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22 de abril de 2009

Derechos de autor... para unos, sí; para otros, no.

Es gracioso que algunas personas que sí creen que hay que respetar las prohibiciones antipiratería te miren poniéndose tan dignas cuando tú les cuentas que te has descargado algo de Internet. Probablemente lo que esas personas no saben es que esas leyes a favor de los derechos de autor protegen a muy pocos y seleccionan a éstos sin ningún criterio, excepto el de que pertenezcan a un lobby con la suficiente fuerza.

En estos momentos se está emitiendo un spot publicitario que realicé yo hace varios años –realizar en publicidad es lo mismo que dirigir en cine o en TV—. Los modelos que aparecen en él vuelven a cobrar lo mismo que si acabasen de rodar el anuncio y, sin embargo, quienes hicimos el trabajo realmente gordo, no vemos un duro más. Y, se lo aseguro, no precisamente porque en su día mi sueldo hubiese sido tan grande que ya valía para todas las veces que eso se quisiese emitir.

Pero no es para quejarme de lo mío para lo que escribo aquí, pues ya tengo eso muy superado. Es para demostrar que eso que consideran algunos tan legítimo y tan de buena fe en realidad es un engaño como tantos otros.

La mejor manera de ilustrar mi argumento será diciéndoles cómo son las bases del concurso que adjudica la campaña publicitaria para la defensa de los derechos de autor:

Entre las condiciones irrevocables que se presentan en el pliego, se incluyen derechos indefinidos en cuanto a tiempo, tanto de la creatividad, como de la realización, como de todos los demás aspectos del desarrollo. Exigen incluso derechos indefinidos de modelos, cosa que es casi imposible establecer por contrato, como no sea pagando cantidades impensables.

Es decir: los que defienden esos derechos de autor, se cubren legalmente para poder saltárselos en cuanto les haga falta y para volver a utilizar el trabajo creativo de alguien sin que él o ella vea la más mínima recompensa pecuniaria por ese uso. O sea, que esperan de quienes van a trabajar para ellos, justo lo que ellos reivindican que no les debería ocurrir.

Las agencias publicitarias ceden todas las ideas que han inventado al dueño de la marca o servicio para el que lo hicieron y, si esa persona quiere sacar el mismo spot más adelante, lo puede cursar otra agencia. Eso significa que la nueva agencia, sin haber inventado ese spot ni haber supervisado su producción, ahora está recibiendo porcentajes por su emisión exactos a los que obtendría si lo hubiese creado.

Lo sé. Aquí lo único que ocurre es que nadie se ha puesto a protestar y que si todos los publicitarios y lo realizadores se reuniesen e hiciese huelgas y otro tipo de presiones, se acabarían consiguiendo esas mismas leyes. Pero no es esto último lo que quiero reivindicar, sino eso que ya he dicho varias veces de que no nos creamos la legitimidad de las reivindicaciones de cantantes y directores de cine, pues ellos lo último que son es solidarios o legales. Muchos o casi todos ya lo sabíais. Pero me gusta repetirlo para los que aún están despistados.