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17 de febrero de 2006

La vida pasa ante tus ojos

Se dice que, cuando mueres, o justo antes, revives todo lo que te ha ocurrido, marcha atrás y a toda velocidad. Nadie puede corroborar esto. Probablemente poco tiene de cierto. Es posible que, si alguien sabe que se va a morir, se acuerde de algo muy importante aunque sea muy antiguo, debido a que es consciente de que todo eso se acaba, de que lo va a echar de menos. Pero no creo que se produzca la secuencia en plan flash-back montado a ritmo casi de destello subliminal que vemos en las películas. A pesar de lo poco verídico que suena, parece gustar tanto a los directores por ser un juego tan plástico, que se utiliza una y mil veces en el cine. No sólo se cae en el tópico, además se cae en un tópico que tiene más de leyenda que de verdad. Pero, como cada vez lo vemos con más frecuencia, cada vez se extiende más la concepción subconsciente de que eso es lo que ocurre.

Especialmente para algunos, debido a la larga vida que han tenido la suerte de vivir, sería imposible verlo todo en los cortos instantes que duran estos recuerdos, pues cada día tendría la duración de menos de una centésima de segundo y eso no es perceptible por el cerebro humano. Así que los acontecimientos se seleccionarían, sí, porque todos llevamos dentro a un montador que nos hace recordar sólo determinadas cosas. Lo mejor y también lo peor. O aleatoriamente, lo más absurdo que nos ha ocurrido.

Si fuera verdad que se producen estos recuerdos, ¿qué recordaríais? ¿O qué os gustaría poder recordar para siempre? ¿Creéis que, si sobrevivierais al momento en el que revivís vuestro pasado, el haber vuelto a ver todas esas imágenes os cambiaría la vida? Alguien dijo una vez que la vida es como una película mal montada. Más bien son los brutos de una película, es decir, todo el material rodado, antes de montar. Nuestros recuerdos, tanto los que teóricamente se producen antes de morir, como los que tenemos habitualmente, sí que son el montaje, bueno o malo, que nosotros hacemos de nuestra propia vida.

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