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24 de julio de 2007

Lo de que las niñas japonesas se prostituyen no era una leyenda urbana

Por mi afición a Takeshi Kaneshiro, protagonista de Chunking Express o de La casa de las dagas voladoras, Vicisitud y Sordidez me bajó una serie japonesa que interpreta este guapísimo actor: “Kamisama Mousukoshi Dake” (1998).

Lo primero que tengo que subrayar sobre la serie es que está creada para un público japonés, más concretamente para adolescentes niponas, es como el “Al salir de clase” de allí. Es decir, que no es un producto pensado para el público occidental con idea de alimentar el morbo sobre este tema.

El primer y completísimo capítulo muestra cómo la protagonista, Kyôko Fukada, gran admiradora del personaje de Kaneshiro, es decir, un compositor famoso, está loca por acudir a uno de sus conciertos. Aunque al principio tiene suficiente dinero como para comprar la entrada, se la olvida en una cabina telefónica, así que se verá en la coyuntura de aceptar o no prostituirse para conseguir de nuevo los 30.000 yenes que cuesta el tícket.

Lo más chocante es que la posibilidad de vender su cuerpo adolescente no la plantean como algo atroz e impensable, sino como lo que hacen todas las jóvenes de su misma edad. Se introduce como uno más de los obstáculos que debe superar Masaki para llegar hasta su ídolo. Con este impedimento, el momento en el que los dos se conocen tendrá aún más mérito y dramatismo. La protagonista tiene una conversación con su mejor amiga en la que dice: “Todas nuestras amigas lo hacen. ¿Seremos tontas por no querer prostituirnos también nosotras?” Antes de eso habíamos visto cómo otras compañeras de clase lucían caros monederos o zapatos de marca y se dejaba entrever que los habían comprado gracias a acostarse con viejos.

Así que Masaki, ni corta ni perezosa, decide que era una tontería dejar escapar esa posiblidad y se ofrece a un señor que, aunque no es viejo, es bastante feo. Pero ella no lo pasa tan mal mientras se acuesta con él y determina que no ha sido prostitución y que no debería cobrarle, claro que luego ve que le hace falta el dinero. La que más sale beneficiada es la amiga, que va al concierto invitada por Masaki.

Las peripecias se siguen sucediendo sin bajar el nivel en ningún momento. Podéis descargaros la serie, que tiene subtítulos en castellano incrustados hasta el capítulo 5, y para la que se pueden encontrar subtítulos no incrustados del resto de los capítulos en e-mule.

Si no la queréis ver, os cuento: tras el concierto, Masaki y su amiga van en un taxi y, en un semáforo, el coche del compositor se detiene junto al de ellas. La protagonista, emocionada, se baja del vehículo y persigue a su ídolo, pero rebasa el coche sin que sepamos bien qué hace. Sube a un puente de los que hay para que los peatones crucen las autopistas y, cuando parece que se va a suicidar, despliega una pancarta en la que dice: “Keigo, te quiero”.

Ante tal esfuerzo, el compositor se la lleva a su hotel y ya os podéis imaginar lo que ocurre. Y aquí llega el impactante final de capítulo, ya os dije que era muy completito y también que había SPOILERS: Masaki acude a donar sangre y una doctora le avisa de que tiene el SIDA. La prostitución le ha costado un precio caro. Pero la tragedia va todavía más allá, ¿Le habrá contagiado el virus a su ídlolo, Keigo Ishikawa?