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5 de diciembre de 2008

La filosofía del carrito defectuoso

Como está muy de moda en los libros actuales hacer filosofía barata y obvia con metáforas sobre cosas cotidianas, pues yo también, hala:

Cuando haces la compra en un supermercado puedes necesitar un carrito. Para utilizarlo, normalmente tienes que dejar un euro en prenda que recuperas cuando has terminado de usarlo.

No puedes elegir, tienes que quedarte con el último de alguna de las filas sin probar si funciona bien. Así que el carrito podría estar estropeado.

Si es el caso, en un intento de ser solidaria, normalmente tratarás de no volver a ponerlo en la tira de carros. Quieres evitarle a la siguiente persona esos giros inesperados, esa ingobernabilidad, el gran esfuerzo para empujar…

Si le dices al guardia o a algún encargado del supermercado que ese carro debería retirarse porque ya ha cumplido su vida útil –esto me ha pasado—, te dirá que lo dejes por ahí. Pero si entonces le haces ver que deberían reembolsarte tu euro, te contestará que metas en carro en la cola, como todo el mundo, y así recuperarás tu moneda. A él no le importa que los subsiguientes clientes del lugar en el que trabaja encuentren los artículos defectuosos. ¿Te tendría que importar más a ti?

Como las personas tendrían que perder su propio euro para hacer un favor de muy poca envergadura a desconocidos, el carrito defectuoso se reintegra en la recua y siempre se reintegrará porque la próxima persona a la que le toque elegirá también la opción de llevarse su moneda de vuelta, en lugar de la de ahorrarles a los demás algo por lo que ya ha pasado.