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13 de febrero de 2009

Ralf König

Los tebeos de Ralf König suelen estar muy bien traducidos. No se trata de una traducción fácil porque, en cierto modo, se podría decir que es especializada, ya que hace falta conocer un tipo de terminología que no está del todo extendida y, además, hay que tener una cultura concreta para traducir las referencias –Monica Naranjen y cosas así—. Por si fuese poco, el humor del alemán está muy logrado en los diálogos, en el ritmo que estos tienen, y hay que conseguir mantener ese nivel de comicidad. Habitualmente encuentro que los traductores merecen que nos quitemos el sombrero.

Sin embargo, en una de las últimas obras me ha parecido que el nivel de traducción había caído muchísimo. En esta historieta hay muchísimos fallos que no son exactamente de traducción, sino simplemente incorrecciones gramaticales en nuestro idioma. Es muy probable que en este caso se deba a una falta de exigencia en la editorial y a un recorte de gastos: se habrán ahorrado la figura del/de la corrector/a. En cómics, mangas y tebeos las traducciones suelen ser buenas y el nivel de corrección también. Pero quizá es donde más posibilidades hay de encontrar ediciones descuidadas donde se puede apreciar que no se le ha dado importancia a que todo quedase correcto. Ocurre así porque por parte de algunas personas se considera una literatura de menor categoría.

Otro motivo por el que no me ha convencido la traducción de este trabajo de Ralf es que uno de los personajes viene de una región rural de Alemania donde hablan fráncico. A lo largo de toda la historia, este personaje mantiene su forma de hablar aunque esté en una gran ciudad y esto da pie a humor, malos entendidos y varios comentarios. En la traducción se ha optado por poner "<" delante de cada frase dicha de esta forma y ">" para cerrar. Con ello, la idea de que habla distinto sí que nos la hacemos, pero es una idea abstracta y no algo que percibamos y apreciemos de verdad. En muchas ocasiones el resultado es muy extraño, más o menos como el de las películas en las que alguien en el original habla español y en el doblaje no se entienden aunque ambos hablen el mismo idioma.

La solución no es fácil, especialmente dadas las susceptibilidades que existen en nuestro país con los temas nacionalistas y de idioma. Quizá se podría haber llevado el fráncico a bable, que no está considerado oficialmente idioma y que probablemente es lo bastante parecido al castellano como para que se entienda casi siempre, salvo en alguna ocasión, que es como ocurría en la obra.

Otra idea sería simplemente utilizar un vocabulario muy campestre e imitar el habla, digamos, "paleta" con contracciones, pronunciaciones y ausencia de algunas letras al final de las palabras. Se podría haber elegido una región, por ejemplo, Castilla La Mancha y poner las particularidades del habla de allí, digamos el "ejque" y otras cosas.

Lo que hace la traducción de este tebeo es algo a medias, pues en ocasiones sí que utiliza el vocabulario que podríamos esperar en un granjero. Cuando ella le pide que le diga un piropo, él le dice "cordera". Por desgracia, se ha sacado muy poco partido a esto y sólo en un par de ocasiones se ha hecho. Cuando se hace así, se consigue el humor que me imagino que tendrían los diálogos en alemán. Por lo que opino que podrían haber buscado más palabras de ese tipo.

En definitiva, nos encontramos ante una decisión difícil. No sé si el no adaptarlo en absoluto habrá sido cosa del traductor o de la editorial. ¿Qué habríais hecho vosotros?