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3 de junio de 2007

Sobre los acentos (II parte)

Huelga decir que coincido con todo lo que ha expresado mi compañero de blog, Jalop, en el artículo que precede a éste. También con lo que han comentado algunos de los lectores, como por ejemplo, la dificultad de encontrar un acento equivalente y el riesgo de caer en lo políticamente incorrecto que muy bien se ilustra con el ejemplo del acento escocés para los campesinos.

En algunas ocasiones, por fuerte que sea el acento, lo máximo que estamos perdiendo es algún rasgo de la caracterización del personaje y quizá uno o dos chistes o comentarios, como sería el caso del médico australiano de “House”, cuyo acento es impresionantemente marcado, pero que en el doblaje no se ha trasladado, pues resultaría fuera de lugar y, además, no existe equivalente.

En otras ocasiones se pierde mucho más que un mero matiz y en éstas sí que considero que se debería haber hecho el esfuerzo de trasladar, de una forma u otra, el acento. Es especialmente evidente cuando no se trata de la forma de hablar del actor —sería el caso de Chase en “House”— sino de una imitación que está llevando a cabo el propio intérprete. En estos casos estamos echando por tierra todo un trabajo de investigación y preparación y nos estamos comiendo algo que, si se hizo a propósito, sería que tenía una intención. El ejemplo más grave que se me ocurre es la espléndida caracterización del neoyorquino Martin Landau en el papel del centroeuropeo Bela Lugosi en Ed Wood. Me pregunto si el no trasladar el acento al doblaje se debería a que ni siquiera se darían cuenta los que adaptaron y dirigieron el trabajo o a un miedo excesivo a ser políticamente incorrectos.



Hasta no hace mucho, la incorrección política era algo que no preocupaba a nadie y de ahí salieron doblajes con acentos vejatorios, como los de los negros en Lo que el viento se llevó. Muy discutible es lo que se hizo, pero el no haber mostrado una manera de hablar diferente a la que se puso habría resultado también incompleto. Hoy en día, la mayoría de los negros estadounidenses tienen un acento muy diferente al que tienen los blancos y, sin embargo, en los doblajes no se muestran estas disparidades por miedo a que parezca insultante. Como mucho, el vocabulario elegido en la traducción será más coloquial. ¿Sería bueno doblar con acento? ¿A cuál le ponemos el neutro y a cuál el forzado? Lo encuentro peliagudo.


Me pregunto, por ejemplo, cómo doblarán al personaje de Tracy Jordan en la serie “30 Rock” —que he visto anunciar que se va a empezar a emitir en España con el título de “Rockefeller Plaza”—, pues su pronunciación no se parece en nada a la de los personajes blancos de la misma serie ni tampoco a la de otro negro con diferente actitud ante la vida.

Partiendo de estos ejemplos, podríamos distinguir dos tipos de acento: los de personas que hablan un mismo idioma como lengua materna, pero son de diferentes lugares o extracciones, y aquellos que tienen los que hablan una lengua que no es su primer idioma. En aquel caso las complejidades de traducción son enormes, como ya se ha comentado en el artículo anterior, especialmente por la dificultad para encontrar un equivalente. Y ahí tenemos pérdidas como los británicos en películas americanas y viceversa, que son una pena. Pero salvo una imitación como la ya mencionada de “El gordo y el flaco”, otra cosa sería rara.

En el caso de los acentos de otro país, no debería entrañar problema alguno trasladarlos a la traducción. Existen, sin embargo, ocasiones en las que el hecho de que las personas tengan estos acentos extranjeros es algo políticamente incorrecto, pero de la propia película en su versión original. Me refiero a aquellos films ambientados en países de habla no inglesa, pero rodados por anglosajones. Su solución cómoda y chovinista suele consistir en que hablen inglés como convención, pero suponiendo que están hablando su propio idioma. Y lo más chocante de esto es que, como consecuencia, los que hablan su propio idioma lo hablan con acento, pues suelen ser actores del lugar, y los que están hablando un idioma extranjero, pronuncian a la perfección. ¿Cómo se puede traducir un desaguisado tal? Quizá la opción que se suele tomar de eliminar todos los acentos sea la más acertada.

Sí encontraríamos un problema en los casos de acento por cambio de idioma cuando en el original se tratase de personas de habla hispana que lo que prouncian con acento es el inglés. Es decir: lo que hay en un altísimo porcentaje de los films estadounidenses. Esto da pie a una de las cosas más ridículas del doblaje: dos personas hablan el mismo idioma y no se entienden. En el original, uno estaba hablando inglés y el otro español, pero ahora todos hablan castellano. Quizá aquí lo que habría que hacer es, como en Los Goonies, fingir que su idioma es el portugués o el italiano… mejor portugués, pues así podrían seguir siendo de Latinoamérica, aunque incluso con idiomas tan similares al español, puede chocar que no se entiendan.

Pero no sólo se producen esos momentos absurdos, también se cae en una situación un tanto incorrecta políticamente. Se trata de esas ocasiones en las que los nativos norteamericanos (y no me refiero a los indios) hablan un castellano impecable, mientras que las personas cuyo idioma es el español, lo hablan con dificultad, con incorrecciones o con acento. Sé que la solución no es fácil. Sé que ponerles acento a los personajes principales, estadounidenses de varias generaciones, no tendría sentido. Tampoco sería realista que alguien de Cuba, Colombia, etc… hable como hablamos en España. Pero el caso es que el resultado se oye muy chocante, ya que alguien que no sabe siquiera español lo habla mejor que otros que lo conocen desde la cuna. Probablemente, lo menos malo —pues no habría una solución a la que pudiésemos llamar “la mejor”— sería que nadie tuviese acento. Recalco lo que hemos mencionado ya en numerosas ocasiones de que en este blog nos referimos a los doblajes que se hacen en España para España.

Ahora que nuestro idioma se va extendiendo mucho por EE. UU., los angloparlantes de allí cada vez utilizan más expresiones nuestras: “adiós, amigo”, “mi casa es tu casa”, “hasta la vista”, “solo”, “nada”, “mañana” y un larguísimo etcétera. Dejar en español estas expresiones a la hora de traducir es correcto, pero bastante más soso que el original. Votaría que se hiciese como en Terminator: buscar otro idioma y dar con un “Sayonara, baby”, que tiene su gracia y que, como todos sabemos, es la traducción de “Hasta la vista, baby”. El caso que, hasta ahora, más gracia me ha hecho de empleo del español en un diálogo en inglés es uno de “Urgencias”, en el que Romano, el doctor bajito, calvo y cabrón, muy enfadado y hablando de un bebé neonato que tenía pocas probabilidades de salir con vida, dijo: “We could send her to Santa Niña Muerta Hospital”.

La conclusión a la que llego después de tanta crítica es que hay ocasiones en las que trasladar un acento resulta muy difícil por culpa de que no hay equivalencia o por riesgo de caer en lo políticamente incorrecto. Sin embargo, hay otras en las que el acento se marca a propósito en el original y el eliminarlo es como si quitásemos a sabiendas unos minutos a la película. Aquí sí entraría lo que solemos criticar en este blog: el desconocimiento. Muchas veces ni se habrán dado cuenta de que ese personaje tenía o ponía un acento. Y, si bien las decisiones siempre son subjetivas y discutibles, los fallos por despiste o falta de preparación sí merecen ser señalados.

Se podría decir que la solución es que las películas se vean siempre en versión original subtitulada. Pero ni muchísimo menos esto es una solución. Más bien al contrario. Para que el público percibiese detalles como frases hechas, acentos, entonaciones y canturreos al hablar, tendría que conocer el idioma en el que se ha rodado la película tan bien como el suyo propio. Y ese público no existe. Quien vea una película en versión original rodada en un idioma que no conoce, adquirirá conciencia de muchísimos menos de estos matices que si la viese doblada.