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22 de julio de 2009

Subtítulos para sordos

Sabrán de sobra que algunas televisiones ofrecen la opción de ver subtítulos que se activan o desactivan a gusto del espectador. Esto en inglés se llama "closed caption" –para distinguirlo del “open caption”, que sería la leyenda visible para todos los espectadores, es decir, incrustada en la imagen—. En los programas en directo, se genera gracias a máquinas de estenotipia que van transcribiendo las intervenciones. En películas o programas de ficción, se parte del guión, como en los subtítulos de siempre, pero éstos no van sobre la imagen, sino como pista aparte, que se puede ocultar o dejar visible.

Quienes vemos algo en un idioma extranjero nos beneficiamos enormemente de estos subtitulados porque nos ayuda a entender los diálogos. Pero si los comparamos con los subtítulos de las películas que vemos en v. o., nos hace gracia leer eso de "los pájaros pían", "se abre una puerta"… y ver que las frases de cada personaje llevan un color diferente.

Se incluyen estas indicaciones porque estos letreros están hechos para lo que genéricamente llamaríamos “sordos”. Sin embargo, por una vez, esos eufemismos políticamente policorrectos que dicen cosas del tipo “subtitulado para discapacitados auditivos” tienen razón de ser. Este subtitulado o “closed caption”, efectivamente, no es tanto para los sordos, como para las personas que oigan con dificultad (“hard of hearing”, en inglés).

No es lo mismo alguien que se haya quedado sordo tras un accidente o una enfermedad o que haya ido perdiendo capacidad auditiva con la edad, que una persona con sordera de nacimiento.

Viéndolo todo desde nuestra perspectiva de personas oyentes que hemos disfrutado de la educación escolar común –y también pensando en este tipo de avances tecnológicos, como los subtítulos para sordos— nos podríamos imaginar que la mejor manera de comunicarnos con una persona que no pueda oír, si no sabemos su lengua de signos, será por escrito. Pero esa concepción es errónea y está muy alejada de la realidad.

El idioma para sordos no se corresponde gramaticalmente con el nuestro, ya que ellos utilizan signos que expresan conceptos de manera más global. Probablemente no tengan preposiciones, conjunciones, artículos… y el orden de las palabras carezca de sentido para ellos. Por lo tanto, los textos escritos son como un galimatías a sus ojos. Y escribir con nuestra construcción gramatical les cuesta un esfuerzo enorme. No es cuestión de que les falte preparación, sino simplemente de que su mente está ordenada de forma distinta. Me imagino que para ellos comprender al 100% nuestra forma de escribir supondrá un cambio de mentalidad mayor que, por ejemplo, para un occidental dominar un idioma oriental.

Por supuesto, no estoy diciendo que ninguno sea capaz. Dependerá, supongo, del tipo de enseñanza que se les haya dado y del esfuerzo que se haya hecho por integrarlos en la comunidad oyente. Probablemente existirán muchos sordos de nacimiento que hayan llegado a comprender bien el lenguaje escrito.

Con esto lo que intento es sacar a la luz es que esa idea de que los textos escritos serán la mejor arma para saltarnos la barrera de la audición es una concepción nuestra debida al desconocimiento. Muchos sordos de nacimiento no podrán comprender esos textos y, mucho menos, los subtítulos tan ingenuamente pensados para ellos, pues la rapidez con la que desaparecen aumentará la dificultad.

Recordaremos aquel telediario de nuestra infancia, que llegó a parodiar Martes y Trece, en el que todo se traducía a la lengua de signos. Ya que aquello era tan atrabiliario, probablemente hoy se curan en salud con el subtitulado para sordos, pero no tiene el mismo efecto. En las campañas publicitarias oficiales es obligatorio, no sólo subtitular, sino también colocar a una intérprete en una esquina de la pantalla. Y ésta es la única manera de que de verdad llegue a todos.