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9 de septiembre de 2009

El problema de no saber es no saber que no lo sabes

Se suele discutir si para perpetrar traducciones incorrectas influye más que la persona que las lleva a cabo no conozca con profundidad el idioma del que parte o que no domine la redacción correcta en el de destino. Mientras yo no pongo en duda que la segunda aptitud es absolutamente imprescindible y por lo tanto creo que hacen falta las dos, muchas otras personas argumentan que la primera se puede suplir con tiempo y trabajo.

Estoy de acuerdo en que, en general sí será posible sacar adelante una traducción echando mano de diccionario o consultas en Internet (eso sólo hoy en día, claro) siempre que se disponga de un tiempo ilimitado o muy largo, cosa que no suele producirse. Pero incluso dándose esa casi imposible circunstancia de que no hubiese fecha límite, alguien que desconozca el idioma en el que está el texto podrá caer en fallos incluso si le pone mucha dedicación y si redacta de forma impecable en el idioma de destino.

Cuando aparece una palabra o una expresión que no conocemos, no pasa nada, se busca en el diccionario o se consulta. Sin embargo, la mayoría de los errores que solemos señalar en este blog llegan porque el traductor o la traductora no sabe que no conoce esa expresión o esa palabra.

Siempre que se cae en un false friend o que se traduce literalmente una expresión hecha, una frase coloquial o algo con doble sentido se hace porque, aparentemente, eso tiene pinta de significar una cosa. Nadie echa mano del diccionario, nadie consulta porque eso parece que no presenta dificultades. Por lo tanto, lo peor no es no saber, sino no saber que no se sabe.

Es cierto que el sentido común puede ayudar a hacernos ver que el resultado no tiene mucho sentido. Pero existen ocasiones en las que lo traducido literalmente parece más o menos encajar y ahí es donde nos encontramos con traducciones como "mientras hablamos", "cosas que diría con solo mirarla", etc…

Insisto en que no cuestiono que el dominio del idioma de destino es imprescindible. Claro que lo es para saber que muchas cosas no se pueden trasladar literalmente o calcar. No estoy diciendo eso ni mucho menos. Pero lo que digo es que hay que saber también bastante de la lengua de origen para traducir correctamente.

Se puede pensar que un texto que tiene una redacción correcta en el destino y que se comprende ya puede ser fruto de una buena traducción. Y con eso es con lo que nos encontramos muchas veces. Pero creo que es más importante respetar las intenciones del/de la autor/a y trasladar lo que se quiso decir con fidelidad. Acabar con algo bien redactado, pero que se aleja del significado original no me parece ideal.