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20 de febrero de 2008

Actuamos según nuestros errores anteriores

Sacamos el paraguas cuando llovió el día anterior, nos abrigamos si ayer hizo frío y optamos por ropa más fresca cuando pasamos un día muy caluroso y no queremos volver a sudar. Pero es raro que esas decisiones sirvan para el momento en el que nos encontramos. Por eso se suele decir lo de que "hoy que he cogido el paraguas, seguro que no llueve. Y mira que ayer me empapé por salir sin él".

¿Y si nos pasase lo mismo con los asuntos importantes? Cuando llegamos a un nuevo empleo, procuramos no cometer los errores del pasado. Tras perder alguna amistad, con la que nos surge después tratamos de no hacer aquello equivocado que nos llevó al olvido. Si iniciamos una relación amorosa, nos basamos en los tropezones de la anterior para que ésta funcione. Pero no actuamos con arreglo al presente.

Por desgracia, las circunstancias no siempre serán las mismas. Por mucho que aprender de los errores sea signo de sabiduría, mientras no sepamos reaccionar ante situaciones nuevas con decisiones acertadas, seguiremos cayendo en lo indebido. Venimos a este mundo sin un mapa que nos guíe y con unas instrucciones que nos ofrecen quienes pasaron por circunstancias similares, pero no exactas.