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28 de junio de 2007

¿Por qué discutimos en Internet?


Desde que publico en Internet me he encontrado sumida en discusiones absurdas. La mayoría de las veces, mis respuestas a los comentarios que se me dejaban no eran otra cosa sino vanos intentos por aclarar qué había querido decir o por resolver malentendidos.

Gracias a un enlace que me facilitó la mosca cojonera, he podido ver que es algo bastante habitual. En este estudio se llegó a la conclusión de que sólo en un 50 por ciento de las veces somos capaces de interpretar correctamente con qué tono se ha escrito un e-mail que hemos recibido. Probablemente, esto ocurrirá con más frecuencia aún en las entradas de blogs, ya que en estos casos, además no solemos conocer a los autores de estos posts.

No sólo en cuanto al tono — sarcástico o serio—, también en muchos otros aspectos he encontrado que se han interpretado mal mis intenciones. Lo más habitual, según me ha parecido observar, es que quienes comentan ni siquiera se lean el contenido de la entrada o no lo hagan de forma íntegra o con la suficiente atención, sino que vayan directamente a dejar su protesta por algo ante lo que ya están predispuestos a ofenderse. Cuando son tales los casos, no sirve de nada tratar de aclarar las intenciones de una o intentar acabar en buenos términos.

Hay personas a las que les gusta fomentar esta falta de entendimiento, como trolls de sus propios blogs, pues así aumentarán el número de comentarios. Personalmente, disfruto un debate bien argumentado en el que mi interlocutor/a y yo nos llevemos, si es necesario, la contraria al 100 %; pero no soy partidaria de esas protestas sin sentido y esas ofensas ante cosas que no se han dicho.

Tras las grandes disputas y los muchos meses publicando con gran asiduidad para este medio —en un blog con miles de visitas diarias—, en lugar de aprender a escribir mejor gracias a la práctica, mi evolución ha consistido en tratar de adelantarme a cualquier pega o de dejar siempre claro que quiero decir una cosa y no otra. Es un poco triste, a la par que resulta cansino. Pero no veo que tenga solución, salvo ignorar por completo a aquellos que replican.

¿Indica esto que el medio escrito no es suficiente para transmitir tonos o intenciones? No tendría por qué ser así necesariamente. Quienes llevan a cabo el estudio se quedan en la estadística y no tratan de encontrar una causa. Pero sería bueno encontrar, no sólo la raíz, sino también la solución.

Me parece algo feo tener que recurrir a los emoticones para que la persona que está al otro lado sepa que vas en broma o entienda tu estado de ánimo. Pero reconozco que prefiero utilizarlos antes de arriesgarme a expresarme de forma equívoca.