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5 de febrero de 2006

Secretos compartidos (Prime)

(Publicado el 5 de febrero de 2006, a las 23:26 *)

Dirigida por Ben Younger; con Meryl Streep, UmaThurman, Bryan Greenberg y Jon Abrahams.
Se dice muchas veces que la comedia es muy difícil de hacer y a las pruebas me remito para corroborar que es verdad. Ojalá hicieran más películas como Secretos compartidos (Prime) que, sin ser una obra maestra, al menos es una comedia con la que te ríes de verdad, ágil, fresca, diferente, urbana, contemporánea, apta a un público que ya ha pasado la adolescencia. Por desgracia, una comedia así de divertida, se ve en la cartelera una vez cada uno o dos años. Habitualmente nos llega una de la mano de Woody Allen. Pero, ya que en los últimos años no estaba muy acertado y que ahora ha preferido hacer drama, nos ha faltado esa película con la que echábamos unas risas, salíamos del cine más contentos y optimistas, y estábamos seguros de haber pasado un buen rato.

No calificaría a Secretos compartidos de comedia romántica pues, si bien tiene una historia de amor como argumento central y está llena de momentos cómicos, no responde a los cánones de este género. La parte romántica es una excusa para hablar de personas, de prejuicios, de miedos. Quien triunfa o quien pierde en esta película, al final, no es el amor, son otros sentimientos que dejamos que se sobrepongan a algo que debería haber sido más fuerte. Los convencionalismos y prejuicios sociales están tan interiorizados incluso para los personajes de Uma Thurman y Bryan Greenberg, que son ellos mismos los que (¡¡¡SPOILERS SPOILERS!!!) acaban con su relación, no porque ésta no tenga futuro, sino por estar preguntándose constantemente si podrá haber un futuro. El llevar esto siempre en mente les hace comportarse de forma defensiva en la relación, les impide entregarse por completo y dejar que transcurra el tiempo para ver qué pasará. Este comportamiento es lo que provoca que salgan otros problemas, como discusiones o diferencias que, de no estar teñidas por un impedimento social, no habrían supuesto una ruptura.

Comprendemos un poco mejor que el personaje de Meryl Streep piense de esa manera, especialmente cuando se trata de su hijo. Incluso podemos entender que ejerza esa doble moral de recomendar diferentes comportamientos a sus pacientes que a su familia, pues es una reacción muy humana. Pero incluso con la desaprobación de la madre, la relación se podría continuar sin trabas. Más adelante, hasta la propia psicóloga lo ha aceptado. Que los demás, los externos a la pareja lo vean mal, no es el problema, pues contra ese desprecio se puede luchar. El verdadero obstáculo aparece cuando son los propios miembros de la pareja los que lo cuestionan.

El personaje de Uma Thurman, a pesar de que es una mujer moderna, cosmopolita, con un trabajo liberal, culta, con un aire muy juvenil para su edad, liberada y teóricamente sin prejuicios es la que tiene más asumida la creencia de que la diferencia de edad supone un problema. Lo tiene mucho más presente que la propia madre del joven, incluso con los conflictos que para ésta supone la diferencia de creencias religiosas. Rafi acaba con su relación desde un principio, desde que sabe que no puede llegar a nada por esa diferencia, desde que no se siente tranquila ni un instante mientras esté con él y deba estar justificándose ante otros. Finalmente, lo echa todo a perder escudándose en unos hijos en los que ni había pensado mientras estaba casada y que probablemente tampoco tendrá en el futuro, pues a su edad, sería raro que volviera a enamorarse y llevar una relación hasta el punto de tener descendencia antes de que sonara la alarma de su reloj biológico. Y, si los tuviera, sería forzando una relación sin amor en la cual sería mucho más inmoral traer hijos que con un chico de 23 años que aún no está preparado, pero sí dispuesto a dárselos. La relación podría haber continuado, renunciando ella a los niños o aceptando él tenerlos. Y si se estropea no es por ese tema, sino por lo difícil que resulta, incluso a personas en teoría modernas y liberadas, superar algunas ideas preconcebidas.

Esta película utiliza como ejemplo el obstáculo de la edad, pero podría darse igualmente con cualquier otro tema: la diferencia de clases sociales, la homosexualidad no exteriorizada, el miedo al compromiso en uno de los miembros, o en ambos… Si se puede sacar una enseñanza de Secretos compartidos es que en muchas ocasiones se dan demasiadas vueltas a las cosas y se plantean demasiado los problemas antes de que surjan de verdad, como ocurría en el chiste del gato. Y estos constantes remordimientos y estas “comeduras” de coco hacen que se acabe algo que podría haber funcionado perfectamente.