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25 de mayo de 2009

La preponderancia del inglés en los festivales

Ayer se clausuró el Festival de Cine de Cannes y los medios de todos los países se apresuraron a dar la noticia sobre los ganadores, comunicando sus títulos en inglés.

Pongo como ejemplo la película que se llevó la Palma de oro: Das weiße Band (la cinta blanca), de Michael Haneke. Está dirigida por un austriaco, en su coproducción colaboran Francia, Alemania y Austria y los diálogos están rodados en alemán. El idioma inglés, por lo tanto, no tiene cabida de ninguna forma y, sin embargo, los medios de habla hispana se han referido a la película como The White Ribbon e incluso la propia distribuidora, que supongo que aún no le ha buscado traducción, habla de ella con el título en inglés (lo cual ya nos suena).

No comprendo esta actitud. A lo que me refiero es a que en mi cabeza caben dos opciones válidas: conocer el título original, porque es el primigenio y porque todo el mundo siempre está muy en contra de las traducciones y de los doblajes. O conocer un título que podamos entender porque es importante saber a qué se referían los autores cuando nombraron la película.

Esta posición intermedia, en la cual el título original se nos elude y su interpretación, también, es la que no comprendo.

Habría entendido que nos hubiesen llegado referencias sobre el film como Le Ruban Blanc, ya que el festival se lleva a cabo en Francia, pero tampoco ha sido así.

Es normal que los festivales, se hagan donde se hagan, utilicen el inglés como idioma internacional. Todo se subtitula siempre a lo que se hable allí y también al inglés –por ello, en lugares donde hay más de una lengua, la pantalla se llena de letras: en Sitges y Locarno lo he podido comprobar—. Es lógico que el festival utilice el inglés para que la prensa de todos los países pueda comprender las películas y los folletos que reparten. Los medios, cuando envían a alguien de corresponsal, ya se ocuparán de que sepa inglés para que lo entienda todo bien.

Eso sí, eso es lógico. Pero, una vez se sale de la utilidad del inglés para las Torres de Babel en las que se convierten estas localidades durante la celebración, ya deja de tener sentido seguir usando este idioma como si se tratase del esperanto. Por un lado, allí se hacía para evitar traducir y subtitular a treinta idiomas, pero en la prensa de cada país ese problema ya no existe porque cada publicación tiene un único idioma. Por otro lado, que los críticos que acuden a cubrir el festival hablen inglés, sí sería de esperar, pero que lo hable cualquiera de los lectores es una falacia (nos creemos que cualquiera sabe inglés, pero no es verdad).

Es cierto que hay películas para las que se impone lo que se llama un "título internacional". Son aquellas que están en idiomas con otro alfabeto y que, si no se nos tradujesen, no podríamos siquiera leer en voz alta, es decir, pronunciar. Así, el cine asiático, el griego, etc… es normal que nos llegue con una traducción al inglés o con una trascripción de su título. Pero esto, que es un imperativo con el que tenemos que tragar, no debería convertirse en norma para idiomas tan poco alejados como el alemán.