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11 de octubre de 2007

También las novelas pueden tener traducciones poco adecuadas

Ya que últimamente nos hemos puesto muy literarios, comentaré algo que me ha parecido curioso.

Se trata de una noticia acerca del libro The Catcher in the Rye, de J. D. Salinger, en España conocido como El guardián entre el centeno. La obra es famosa por tener, por primera vez, una voz en primera persona de un adolescente que escribe en registro coloquial. En su momento, se realizó una traducción y ahora, la misma traductora, Carmen Criado, ha llevado a cabo una revisión del texto para actualizar este lenguaje coloquial.

Encuentro muy loable que traductora y editores se tomen tanto interés en la obra como para financiar una nueva edición con intención de dar una traducción más acertada. Y, a pesar de eso, si se tratase sólo de actualizar el lenguaje a nuestros tiempos, la revisión me parecería innecesaria, ya que el original, del año 1951, no se ha modernizado y el lenguaje es de entonces.

Pero parece que no es ése el motivo, sino que, según he podido leer, a aquella traducción le podría haber ocurrido como les pasa a algunos doblajes: que el estilo se había elevado con la elección del vocabulario. De nuevo, igual que me ocurría con Nineteen Eighty-Four, me encuentro en la imposibilidad de verificarlo por mí misma— en aquel caso porque el ejemplar que poseo está el inglés y en esta ocasión porque en 1997 tomé prestada de la Biblioteca de Filología la edición de Penguin— pero me han comentado ejemplos de expresiones y es cierto que ni siquiera en aquella época eso era lenguaje de un chaval de diecisiete años. En concreto, me dijeron que el “cretino” de entonces se ha actualizado por “gilipollas”. Y es que ese “cretino” es algo que sólo hemos escuchado en las películas, o sea, en los doblajes.

Así que se podría concluir que la literatura no está tan libre como a veces hemos pensado de lo que criticamos como fallos de traducciones para el audiovisual. Para confirmar las sospechas, encuentro muchas críticas negativas a la traducción antigua y algunos comentarios que califican la versión española de “casi ilegible” y que aseguran que las expresiones no eran ni juveniles ni coloquiales.

No niego que se trate de una traducción dificilísima. Mi intención no es criticar la labor de Criado, que ni siquiera he leído. Si comento el hecho de que se haya decidido volver a traducir es porque me resulta, como he dicho, curioso.

Y porque me sirve para apoyar lo que apunté en un comentario tras la entrada de 1984: quizá si en los doblajes percibimos traducciones menos adecuadas no sea únicamente porque se hacen con menos tiempo y más desidia, quizá también se deba a que siempre son diálogos y, por lo tanto, siempre se necesita un lenguaje coloquial. Y este lenguaje se domina menos en el gremio de los traductores que el culto. En las novelas, aunque haya diálogos, el grueso de la obra serán las narraciones y las descripciones. Así que, por poco adecuado que sea el vocabulario elegido para los diálogos, no se notará apenas, pues quedará diluido entre muchas páginas de escritura en registro culto. Además es frecuente encontrarse que en las novelas los diálogos están muy estilizados y son muy literarios en el propio idioma original. Por ello la elevación del registro en la traducción no supondrá un gran cambio. En el caso de El guardián entre el centeno, ya que se trata de un monólogo cuyo mayor valor fue reflejar muy fielmente esta forma de hablar, la diferencia de registro en la traducción se ha convertido en algo muy evidente.

Ya saben, si tienen ustedes los dos ejemplares y nos quieren enviar más ejemplos de diferencias entre la traducción antigua y la moderna, nos aportará mucho.

Y ya que estamos, podemos también abrir un debate sobre la traducción del título que se le dio en España. En Lationamérica se llamó El Cazador Oculto. Se ha justificado muy a menudo ese “guardián”, que yo no acabo de comprender del todo, aunque más o menos sí entiendo lo que indica. Sé que hace referencia a su amor por los niños, pero “cazador” se acerca más en mi mente al sentido que podría tener "catcher".

También cabe mencionar que, por metonimia, la palabra “rye” se emplea para definir al whiskey de centeno. Por ejemplo, un verso del estribillo de American Pie nos dice: “The good ol' boys are drinkin' whiskey and rye, singin' this will be the die that I die”.

Por si sirve de algo para este debate, mencionaré los títulos que se le han dado en otros países. Por ejemplo, en portugués es O Apanhador no Campo de Centeio, que significa "el recolector en el campo de centeno". "Recolector" me parece mucho más cercano al original. En francés es L'Attrape-cœurs, que no sé muy bien cómo se traduciría, pero creo que “la trampa para corazones”, aunque "attrape", además de "trampa", es el presente del verbo "atrapar", es decir, "to catch" en inglés, de donde viene el "catcher" del título. En italiano decidieron no complicarse y lo llamaron Il giovane Holden, es decir, "el joven Holden". La traducción alemana Der Fänger im Roggen, quiere decir «el cazador o la “persona cogedora” —es decir, algo muy cercano al "catcher" inglés, pero que aquí no tiene equivalente— en el centeno». Esta última sería como una mezcla de las dos que se hicieron a nuestro idioma. Para conocer otras traducciones, no tienen más que acudir a la entrada sobre The_Catcher_in_the_Rye en la Wikipedia y cambiar el idioma en la parte de abajo del menú izquierdo.