24 de agosto de 2011

Cuando juzgamos a una persona…

Cuando juzgamos a una persona a la que conocemos bien, deberíamos tener cuidado porque quizá es a nosotros mismos a quienes debamos juzgar. Es posible que esa amistad o allegado nuestro que se comporta de una forma determinada lo haga, sin ser consciente de ello, para agradarnos o para encajar mejor con nosotros.

 No me refiero a gente carente de personalidad. Al contrario, las personalidades ricas están llenas de matices y en cada momento pueden dejar traslucir unos u otros. Somos, aunque no queramos creerlo, adaptables y nos comportamos de distinta manera, como es lógico, según con quién estemos. Pero no solo porque la formalidad de una relación laboral exige otra etiqueta que el encuentro casual entre amigos, también dentro de esta última categoría, según cómo sea cada uno de nuestros seres cercanos, sacamos un yo u otro.

Por ese motivo, cuando estamos pensando mal de alguien por algo que ha hecho o dicho, deberíamos plantearnos, al menos como posibilidad, si esa acción o ese comentario ha estado provocado, inconscientemente, por nosotros y adoptado por esa persona sin intención. Está claro que en esa persona existía esa faceta que no nos ha gustado, no lo pongo en duda, pero analicemos si también está en nosotros.

5 comentarios:

geminisdespechada dijo...

interesante!

Anónimo dijo...

enigmático!

Luz Negra dijo...

Yo creo que esto es válido tanto para conocidos, como para desconocidos. Un caso muy común es estar presente en el encuentro de dos personas (se conociesen o no), y una de ellas se comporta de forma antipática. Y entonces recibe una respuesta acordemente antipática también. ¡Pero luego el primero te dice que el otro es un borde! Y te quedas a cuadros, porque lo que tú has visto es que la respuesta tan borde era provocada por el primer acercamiento.
Y es que muchas veces la gente no se da cuenta de su propio comportamiento. O a veces nos pasa que, si detectamos nuestros propios defectos en otros, nos causan especial rechazo (aunque consciente o inconscientemente no reconozcamos ese defecto como nuestro). Quizás porque esto de repente nos haga comprender qué impresión causamos nosotros mismos a los demás.

La navaja en el ojo dijo...

Qué buen análisis, es cierto que no siempre somos conscientes de nuestro propio comportamiento.

Anónimo dijo...

Gracias, se lo voy a mandar a mi ex-novia