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7 de mayo de 2009

Pocos destellos y poca genialidad

De lo que más suele quejarse el público del cine en España, en cuanto a las traducciones, es de los títulos de películas que no tienen nada que ver con el original. Por mucho que a veces clamen al cielo, este blog no se inició para criticar ese tipo de decisiones que, malas o no, son conscientes.

Lo que sí era nuestra intención era señalar esos títulos que se deben a errores en la traducción en el sentido de que no se ha entendido lo que decía el original o a que se desconoce el idioma de origen y se inventa la traducción haciendo una labor de adivinación bastante absurda.

Uno de los casos que entrarían en el último apartado es la traducción que se ha dado a Flash of Genius. Se ha caído en una literalidad alarmante al cambiar esa frase hecha por Destellos de genio, cuando lo que quiere decir es "genialidad", "ocurrencia", "chispa", "inspiración"...

Se podría decir que más o menos se entienden esos sentidos del título español. Es decir, que puede pareceros un matiz, como lo de Cosas que diría con solo mirarla. Pero en mi opinión, tanto este caso como aquel, no son cuestión de matices ni de elegir mejor o peor las palabras, dentro de que todas se aproximen. Son simplemente traducciones que demuestran que no se sabe lo que significa la expresión en el idioma original… bueno, es que probablemente ni siquiera se sepa que en inglés se trata de una frase hecha.

"Genius" no sólo significa "genio", sino también "genial" o "genialidad". Esta frase hecha, a lo que se refiere es a la genialidad. "Destellos de genialidad", por lo tanto, sería más cercano, aunque redundante o excesivo, ya que, como frase hecha que es, podría tener una traducción más inmediata en una palabra única o en una expresión castellana.

En el caso de esta película en concreto, la inclusión de esta frase hecha tiene un sentido que va más allá y que igualmente se pierde en la traducción. Flash of Genius trata sobre un hombre a quien las empresas automovilísticas le roban el invento del limpiaparabrisas de diferentes velocidades. Por ello, se ve envuelto en juicios sobre patentes.

Tras el juicio por una patente Cuno Engineering Corp. vs. Automatic Devices Corp. (1941), se estableció una doctrina en EE. UU. por la que el juez podía echar mano de lo que se llamaba el test del "flash of genius", que se podría traducir por el "test de la ocurrencia". Determinaba que, si al inventor se le había ocurrido la idea en un destello de inspiración, se le otorgaría la patente, mientras que, si hubiese llegado hasta ese invento por habilidad artesanal, no tendría derecho a ella.

En 1952 se anuló esta doctrina, ya que se dijo que la patente tendría que corresponder al inventor independientemente del modo en el que hubiese logrado el artilugio. El invento de Robert Kearns del limpiaparabrisas intermitente se le ocurrió a modo de flash, pero este test seguro que no se llevó a cabo en el juicio por la patente, ya que todo esto ocurrió a partir de 1963.