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28 de octubre de 2007

Cuando el día se acorta, nos quitan una hora más

Esta noche hemos cambiado la hora, una medida se toma con una teórica intención de ahorrar energía, sin embargo, es un ahorro falaz.

Se piensa en personas con trabajos con horario fijo y que no cubren el turno de noche, por tanto, sobre esos horarios hablaré: en las oficinas u otros lugares de trabajo, por mucho que haya claridad exterior, estoy segura de que se enciende la luz artificial desde el mismo instante en el que se comienza la jornada porque los gastos que se le puedan ocasionar a la empresa siempre son bienvenidos y disfrutados por los empleados.

Además de eso, suponiendo que haya personas muy concienciadas, lo que menos gasta de una oficina son las bombillas, pues ahí tenemos ordenadores, impresoras, fotocopiadoras, máquinas de café… y ya no digamos en las fábricas o en las obras donde, además de que es raro que haya grandes ventanales, la maquinaria gasta tanta energía que el ahorro en luz es pírrico.

Aceptando incluso que suponga un ahorro, nos estamos olvidando de la parte más importante: en España copiamos la medida del cambio de luz de otros países. En todos los demás países del mundo los horarios son muy diferentes a los nuestros, ya que no hay pausas para comer de dos o tres horas, sino de aproximadamente media y que forman parte de la jornada laboral. Por lo tanto, en todos los demás países, se termina el trabajo sobre las 17:00 horas. En España, seguimos hasta las 20:00 ó 21:00 y por ello, para ahorrar una hora de iluminación artificial por las mañanas, se están añadiendo dos o tres de gasto obligado de esta energía para continuar el trabajo a partir del anochecer. Con lo cual, no sólo no se ahorra, sino que se gasta más.

Pero como ya decía, el ahorro que pueda suponer la luz eléctrica comparada con la serie de máquinas que hay en las empresas es mínimo y el problema lo veo más en la parte psicológica de la cuestión. Por mucho que adelanten el amanecer, casi nadie que tenga un horario normal se levanta de día. E incluso aunque nos levantásemos y viésemos el sol entrar por nuestra ventana, la pereza mañanera no nos la quitaría nadie. Ir a trabajar es algo que no vamos a hacer con excesiva felicidad esté como esté el cielo.

Sin embargo, lo que se garantiza casi con seguridad es que se salga del trabajo de noche. Y eso es de lo más deprimente. Da la sensación de que has perdido tu día entero en las obligaciones, de que has pasado muchas más horas de las que realmente has dedicado. Y sales de currar sin ganas de nada. De nuevo hay que tener en cuenta lo que dije antes: la medida del cambio de hora se copia de países donde los horarios son completamente diferentes. Los trabajadores salen a las cinco de la tarde y, aunque se haya hecho esta modificación horaria, siguen saliendo de día. Y la sensación es otra.

En nuestro país, todo está inventado para que siga siendo de día hasta las ocho o nueve de la tarde. Se sale del trabajo sobre esa hora, las tiendas cierran a las 20:30, el prime time televisivo, es decir, la hora de cenar, no llega hasta las diez de la noche… Hasta en el vocabulario tenemos esto muy asentado. Mientras en otros idiomas a las seis o las siete PM ya las llaman “noche”, nosotros no podríamos concebir llamarlas otra cosa que no fuese “tarde”. Somos un país muy exterior, al que le gusta estar en la calle, al que le gusta divertirse. Éstas son las ventajas que ofrece España, a cambio de una serie enorme de desventajas, entre las que están la ya mencionada dos veces sobre los horarios. Si nos quitan ese disfrute, convierten el invierno en una época gris de la que sólo deseamos salir cuanto antes.