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13 de junio de 2007

Otros títulos mal traducidos

Empezamos este blog señalando títulos de películas que considerábamos incorrectos, no porque se cometan estos fallos más a menudo en los títulos, sino porque es la única parte del guión de una película que el público en general suele conocer en sus dos idiomas. Antiguamente era más difícil que se supiese cómo se titulaba una película en el original, sobre todo si se hacía un grafismo en español y se borraba de la copia su nombre originario. Pero hoy en día, con el Internet y la costumbre de no traducir la mayoría de los títulos o de conservar su versión original como título principal y añadir la española sólo a modo de subtítulo, es lo más normal. Por ello son los ejemplos que mejor nos vienen para indicar dónde se cometen esas equivocaciones.

La expresión “Hidden Agenda” en inglés significa tener segundas intenciones, unas intenciones ocultas y, generalmente, aviesas. La película Hidden Agenda (1990), de Ken Loach, se tradujo aquí con el torpísimo y absurdo título de Agenda oculta. En el film, nadie tenía una agenda, lo que ocurría era que el gobierno había dado una falsa información sobre un atentado, con la intención — secreta y traicionera — de templar los ánimos. La única posibilidad es que, como en tantos términos políticos y económicos, se haya adoptado el anglicismo y haya gente que lo utilice en español traducido literalmente, pero incluso de ser así, sería incorrecto.

Similar es el caso de Cortina rasgada (Torn curtain, 1966), de Alfred Hitchcock, que sí tenía el sentido, como podemos ver en los carteles, de un cuchillo rasgando tela; pero que más que nada se refería al telón de acero.

Homicidio, de David Mamet, viene de Homicide (1991), lo cual se refiere más a menudo a “departamento de homicidios” que a “homicidio”. El término que más habitualmente se utiliza en inglés para designar un “homicidio” es “manslaughter”. El título original del film tenía la intención de reflejar la confusión que sufre el propio protagonista de la película y utilizar dos sentidos de “homicide”, el de la sección de la policía y el del delito. Sin embargo, la traducción se ha quedado sólo con uno de los dos sentidos y ha perdido ese juego de palabras. Sé que el juego no se podría haber mantenido, no había traducción posible con los dos significados. Pero, ya que no había más remedio que elegir, considero que la elección ha sido errónea. Y más aún, sospecho que probablemente no fue cuestión de escoger mal, sino de que desconocían que el empleo más habitual de “homicide” en el habla de EE. UU. es el del departamento policial. En mi opinión, puestos a quedarse sólo con una de las dos acepciones, la más cercana al contenido de la película sería la de “departamento de homicidios”. Es cierto que suena más vendedor el título que se le dio en nuestro país, pero al mismo tiempo, contribuye más a la decepción que supone el final de la película donde se ve que de lo último que iba el film era de un caso de asesinato. Por lo tanto, el título español es engañoso.

En otro film posterior y mucho peor de calidad, la persona que hizo la traducción sí tenía más calidad y supo qué quería decir este término: Hollywood Homicide (2003), de Ron Shelton, sí se tradujo como debía ser: Hollywood, departamento de homicidios.

Ya hablamos en su momento de ¿Qué me pasa, doctor?; Ladrón de bicicletas; Cosas que diría con sólo mirarla; El gabinete del doctor Caligari; El amor después del medio día; Yo te saludo, María; y de muchos otros. Casos en los que consideramos que la traducción es incorrecta debido a que, quien la llevó a cabo, no conocía lo suficientemente bien el idioma de origen.

Muy diferentes serían aquellas decisiones que toman las distribuidoras, por las cuales titulan al film con algo que no es una traducción directa del nombre original. Con ellas muchas veces estoy de acuerdo, por ejemplo Rear Window (ventana trasera) está mucho mejor como La ventana indiscreta. Estoy de acuerdo porque respetar la intención del autor original en una traducción no siempre pasa por ir a lo literal. Lo que en un país tiene sentido para todo el público, en otro puede no significar nada. Y respetar la intención del autor consiste en buscar el equivalente que haga el mismo efecto en los espectadores — lectores o receptores del medio que sea — de donde se presenta la versión traducida. En muchos otros casos, como el flagrante Rosemary’s Baby traducido por La semilla del diablo estoy muy en desacuerdo, especialmente porque te está desvelando cosas de la película. Sobre La jungla de cristal (Die hard), caso que es el que más llama la atención, hablaré en una próxima entrada.

Más recientemente, el problema con las decisiones no suele ser el que el título sea demasiado diferente, sino demasiado similar, es decir: que ni se molesten en traducirlo o que hagan el absurdo de lanzar en España un título en inglés, cuando la película está rodada en otro idioma.