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10 de julio de 2007

Aquí, en Europa, también somos latinos

Escribir sobre un tema como el que me ocupa es de lo más peliagudo y peligroso. Sé por experiencia que saltarán muchas voces ofendidas que no hayan comprendido bien cuál es mi reivindicación o que hayan interpretado en mis palabras algún tipo de discriminación, inexistente aquí, donde lo que estoy diciendo es justo lo contrario. Les ruego que se fijen bien en lo que digo antes de comentar de manera airada. No les pido que no me lleven la contraria, pues me parecerá perfecto que me desmonten con argumentos lo que voy a decir, lo que pido es que no se ofendan ante algo que no está contenido en esta entrada, sino que es fruto del malentendido.

En EE. UU. se utiliza el término “latino” para referirse a las personas, creaciones, cosas, etc… que provienen de Latinoamérica.

Cuando los productos, ya sean audiovisuales, editoriales o de cualquier tipo, en los que se incluye este término, llegan a Europa; como siempre, sin pensar y sin evaluar lo que estamos haciendo, tomamos este préstamo y también aquí, en Europa llamamos “latinos” a estos objetos o personas. No sólo el préstamo llega a través de películas y publicaciones, también lo importan esas mismas personas que vienen de Latinoamérica.

En EE. UU., es decir, entre las personas de habla inglesa, tiene sentido llamar “latinos” a los latinoamericanos porque ellos también son americanos y, puestos a tomar una forma abreviada de este larguísimo término, hacen bien en escoger la primera parte. De latinoamericanos se quedan con la primera mitad: latino. Y excluyen la segunda: americanos.

¿Qué ocurre con esta elección en Europa? Ocurre que no tiene el más mínimo sentido tratar de hacer la distinción con personas de otros países basándose precisamente en lo que tenemos en común. En España tenemos en común el idioma. Pero es que en otros países, aunque no se tenga el mismo idioma, la raíz latina de éstos sí que es un factor de coindicencia.

En España, Francia, Portugal, Italia, Rumanía, Andorra, parte de Bélgica, parte de Suiza, etc… SOMOS TAMBIÉN LATINOS. En estos países todos hablamos lenguas que provienen del latín. Así que somos igual de latinos que los latinoamericanos.

Si en EE. UU. y en Canadá han tomado la primera mitad de la palabra latinoamericano para hablar de personas que vienen de más al sur que sus fronteras, lo lógico sería que aquí en Europa tomásemos la segunda mitad: americanos. ¿Qué ocurre? Que con este término ya se han quedado los estadounidenses, se han apropiado de él. Despojémoslos. O, si eso ya sería luchar contra una costumbre de muchos años, utilicemos entonces algo largo y tedioso y digamos latinoamericano completo o todos los equivalentes: sudamericano, suramericano (aunque esto excluiría a México y a los países de Centro América), hispanoamericano (aunque excluimos a los brasileños)…

Decir en muchos países de Europa y especialmente en España “latino” tiene menos sentido que cualquiera de los términos que hemos criticado hasta ahora en este blog. Pero parece que se hubiese convertido en una denominación de origen y ya se usa para vender CDs de música, películas, conciertos…

Los latinoamericanos que han vivido en EE. UU. o que conocen mucho aquella cultura se identifican tanto con este apelativo que hasta lo reivindican como algo agradable —sí, quizá tienen razón, pues lo ven mejor que otras formas de referirse a ellos que tenían hasta ahora los estadounidenses— y por lo tanto les molesta que se diga que aquí en España no tiene sentido que se les llame así. Piénsenlo un poco. No estoy profiriendo insultos. Todo lo contrario. Estoy encontrando algo que nos une y que por lo tanto no puede servir para distinguirnos a unos de otros.

En inglés se ha introducido el término “latino” como parte de su vocabulario. Sin embargo, de una manera que me resulta muy peyorativa, aunque esto sí que puede ser sólo una sensación mía. Al igual que con el gentilicio “Filipino” —con f y acabado en o en inglés—, estas palabras tienen la terminación española del masculino singular. No tienen una terminación y grafía inglesa, que sería lo lógico: Latin o Philippine. Así se darían expresiones como ”Filipino Women”, plural femenino con un adjetivo masculino singular. Me parece muy bien que adopten nuestras declinaciones, pero entonces que lo hagan bien, pues si acaso hablan en plural, de varias personas latinas, dicen “latino”. Eva Longoria en “Mujeres desesperadas” reivindicaba: “We are not Italian. We are latino”, porque así es como se dice en inglés. Si lo van a adoptar de forma tan incompleta, que no lo adopten y digan “latin”, en inglés.

Pero esto ya es otra cuestión. Mi comentario se refiere al absurdo de utilizar la palabra “latino” en países que también son latinos para hablar de personas de fuera de estos países. Sé por qué se hace: casi siempre son operaciones de mercadotecnia. Para vender discos, para vender lo que sea.

Pues no tendríamos por qué adoptarlo en el habla común. No tendríamos por qué caer en algo tan absurdo. Al igual que me ocurrió cuando hablé de cómics y tebeos, parecía que quería ir en contra de una tendencia ya establecida. Pero no es así. La introducción de este término en nuestro continente es muy reciente y se ha extendido gracias a los medios de comunicación. Así que más bien lo que hago es ir en contra de aquellos que tratan de cambiar la tendencia ya establecida. Sé que tendrá poco efecto, pero por lo menos, aquí queda.