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24 de septiembre de 2006

¿Hombre o mujer?

Los escritores, analistas literarios, jurados de premios de novela o relato aseguran que con la lectura de un texto se puede saber si quien lo ha escrito es un hombre o una mujer. Y con una inmediatez y seguridad pasmosas, afirman. En su día, cuando me decían esto, me costaba creerlo y me preguntaba cuáles serían esas características de lo escrito que hicieran saber perfectamente a quien lo lee a qué género pertenece el o la autor/a.

Por entonces, una amiga mía había ganado un premio literario. Ella envió su manuscrito al concurso con seudónimo o sin firmar, no recuerdo. Luego le contaron que todas las personas que lo habían leído habían pensado que el autor era un hombre. Estaban convencidos de ello. Su conclusión era que esta chica escribía como lo hacen los machos, ¿pero creéis que es así? Yo pienso que en realidad no existen esas diferencias que comentan y que hacen ver inmediatamente si quien escribe es hombre o mujer. Los jurados de aquel premio habían dado por hecho que el autor era un hombre porque siempre se presupone (salvo que se diga lo contrario) que quien hace las cosas es hombre. Y también porque la novela estaba protagonizada por un hombre.

Te tranquilizaban, además, para que no se supusiera que su distinción se basaba en nada machista, diciendo que, si lo distinguían no era por los temas tratados, sino por algo del estilo, por una cosa que no sabían definir bien, pero que ahí estaba. De nuevo: falso. Si el libro de mi amiga se pensó que era de un hombre fue, además de por lo que he dicho, por el tema que trata. En España en los últimos años (y quizá también en otros países) se ha fomentado una literatura escrita por mujeres que se centra en temas muy concretos que se supone que, no sólo quienes los tratan deben ser mujeres, sino también quienes los leen. Esto ya es otro tema (tratado aquí), pero el que nos hayamos acostumbrado a leer una literatura femenina tan diferente en cuanto a temas a la escrita por hombres, fomenta la convicción de que en un texto se puede identificar rápidamente si hay detrás un autor o una autora. En cuanto una mujer se sale de estas premisas que se le asocian, se supone que es un hombre.

Ahora, después de llevar unos meses escribiendo en Internet con una frecuencia muy elevada y después de moverme por blogs, foros, páginas web… me doy cuenta de que ocurre como yo me imaginé entonces. Si firmas con un alias o si no dices nada sobre tu identidad, siempre que no haya una palabra sobre ti misma que hable de tu género (“estoy harta”, por ejemplo), todas las personas que lean tus aportaciones directamente presuponen que se trata de un hombre. Suelen aludir a quien ha escrito como “el autor” o, si no, cuando ya utilizan insultos, cosa muy habitual, lo hacen en masculino. Y esto me ha llegado a pasar con cosas firmadas con mi nombre, que no tiene nada de dudoso en cuanto a su género.

No quiero meterme con quienes confunden, pues a mí me puede pasar perfectamente el no saber si quien escribe algo es hombre o mujer. Lo que quiero decir es que aquello que con tanta seguridad afirman muchas personas de que, ante un texto, por breve que sea, en seguida se puede adivinar si quien lo ha escrito es del género masculino o del femenino, es falso. En Internet, el mundo de las identidades ocultas, nadie sabe de qué género es nadie. Esto puede ser una cosa buena, una cosa mala o simplemente anodina. Pero ¿qué mejor prueba de que aquella afirmación no era real que las constantes confusiones que se dan en la Web Mundial?
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