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13 de agosto de 2008

"Ugly Betty"

Con eso de que sigo mis series favoritas al ritmo al que se emiten en sus países de origen, el verano se queda sin nada que ver. Para rellenar esos huecos, en esta ocasión he recuperado una serie que en su día no vi y no está mal y he probado con otra relativamente nueva: "Ugly Betty".

El concepto en sí era algo que debería haberme atraído, pues entra entre lo que me gusta ver en las películas: una chica que es vilipendiada por ser fea, pero que sabe que interiormente es superior a las demás… o eso cree ella. Y, claro, la inevitable transformación de patito feo a cisne que en algún momento tendrá que llegar (aún no he visto suficientes capítulos).

A pesar de eso, nunca había visto la serie original ni tampoco la versión española. Lo de ver la norteamericana no es esnobismo, pues hay unas cuantas diferencias que me justifican. Por un lado, al tratarse de una serie semanal y no de un diario para mediodía, los estándares de producción son muchísimo más altos y la serie estadounidense tiene otra pinta. Es evidente que algo diario se tiene que acercar mucho al culebrón en el sentido de que alarga sin necesidad las tramas e inventa cosas con poco fuste. Los guiones semanales se pueden cuidar mejor. Así que lo que hacía falta para que yo la viese era eso: que se hiciese más en serio... menos en serie.

Pero la diferencia más importante está en otra parte, que es justo lo que hace que más me guste la serie norteamericana: el personaje de Betty. El papel que hace America Ferrera es el de una chica que produce una tremenda empatía y que despierta mucha ternura, al menos en los primeros capítulos.

Lo más inteligente de esta versión es que, a pesar de llamarse "Ugly Betty" y de ser un remake de "Yo soy Betty, la fea", lo más característico de esta chica no es su fealdad, sino que es gorda. En una ambiente como aquel en el que tiene que desenvolverse nuestra protagonista, una revista de moda, las arpías que trabajan allí –y entre arpías incluyo a un tal Marc— siempre criticarán más unos gramos de más en el cuerpo de alguien que su fealdad de cara. Una chica tan delgada como Ruth Nuñez, la protagonista de la versión española de la serie, por fea que sea –resultó no ser agraciada siquiera después de la transformación, no como Ana María Orozco, la actriz colombiana, cuyas fotos de "antes" y "después" se pueden ver más arriba—, nunca tendría esos problemas. La prueba está en que callos malayos de cara como Sarah Jessica Parker o Paris Hilton, como de cuerpo están bien, son admitidas por este tipo de personas e incluso admiradas.

Hoy en día ser fea no significa nada, una "ugly Betty" no es alguien con problemas. Una chica gorda, como el personaje de America Ferrera, sí los tendrá. A la Betty de la serie por supuesto que no le sobran unos gramos, sino varios kilos, pero mujeres con mucha menos grasa corporal también recibirían las críticas que forman la base de la serie. Queda muy claro en un capítulo en el que a una mujer que casi cualquiera consideraríamos normal la apodan "Fat Carol".

Por supuesto, a todo esto hay que añadir que Betty Suárez viste muy mal, que no se peina, que no se depila las cejas y que lleva aparato y unas gafas de pasta demasiado saltonas. De nuevo diría lo mismo. En un ambiente tan superficial como el que retrata la serie y que en la vida real se produce no sólo en redacciones de revistas de moda, sino en casi cualquier lado; cuestiones como la forma de vestir, el peinado, etc… se critican también mucho más que la auténtica fealdad. Me sirven otra vez los mismos ejemplos: como Sarah Jessica Parker y Paris Hilton en teoría llevan modelitos glamourosos, a todo el mundo de esos ambientes le parecen bien.

Volviendo a la serie norteamericana, diré que por supuesto no es perfecta. Se me hace bastante evidente que la premisa no da para muchos capítulos, es más bien material para una película. Así, el piloto de "Ugly Betty" es impecable; con poco más podría haber sido un film digno de verse en la gran pantalla. Desde ahí piensas que a los creadores no les será posible seguir inventando cosas y los cuatro o cinco primeros capítulos te sorprenden porque van sacando más cosas que mantienen el concepto sin resultar repetitivas. Más adelante los guionistas no tienen más remedio que incluir tramas sobre otros personajes que, a mí personalmente, ya no me interesan tanto y el personaje de Betty se va convirtiendo en una sabihondilla y corre el riesgo de dejar de ser tan entrañable. Es normal que las premisas muchas veces no sean más que una excusa para a partir de ahí crear una colección de personajes que interesen por unos motivos o por otros. A veces esta evolución es afortunada, como ocurrió, por ejemplo, con "Siete vidas", donde el coma de Toni Cantó pasó en seguida a convertirse en una anécdota. Pero aquí me daría rabia que se perdiese el concepto de partida. Mientras no se olvide del todo, la serie me seguirá gustando.

Otra de las cosas malas es que reivindican como lo correcto la vida del barrio y consideran negativo abrirse a conocer cosas nuevas. Esto se corresponde más o menos con la idea tradicional que defienden muchas películas de que el pueblo es preferible a la ciudad porque ahí es donde están los buenos valores. Habrá que seguir viendo para saber si esto finalmente se abandona. Pero con sus defectos, la serie cumple al menos el cometido de llenar el hueco que dejan otras.