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25 de febrero de 2006

Latino.

Parece estar de moda en nuestro país, utilizar el término “latino” para designar a la persona, concepto, película, libro, canción… que provenga de una de las partes de América en donde se habla español o portugués (e incluyo aquí muchas zonas de Estados Unidos).

El vocablo viene de allí, de la propia América. Recordemos que aquélla es la tierra de las voces “políticamente correctas” y que estas voces, por políticas, son casi siempre de lo más incorrectas o, al menos, impropias. Como el decir “hispano”, “Spanish”, “chicano”, etc... resultaba muchas veces tan errado como llamar sudamericano a un mejicano, se encontró este sustituto con el que creen que no están ofendiendo a nadie y que parece que ha tenido tanto éxito que los propios hispanohablantes prefieren ser llamados así. Uno de los mayores logros de lo políticamente correcto es que las minorías aludidas se conforman con tener uno de estos nuevos términos y creen que, por ello, la discriminación es menor.

En el continente americano las opciones son comunicarse en inglés o en una de las dos lenguas citadas anteriormente. Y, dado que el inglés no proviene del latín (aunque alguien de Estados Unidos creía muy en serio que su idioma sí era lengua romance porque gastan dos o tres latinajos), la palabra “latino/a” parece suficiente distinción para ellos. Y es cierto, allí puede valer.

Lo que me parece inadmisible es que adoptemos en España, y en Europa en general, una forma de hablar que es obviamente incorrecta o, cuanto menos, insuficiente para nosotros. Podríamos llamar latinos a quienes hablan francés, catalán, gallego, italiano, rumano (esto son sólo ejemplos, que nadie se enfade porque su lengua, aunque latina, no aparezca aquí)... por supuesto también portugués y español; pero en ningún momento debería servir para distinguir de nosotros a quienes vienen de América, pues tan latinos somos nosotros como ellos (o más, ya que empleamos menos anglicismos). La mitad de Europa somos latinos, hablamos lenguas de origen romance. “Latinoamericanos”, sí, pero porque lo que los distinguiría de los europeos sería la segunda parte de la palabra, no la primera. La primera, el latinismo, el idioma, es precisamente la parte que nos une. De hecho, es que hasta los estadounidenses han acertado más en este caso e incluyen a los españoles en “lo latino”, como indica este maravilloso cartel del festival de cine latino, con el torero y la folclórica.

Si a alguien le parece un insulto decir “mejicano”, “cubano”, “colombiano”, “centroamericano”, “sudamericano” o cualquier otro de estos calificativos; no debe buscar un eufemismo y seguir pensando que es diferente o inferior quien llegue de estos lugares, simplemente debe cuestionar sus prejuicios y dejar el vocabulario en paz, que, muchas veces, es lo único correcto que tenemos.
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