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14 de diciembre de 2007

El español se está extendiendo

No le estaría descubriendo nada nuevo a nadie si dijese que en Estados Unidos cada vez se habla más el idioma castellano, fenómeno que se explica sin mayor misterio por la alta densidad de población de habla hispana que habita en el país norteamericano.

Lo que sí es una novedad es que se esté extendiendo en zonas donde no existe tanta inmigración que habla español. Ocurre porque por primera vez miran a España y nos consideran dentro de la ecuación. Evidentemente, me refiero al resto de Europa.

Hoy en día, en España, viaja todo el mundo, como se puede escuchar decir despectivamente a quienes se sentían exclusivos por viajar hace veinte o treinta años. Por un lado ha influido el auge de los vuelos baratos y las compañías aéreas de bajo costo, pero también se ha producido un cambio en las modas y las costumbres y las personas que no han salido al extranjero son muchísimas menos hoy que hace un par de décadas.

La tortilla se ha dado tanto la vuelta que ahora, allá donde vayamos podemos comprobar que, después de los japoneses o los nativos, somos los que más copamos los destinos turísticos. Esto ha repercutido en cómo nos ven desde fuera. Y en que un idioma que antes ni se planteaba que existiese, ya se incluye en todos los folletos, carteles y más difícil todavía, lo hablan personas que no tienen siquiera la obligación.

Soy de las afortunadas que sí lleva viajando desde muy pequeñita y la diferencia es inmensa. En el norte o centro de Europa, hasta hace unos años, no podríamos ni imaginarnos que supiesen español en ninguna parte. Incluso aunque hubiesen sabido un par de palabras, como conoce casi cualquier persona de unos cuantos idiomas, no se dignaban pronunciarlas. Y hoy en día te hablan español de forma fluida y correcta en muchos lugares.

No hablo del dominio lingüístico que han demostrado desde siempre vendedores y camareros en bazares o hileras de restaurantes playeros de países árabes, Grecia o el sur de Italia, con tal de lograr un nuevo cliente. Ya sabemos que el hambre agudiza el ingenio y, además de que en sus conocimientos influía su afán comercial, también se da el hecho de que estos destinos sí se tocaban hace unos años por viajeros españoles. Aunque, por supuesto, más que saber palabras de nuestro idioma, su especialidad era mencionar al jugador de fútbol más popular del momento del Madrid o el Barcelona. Lo novedoso no es esto, sino que el español se hable más arriba de nuestras fronteras.

El puente pasado visité Bélgica y allí escuché hablar castellano a la taquillera de la estación de trenes, a la vigilante de los lavabos del McDonald's o al recepcionista del hotel, entre muchas otras personas. Ninguna de las dos primeras necesitará el aprendizaje de nuestro idioma para desempeñar su trabajo, pues supongo que en el primer caso le exigirán inglés y en el segundo, ninguno. Para el recepcionista sí será obligatorio conocer lenguas, pero hasta hace unos años, el castellano no entraba entre las que estos empleados debían manejar. Además, hay que tener en cuenta que Bélgica es un país trilingüe y que bastante tienen ya con aprenderse los idiomas de allí y el que siempre será más universal que el español: el inglés.