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26 de marzo de 2009

Nos quitan los himnos

El grado hasta el cual puede llegar el machismo creo que como mejor se aprecia es fijándose en que, incluso dentro de los colectivos que ya de por sí están discriminados, ser hombre tiene mayor validez. Me refiero a que las lesbianas tienen mucha menos visibilidad que los hombres homosexuales y a que se consideran mucho menos como personas a las que dirigir derechos o productos.

Pero es que vamos aún más allá cuando vemos que incluso los hombres gays tienen más reivindicaciones que las mujeres en general –gays o hetero—. Uno de los signos de esto es que todas esas canciones petardas que deberían servirnos a nosotras para sentirnos mejor pertenecen también al colectivo de los hombres gays.

Si un tío nos deja o nos da calabazas, el "I Will Survive" ya no nos sirve. Si nos apetece quemar la ciudad, no vamos a convencernos de nada con "It's Raining Men". Cuando queremos gritar a pleno pulmón algo épico que nos salga de las entrañas, "Let the River Run" tampoco es nuestra. Todas las canciones que sirven de bandera nos han sido arrabatadas. ¿Nos queda alguna? A ver si a alguien se le ocurre una canción cuya letra y tono indique que la mujer se puede sentir más fortalecida y animada, que no sea banda sonora habitual de Chueca.

Estas canciones, en realidad, por derecho, nos deberían haber pertenecido a nosotras porque quienes las cantan son mujeres, se escribieron para mujeres. No digo que ellos hagan mal en apropiarse de estos himnos, sino que nosotras, al ser tan poco reivindicativas, hemos dejado que nos lo quiten todo. Así que, más bien, es culpa nuestra (por eso, no me digáis la típica respuesta de "pues cantadlas vosotras, si queréis", eso ya lo sé). Tampoco me parecería mal que las compartiésemos, pero bien se sabe que, cuando algo se convierte en icono gay, no sale de ahí. Y por supuesto que me parece maravilloso que tengan sus himnos. Pero tampoco es verdad que los necesiten más que nosotras para hacerse notar o para hacerse valer. No vendrían nada mal cosas que hablasen de nuestros sentimientos.

En cierto modo tiene sentido, pues lo más exageradamente femenino ya no pertenece a las mujeres, sino a los trasnsexuales y a los travestis, que visten mucho más "de mujer" que la mayoría de nosotras. Supongo que por aquí irá también toda la cuestión del petardeo: eso que en teoría podría ser tan de las mujeres, llega a tal extremo que ya ni nosotras lo utilizamos con el mismo fervor y se apropian de ello quienes llevan mucho más allá los signos de identidad tradicionalmente asociados al sexo femenino.