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11 de marzo de 2007

Transcripciones de idiomas con otro alfabeto

La norma dice que las palabras que provienen de idiomas que se escriben con alfabetos diferentes al nuestro, se transcribirán como suenan. Así, por ejemplo, del ruso tendríamos Chéjov, que en francés es Tcheckhov y en inglés, Chekhov.

Sin embargo, por causa de la influencia de culturas que "dominan" los medios, en ocasiones, en lugar de tener nosotros nuestra propia transcripción, adoptamos las de fuera. Antiguamente se tomaban de Francia y ahora provienen más a menudo de los anglosajones. De esta forma, casi todos los nombres asiáticos, nos llegan con una grafía que nos confunde y que nos hace pronunciar algo completamente diferente al sonido real de estas palabras.

Por ejemplo, el nombre de pila de Zhang Yimou, más bien se pronuncia Chang. Pero es la transcripción del inglés la que usamos. En el caso de este director, no sólo hemos adquirido la transcipción inglesa, sino que hasta el título de su última película, La maldición de la flor dorada, es una traducción literal del título inglés, en lugar de una traducción del chino.

Otro ejemplo sería el de la película Doctor Zhivago. ¿Qué pintan la “z” y la “h” en español? Nada. Nos lleva a pronunciarlo "Cibago" y no es eso. La pronunciación más cercana sería Yifago (no exacta, porque tampoco es una “f”, sino un fonema que aquí no tenemos, que es la “v” fricativa).
Muchas veces habremos visto que estos nombres han variado a lo largo del tiempo, como el topónimo de Peking, que ahora es Beijing. O Mao Tse-Tung que pasó a decirse Mao Zedong. Con esto se ha tratado de llegar a una transcipción más propia.

Mi reivindicación ahora mismo debería ser que cada uno tuviésemos nuestra transcipción y que éstas sirviesen para facilitar a los lectores la pronunciación de los nombres o palabras extranjeras.

Pero aquí llega el gran problema: la globalización de la información y el Internet hacen que esto sea muy difícil. Me situaré en los nombres de directores de cine asiáticos como ejemplo. Si en cada país manejásemos una transcipción diferentes, nos resultaría difícil saber si hablamos del mismo autor porque, desde nuestro punto de vista occidental, estos nombres nos suenan todos parecidos. Además, la poca distribución que tienen estas películas provoca que nuestra fuente para saber de ellas o incluso para verlas, sea la red mundial. Y, ahí, o sabemos de qué forma ha escrito el nombre quien la subió al e-mule o bajo qué transcipción aparecerá en el imdb, o no habrá manera de encontrarla.
Lo que sí se podía hacer en otras épocas y con autores de libros, en la era de Internet y refiriéndose a películas, es casi un imposible.

¿Qué habría que hacer? Quizá tratar de buscar una transcipción internacional que sirviese para todos los idiomas que utilizamos este alfabeto. Es muy difícil, no sólo porque las pronunciaciones varían un montón de un idioma a otro, sino también porque los que hablan inglés, que saben que tienen las de ganar, no verán la necesidad de adaptarse a los demás.

Tal como están las cosas, lo que ocurre es que hay que saber inglés para pronunciar los nombres asiáticos. Hay que saber a qué se refieren en estos otros idiomas cuando utilizan la “z”, la “j”, la “w”, etc… Y así resulta que nadie sabe pronunciar los nombres de estos países cuando, gracias a la regla sobre la transcipción, debería haber sido lo más fácil del mundo.

Hay personajes que ya se buscan un nombre con intención de que sea internacional y que prácticamente se pueda pronunciar bien desde cualquier idioma, por ejemplo: Takeshi Kaneshiro (en la imagen) y Jet Li. Ésta es la idea que siguieron los de Kodak cuando inventaron la marca: que en cualquier idioma se pronuncie igual.