¿Sobre qué tema quieres leer? Tenemos (casi) de todo

Todavía hay más temas... busca aquí el que te interesa

6 de marzo de 2006

Derechos de autor

Discutía hace algo de tiempo con un amigo sobre la propiedad intelectual y sobre si se debían reclamar y cobrar los derechos de autor. Yo en general estoy de acuerdo con que se cobren, especialmente si alguien se va a hacer de oro con tu idea. Pero pueden entrar muchas cuestiones en el debate.

Michael Baigent y Richard Leigh han llevado a juicio a Dan Brown porque todas las ideas y teorías que presenta en El código Da Vinci las ha sacado de su libro Holy Blood, Holy Grail (Sangre santa, santo Grial), que escribieron junto con el historiador Henry Lincoln, que no participa en el proceso judicial. Por un lado está la cuestión de que, si no se copian tal cual algunas líneas de texto, no hay plagio. Además está el tema de que esas ideas, por sí solas estaban ya hace más de dos décadas en librerías cuando apareció El código Da Vinci y, si no hicieron con sus ventas el dinero que ahora reclaman, por algo sería. El mérito de haber vendido tanto es de Dan Brown porque ha decidido novelar estas conjeturas. A lo mejor lo que debería haber hecho Brown es proponerles hacer un libro conjunto (cosa a la cual seguro que no habrían accedido cuando el novelista no era aún famoso y millonario), pero lo que está claro es que por sí solas las teorías no iban a vender, o sea, que no han vendido, esos 40 millones de ejemplares.

Todo esto lo digo sin ninguna intención de defender a Brown porque mi opinión es que el señor no sabe escribir, y sobre todo no sabe contar una historia, no tiene imaginación y no sabe crear personajes. Pero lo que sí ha sabido hacer es tomar un material que iba a atraer a los lectores. Por lo menos ahí ha sido hábil.

Y ya que estoy hablando de este autor, me gustaría dar un toque de optimismo a los que se preocupan tanto de que este libro sea uno de los más vendidos. A lo mejor no es una mala señal, sino una buena. En realidad, El código Da Vinci está dando constantemente datos y exponiendo teorías. Esto indica que al gran público le (o nos, no sé si incluirme o hablar en tercera persona) fascina leer cosas de las que no había leído antes, aprender, llenarse de datos y de novedades. La parte de aventura mal narrada, evidentemente, no es lo que la ha llevado al top de los bestsellers, pues eso lo tienen miles de novelas. Lo que la ha distinguido es ese montón de teorías metidas en boca de los personajes. Esto es una buena señal. Habría que tenerlo más en cuenta, pues puede que sea un filón por explotar.

Y si lo que preocupa es que la mayoría de los lectores esté adocenada, pues tampoco es el caso, porque el libro desmonta los pilares de una de las religiones con más adeptos del mundo, se mete con sectas muy numerarias y puede resultar hasta blasfemo. Es verdad que se retracta al final, pero de momento ya lo ha soltado todo para quien quiera plantearse que muchas cosas de las que daba por sentadas eran mentira. Aunque se desdiga hacia el final, ahí queda eso.
(Si desea añadir un comentario, haga clic sobre la palabra “comments”. Si desea recomendar el artículo a otra persona, haga clic en el icono del sobre).