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2 de septiembre de 2009

Insatisfacción constante

Me admiran las personas que encontraron su camino por casualidad, como la chica que comenzó a confeccionar muñecas personalizadas y acabó viviendo de ello o el señor que les hacía a sus hijos sándwiches de formas divertidas y montó una empresa para comercializarlos.

Si yo tuviese la suerte de lograr algo así, es decir, de cumplir ese sueño, no sé si americano, pero al menos sí muy peliculero, todavía estaría insatisfecha.

Por lo tanto, no me admira, como debería ser, su visión empresarial o su capacidad creativa, sino el saber reconducirse, a una edad avanzada, por unos derroteros que no se habían planteado nunca y abandonar los que sí tenían programados.

Una infancia y juventud demasiado soñadoras me hicieron pensar que podría ser muchas cosas interesantes en el futuro. Y aún no me he demostrado a mí misma que no sea verdad. De todas ellas, he ido descartando algunas, pero sólo aquellas a las que sí me he podido dedicar y he visto que no me satisfacían o que yo no valía para ellas.

Las demás siguen dando la lata y apareciendo de vez en cuando para que no me pueda sentir asentada en nada, para que siempre haya esa pequeña desazón. Y el resultado es que lo tengo que compaginar todo y eso impide centrarse y dedicarse plenamente a algo.

Me gustaría saber cómo librarme de estas aspiraciones, algo que en teoría es bueno porque te impulsa a ser mejor, te crea inquietudes, pero que, a una edad como la mía, va siendo más bien una losa.