Cuando juzgamos a una persona a la que conocemos bien, deberíamos tener cuidado porque quizá es a nosotros mismos a quienes debamos juzgar. Es posible que esa amistad o allegado nuestro que se comporta de una forma determinada lo haga, sin ser consciente de ello, para agradarnos o para encajar mejor con nosotros.Por ese motivo, cuando estamos pensando mal de alguien por algo que ha hecho o dicho, deberíamos plantearnos, al menos como posibilidad, si esa acción o ese comentario ha estado provocado, inconscientemente, por nosotros y adoptado por esa persona sin intención. Está claro que en esa persona existía esa faceta que no nos ha gustado, no lo pongo en duda, pero analicemos si también está en nosotros.
5 comentarios:
interesante!
enigmático!
Yo creo que esto es válido tanto para conocidos, como para desconocidos. Un caso muy común es estar presente en el encuentro de dos personas (se conociesen o no), y una de ellas se comporta de forma antipática. Y entonces recibe una respuesta acordemente antipática también. ¡Pero luego el primero te dice que el otro es un borde! Y te quedas a cuadros, porque lo que tú has visto es que la respuesta tan borde era provocada por el primer acercamiento.
Y es que muchas veces la gente no se da cuenta de su propio comportamiento. O a veces nos pasa que, si detectamos nuestros propios defectos en otros, nos causan especial rechazo (aunque consciente o inconscientemente no reconozcamos ese defecto como nuestro). Quizás porque esto de repente nos haga comprender qué impresión causamos nosotros mismos a los demás.
Qué buen análisis, es cierto que no siempre somos conscientes de nuestro propio comportamiento.
Gracias, se lo voy a mandar a mi ex-novia
Publicar un comentario en la entrada