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16 de abril de 2009

Radio killed the iPod star

A muchos os parecerá una zafiedad y pensaréis que no podríais hacer eso, pero desde que me han dado con los puntos un móvil con radio –ya ves qué tontería, si las radios ya cabían en bolígrafos antes de que existiese el Internet—, he desterrado a mi iPod.

Es cierto que el aparatejo ya tenía más de cinco años y no funcionaba todo lo bien que cabría esperar. La batería hacía lo que quería: a veces duraba el tiempo normal, pero en la mayoría de las ocasiones no aguantaba más de diez minutillos. Vamos, que tengo grabadas en él canciones que no podría escuchar enteras. Así que sólo me servía en trayectos cortos y siempre tenía que acordarme de ponerlo a cargar cuando llegaba a casa. Si no lo había puesto, la siguiente vez tenía que irme sin él.

Le podemos añadir lo que pesaba, pues era de los grandecitos, de 20 gigas, y la incomodidad de llevar encima dos gadgets en lugar de uno. También ese defecto que no sé cómo no vieron de no poder utilizarlo con guantes… Pero realmente ni siquiera todo esto es la excusa de que ahora escuche la radio mientras voy por la calle porque el teléfono nuevo tiene bastante capacidad para mp3 y aún no he puesto en marcha esa función.

El caso es que la radio no está nada mal como compañía. Y me refiero a la radio musical, pues no aguanto la hablada. Antes teníamos que elegir entre la horterada de los 40 Principales –donde, además de elegir una música de interés cuestionable, la interrumpían casi por completo— y Radio 3, muy útil cuando eres joven para aprender cosas nuevas, pero demasiado pedante para escucharla más de un ratillo al día. Hoy tenemos emisoras como Rock and Gol, Onda Melodía, Kiss FM… en las que está claro que no todo lo que van a poner es bueno, pero que si vas saltando de una a otra, muy mala suerte hay que tener para no encontrar algo en alguna que apetezca escuchar.

Y es que ahora ya prefiero oír las canciones de siempre que ir investigando. El iPod, cuando lo usaba, lo tenía siempre en modo "aleatorio" porque escuchar diez o quince canciones seguidas de un mismo grupo ya me aburre. Es decir, lo había colocado en el ajuste que más lo asemeja a una emisora de radio. Pero tenía en él un montón de álbumes que metí en su momento para probar a ver si me gustaban y que en realidad no me convencen en absoluto. Escuchaba más variedad que con las radios, eso sí, pero prefiero variar menos y que siempre me guste lo que oigo. Esto hace que también prefiera Last FM o una similar al Spotify. No me quiero hacer la lista de reproducción: que me vayan sorprendiendo o mejor dicho: que hagan ese trabajo por mí.

Está claro que el intento de los nuevos teléfonos portátiles es que aúnen todo: la cámara, la PDA, el reproductor de música e incluso de vídeo, el GPS y el teléfono. Yo tenía todos esos aparatos por separado y hacía lo que en algún sitio utilizaban para describir a alguien freak: "cuando viaja, ocupa más maleta con los cargadores que con la ropa". Así que voy a intentar ir evitando estos otros chismes. La agenda no es como la quiero, por lo que tengo que seguir usando la PDA, lo cual es un rollo porque el Windows Vista no tiene drivers para ella. Pero lo demás sí que se va sustituyendo: las fotos son algo peores, pero no demasiado, así que la última vez nos fuimos por ahí sin la cámara y sus malditas pilas recargables. Los mapas del Tom Tom habrá que metérselos y de momento no me ha valido como GPS, pero quizá sí en el próximo viaje… Y supongo que para conectarse a Internet vale igual de bien que la palm.