¿Sobre qué tema quieres leer? Tenemos (casi) de todo

Todavía hay más temas... busca aquí el que te interesa

16 de junio de 2007

Una defensa de los doblajes creativos

Hace poco publiqué un chiste de Mauro Entrialgo sobre las traducciones. La viñeta que hablaba de los doblajes contenía una protesta por la falta de incultura de quienes traducen o adaptan. Esto último lo hace el o la director/a del doblaje, no el/la traductor/a. Considero que tiene muchísima razón y que para traducir no sólo habría que tener un conocimiento amplísimo del idioma del que se parte —no hace falta mencionar que del de destino también e incluso superior—, sino también conocimientos sobre la cultura en la cual se enclava la obra de origen. Muchos doblajes están mal hechos por falta de cultura, no de conocimientos del idioma.

Sin embargo, me gustaría salvar de esta quema los doblajes que a propósito sustituyen y algunas de las referencias por otras más propias de nuestro país. Es decir, los doblajes creativos. En la mayoría de los casos, me parece perfecto hacerlo así. Entrarían aquí adaptaciones como las de “El prínicipe de Bel Air” o “Will y Grace”, serie bastante mediocre, por otro lado, que mejora mucho gracias al mismo doblador que interpreta a Smith, que parece tener la exclusividad en cuanto a personajes que se llaman William. Otro buen ejemplo serían los subtítulos de gaymelilla.com de “Queer as Folk”. Llevándolo al extremo, se podrían mencionar los doblajes de la TV gallega, de los que se habla en este artículo.
Por supuesto, defiendo la traducción libre de Austin Powers II. Lo único malo del doblaje de esta película fue culpa de la censura: el subtítulo, The Spy Who Shagged Me, se iba a traducir como La espía que m’amó, pero obligaron a poner esa tontería de La espía que me achuchó. La traducción literal de"To Shag" es "achuchar", pero es la expresión que se utiliza en Gran Bretaña para decir "follar".

Quizá habría que hacer capítulo aparte de Una familia tronada, de Dick Maas. El doblaje es una auténtica fiesta, con la imitación de los pijos y de los macarras. Estoy segura de que, si hubiese visto esta película en holandés con subtítulos, no me habría reído ni la décima parte de las veces. Cometen el error que mencionaba Jalop en otro artículo de llamar “Güin” a un tal Wim. Pero como eso está puesto en boca de los barriobajeros casi parece que se dice a propósito. Con frases como “venirse a bañarse toos esta noche a la piscina” quizá se lleve mi medalla de oro al doblaje.

En estos caso no se trata de desconocimiento, sino de una conciencia de que al público español no le puede causar el mismo efecto que al del país de origen, lo cual, es completamente lógico. Una buena traducción es la que logra que el receptor (espectador, lector, oyente…) obtenga una misma experiencia en un país que en otro. Así que el haber cambiado muchas de estas referencias seguiría esta intención.

Hay cosas que son cultura, como los grupos de música, los escritores, etc… cultura universal. Y en esos casos sí que es cierto que, como decía Entrialgo, muchas veces se eliminan de los doblajes por ignorancia de quienes llevan a cabo la adaptación y no por pensar en el público, pues lo más seguro es que el público sí los conozca. Sin embargo, existen otras referencias que no se conocen por cultura, sino por uso. Serían el equivalente de exigir que un estadounidense supiese lo que es el Carrefour o el programa televisivo “Aquí hay tomate”.

Pensar que conocer estas referencias norteamericanas es cultura y que eliminarlas cuando se hace un doblaje es algo cateto me parece muy condescendiente. Además de que me da la sensación de que esta opinión lleva implícita un ansia por presumir y que la verdadera intención no es reivindicar que se mantengan las referencias, sino alardear de que se conocen, pero sabiendo muy muy de sobra que la mayoría de los lectores las ignoran. Por lo tanto, quienes se quejan de estas adaptaciones al mismo tiempo están haciendo patente, sin admitirlo, que de lo que hablan es algo exclusivo y elitista. Ya que, si se tratase del Burger King o de la ropa deportiva Nike, nadie levantaría la voz para protestar por su eliminación de un doblaje, pues a nadie le serviría esta protesta para presumir de conocerlas. Llegar a estos niveles es papanatismo porque, además, la defensa suele ser sólo de las referencias de EE. UU., no de Burkina Faso o de Lichtenstein.

Los doblajes creativos, además, son los que menos boletos tienen de cometer fallos como los que hemos señalado en muchas de las entradas de este blog, que consisten en hacer traducciones demasiado literales, por ejemplo, eso de “te voy a patear el culo”. Si se han inventado que el personaje diga: “te voy a dar collejas de aquí a Cuenca”, ya tenemos la garantía de que no habrá una frase tan antinatural como la primera.


Adaptaciones que hoy en día no son necesarias

Es curioso cómo algunas referencias que hace unos años había que trastocar hoy en día ya nos son tan propias como puedan ser allí. Probablemente esto es un síntoma de la colonización que estamos sufriendo.

Por ejemplo, cuando se dobló Regreso al futuro, película de 1985, se cambió la mención de Calvin Klein del original por Levis Strauss. Esto aparecía en una escena en la que el protagonista, Marty McFly, había viajado a 1955. En aquella época en EE. UU., al igual que en 1985 en España, no se conocía la marca de ropa Calvin Klein. Además de que la marca no se conocía, nadie se planteaba llevar escrita la firma de un modista en letras gigantescas en la goma de los gayumbos. El demostrar el absurdo de esta tendencia es uno de los buenos chistes de la película. Cuando la madre de Marty, que en ese momento tenía su edad, lo encontraba sin conocimiento, leía este nombre de pila en sus calzoncillos y pensaba que era su propio nombre. Cuando el protagonista despertaba, ella se refería a él como Calvin. En español, como Levis. En su día fue una adaptación buenísima, pero en nuestra época no habría hecho falta.

Así ha ocurrido con una cantidad enorme de referencias. El Starbucks, por ejemplo, es un lugar que, hasta hace un par de años, sólo existía allí.

Y posiblemente ocurrirá que lo que hoy en día todavía no se conoce y hay que cambiar en el doblaje, dentro de nada formará parte de nuestro universo tanto como El Corte Inglés. El film Harold and Kumar go to White Castle lógicamente no se ha traducido literalmente, sino con el bello título de Dos colgaos muy fumaos. Aunque ya que era una especie de secuela de Colega, ¿dónde está mi coche?, la podrían haber traducido como Colega, ¿dónde está mi maría? White Castle es una marca de hamburguesas muy pequeñitas, de las que te tienes que comer casi media docena para quedar lleno/a. Aquí no hay establecimientos de esa marca, de momento. Y, aunque del film no se pueden retirar las imágenes en las que se ve la hamburguesería, del título sí han hecho muy bien en quitarlas. Pero quién sabe si un día ya no será necesario.

Ya que he hablado de Dude, where is my car?, me cuesta trabajo no mencionar la patochada de traducir el libro de Michael Moore Dude, where is my country? como ¿Qué han hecho con mi país, tío? Esto sería una demostración de falta de cultura de las que hablaba más arriba. El libro de Moore parafraseaba claramente el título de la película protagonizada por Ashton Kutcher, así que la única buena traducción sería Colega, ¿dónde está mi país?