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4 de noviembre de 2008

Cómo pasa el tiempo

Quién iba a pensar que ver mi serie favorita sería motivo para deprimirse o, al menos, replantearse cosas.

Cuando le iba a dar al play de un capítulo de "House" recién descargado y vi que delante del número ponía el de la temporada no me pude creer que se tratase ya de la quinta.

Efectivamente, llevaba ya cinco años viendo esa serie y, si trataba de hacer memoria, no encontraba en mi pasado significativos cambios vitales ni hazañas dignas de ser recordadas. Me di cuenta de que me pasaba las horas muertas currando para un empleo en el que la remuneración se había convertido en ridícula y de que mi obsesión por acumular más y más entregas para aumentar estos ingresos, lejos de llevarme siquiera cerca de lo que se podría considerar un sueldo, estaba convirtiendo mi vida en algo monótono y compulsivo.

Ahora he relajado ese ritmo y busco otras cosas… laboralmente hablando, quiero decir. Pero no sólo fue esa la decisión. También concluí que era importante disfrutar algo más de la vida, aunque fuese dejando tiempo para menudencias. Vosotros, los lectores de este blog, hace no mucho hablabais del carpe diem a raíz de algo que publiqué y que ni siquiera iba orientado hacia ahí, pero que dio pie a interesantes conclusiones. Eso me ayudó a reflexionar también.

Por otro lado, como he contado en Switch Off and Let's Go, me abrí una cuenta en Facebook. La verdad es que para empezar me ha enviciado mucho… demasiado, y ahora ya me empezaré a "quitar". Pero después de tanto tiempo en los blogs, donde la aridez de las personas es extrema y el trato terrible –no en éste, claro, sino en otro— y también tras tanto tiempo de contacto anónimo, para variar, me ha gustado eso de ver la cara de las personas con las que contacto y de retomar viejas amistades. Para enlazar esto con el título del post, que en realidad venía a cuento de lo de arriba, diré que hay personas a las que hacía veinte años que no veía. Y ahí están. Resulta más que curioso.