y atardeceres que seguro que os imagináis. Bien, cuando este hombre ve los cuadros de su hermana, pone cara de chiste, no dice nada, pero se nota que se está riendo por dentro. Mi tía dirá que él no entiende nada de arte y por eso no entiende esos cuadros y por eso no le gustan. Pero, ¿quién tiene razón? O incluso si los cuadros de mi tía fuesen buenos, ¿acaso no puede ser libre cualquiera de que le guste más una marina hortera que los cuadros de ella, que son oscuros y deprimentes?

Elperejil dijo...

Es un tema interesante y peliagudo. Cada uno tiene el derecho de disfrutar de lo que más le guste y de poder expresarlo libremente... y es muy mala educación mirar a la gente con desprecio porque le guste algo que no sea de gran calidad. Además, hay que tomar la cosas en su contexto. Para una chica de 12 años es posible que "Eclipse", la de los vampiros, sea el no va más (y es algo muy normal)... y quizá esa misma chica, dentro de ocho años esté disfrutando con "Eclipse", pero la de Antonioni... joder, poniéndome personal, a mí, a esas tiernas edades púberes, me volvían loco las pelis de karatecas y disfruté lo indecible con "Cristobal Colón de oficio descubridor" (y aún la sigo viendo con cierto regustín nostálgico), pero ahora no son las películas que más me emocionan. ¿Era un gilipollas o un memo? Es posible, pero no por esa razón... sencillamente era más joven, y esos productos iban destinados a mi edad y mi mundillo de barrio. Y benditos sean por esos buenos ratos que me hicieron pasar.
Lo mismo para una persona que no ha tenido la misma formación o que no pertenece al mundillo de un crítico... pues tiene derecho a disfrutar y emocionarse con lo que sea, sin que eso le haga ser blanco de los comentarios despectivos de los culturetas.
Conste que entre este tipo de gente a veces se da ese mismo fenómeno, el de mirar con desprecio y mala leche a los que se dedican más a ese tema del que están opinando. La mirada esa de tu tío a tu tía, vamos... que pueden no compartir opiniones, pero deberían respetarse.

Sin embargo también es cierto que para una evaluación más objetiva del valor artístico de una peli, pintura o lo que sea, es bueno tener conocimientos y haber visto mucho de eso... cae de cajón, la verdad. El peligro es el que marca Wolfe, caer en el borreguismo de los críticos y conceptos de moda, acabar usando jerga molona y enrevesada, convertirse en repugnantes y gilipollas... todo lo hablado vamos.

Por poner otro tema... resulta curioso como cuatro décadas después de la publicación de ese libro... el mundo del arte sigue igual o peor. Ejemplos podríamos poner un montón... pero, vamos, cuando estuve en Londres y visité la Tate Modern, hubo cosas que me gustaron mucho pero otras me parecieron verdaderas memeces, meras copias de cosas que ya se hicieron hace décadas u ocurrencias chistosas de cafetería (por ejemplo, la famosa bombilla que se apagaba cada x tiempo... y que era una copia de otra que se apagaba cada y tiempo; y la coña es que la segunda, la copia, ganó un premio que había perdido la primera años antes... tiene cojones la cosa)

La navaja en el ojo dijo...

Lo que dice Wolfe de que es necesario un acompañamiento teórico para las obras (la palabra pintada) es algo que hoy en día no sólo está asumido, sino que se considera lo que tiene que ser. Cuando estudié en Chicago, hace 12 años, los profesores te enseñaban más a preparar tus explicaciones sobre una obra que tus obras. O sea que, o bien se ha asimilado desde la época en la que Wolfe lo señaló y ya se considera bueno y ya no sorprende a nadie, o bien cuando él lo dijo ya estaba asimilado, pero él lo señaló para quienes no lo supiesen todavía.

Hablando de este tema, existe otra contradicción bastante curiosa: los cuadros de hoy en día, abstractos o modernos o como los queramos llamar, parecen mucho más difíciles de comprender para el observador casual. Mientras que un cuadro realista clásico tiene la pinta de poder ser observado por cualquiera. Sin embargo, como ya dice Wolfe con toda la razón, estos cuadros del siglo XX y XIX necesitan toda una teoría detrás, una especie de manual de instrucciones. El entendido en arte que quiera hablar de esos cuadros (o performances o instalaciones o videocreaciones) necesita leer lo que el autor tiene que decir para explicarlos. Una vez leída la teoría ya sabe lo que tiene que opinar y pensar sobre esas obras. Una persona de a pie probablemente no querrá leer esa teoría porque le aburra o no esté de acuerdo con ella. Pero lo cierto es que, si se la leyese, si se leyese el manual de instrucciones para comprender la obra, estaría igual de preparado para hablar de ella y explicarla a otros como lo está el entendido (le puede faltar vocabulario o gramática, pero eso ya es otra cuestión). Y el entendido, para hablar de ella y explicársela a otros, también ha necesitado leerse todo el tocho, así que en este caso, ambos tipos de espectador se igualan. Los dos necesitan leer la teoría y los dos sabrán todo lo que tienen que saber una vez se la hayan leído. Con el cuadro clásico, por mucho que parezca más fácil, ocurre lo contrario: una persona normal podrá comentar una serie de cosas sobre si el color es bonito, si tiene mucha luz, si las caras tienen una expresión viva… pero hará falta alguien con un bagaje cultural tremendo para poder hablar de la historia del arte que hay detrás de eso y de las técnicas. En estos casos, sí hace falta que quien observa ese cuadro sea un entendido de verdad para aportar algo aclaratorio y explicar la obra a otros.

Vicisitud y Sordidez dijo...

Cierto. El delirio que Wolfe señala con acierto es al punto de irrelevancia a la que fue empujado el objeto artístico. El sólo ser la ilustración de la palabra en un juego para diletantes.

Que la pintura del siglo XX perdiese su relevancia social no es culpa del cine: la mataron ellos solos.

La navaja en el ojo dijo...

No estoy de acuerdo en que, por el hecho de que necesite un acompañamiento teórico, la obra quede relegada a un segundo plano. Podríamos argumentar que las obras que lo dicen todo por sí mismas sean más completas (argumentable, porque seguro que casi ningún crítico piensa así, aparte de que el decirlo todo dependerá de la habilidad para observarlo o comprenderlo de cada uno), pero lo que no creo es que pierda valor la obra por ir acompañada de una explicación. La obra no es la ilustración de un texto, la obra es la ilustración o mejor, la demostración de la teoría expuesta en ese texto. Pero lo importante es la teoría, no el texto ni tampoco la obra.

Elperejil dijo...

El gran cambio en la teoría del arte en el siglo XX es que ésta (por lo menos en el caso de la pintura) dejó de ser una consecuencia lógica del arte: los artistas hacían cosas y un grupo de gente, emocionada y tocada por ese arte, reflexionaba sobre ella y el porqué de su valor y capacidad expresiva. Por lo que cuenta Wolfe, y por lo que se puede ver por ahí, ahora pasa al revés... surgen teoría y los artístas se anotan a ellas.

También se da el caso de un solipsismo casi enfermizo: todo lo que hace el artista es arte (lo he leído en más de una ocasión), así, con dos cojones. Así que si yo soy taxista y me echo un pedo, mi pedo es un taxi... más o menos.

Una amiga, que estudio bellas artes, me comentaba que antes los artístas querían expresar algo y buscaban formas de hacerlo. Más nuevas, más poderosas, más personales... Ahora el artísta hacen algo y luego busca qué puede expresar (o los teóricos le ahorran ese trabajo)... y eso es trampa y morro.

Vicisitud y Sordidez dijo...

Si no eres NADA sin el acompañamiento teórico, no quedas relegada, quedas aniquilada.

Y, sí, los artit-tas terminan pasando más por el aro que cualquira.

Por cirto, Perejil, tú que sabes de bandas sonoras... ¿Max Steiner es algo más que un chiste?

Elperejil dijo...

Acabo de ver un documental titulado "La burbuja del arte contemporáneo", que se centra más en el aspecto económico del tema y en el arte actual... y la cosa, la verdad, ha ido de mal en peor. El peso pasó del artísta al crítico, y ahora de éste a los marchantes y casas de subastas. Damien Hirst es quién es, ante todo, porque es un estupendo empresario y vendedor... su mismo arte, sin esa capacidad suya para venderse y enredar a los marchantes y casas de subastas, no valdría nada. Tremendo. Merece la pena verlo.

Respecto a Steiner, pues realmente tiene mucha importancia por tres cosas:
-Es uno de los pioneros de la composición de cine: empezó pronto y fue de los primeros en dedicarse en exclusiva a ello; por eso, a veces, se le considera el "padre de la música de cine", más por su dedicación y larga trayectoria, que por sus aportaciones al lenguaje.
-Contribuyó con algunos ingenios técnicos que ayudaron a sincronizar la música con las películas (en colaboración con Carl Stalling... el Steiner de los dibus).
-Su producción fue inmesa y muy influyente (todos los años, durante más de medio siglo, sonaban dos o tres partituras suyas en los cines), y en ella nos acabó legando algunas cosas memorables, como Lo que el viento se llevó, Centautos del Desierto y otras cuantas.

Sin embargo se le critica lo repetitivo y machacón que resulta a veces, y que sus aportaciones nunca estuvieron a la altura de coetáneos suyos como Korngold (este sí que es el verdadero padre de lá música de cine... mal que le pese, porque no le gustaba el cine y sólo dedicó una década de su vida a ese trabajo), Miklos Rozsa, Bernard Herrmann o Alex North. En mi opinión ni siquiera tenía el talento de otros músicos que colaboraron ocasinalmente con Hollywood, como Copland o Virgil Thomson (pocas bandas sonoras... pero impresionantes). Ni evolucionó demasiado, cosa que otros músicos si hicieron.

Pero esto se le pasaría por alto, porque tiene cosas muy buenas y si acabó dejando cierto sello personal, de no ser que fue extraordinariamente popular y ganó muchos premios... más que los otros, con lo que se ganó la manía de algunos críticos y aficcionados.

Es un compositor importante, un poco monótono y, a veces, excesivo, pero con momentos de gran inspiración y algunas composiciones soberbias. Además, su papel en el nacimiento de la música de cine es muy relevante. No está a la altura de muchos de sus coetáneos americanos, ni de otros de otros lugares (como Prokofiev, Takemitsu, Nino Rota, Georges Delerue y muchos más), pero no por ello deja de ser un músico a recordar con agrado.

Digamos que Zimmer es el Max Steiner actual (sin ese carácter pionero)...