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31 de octubre de 2009

Trick or treat: ni truco, ni trato

Llega Halloween y no puedo evitar recordar que ya comentamos la famosa frase "truco o trato", pero que no llegamos a ninguna conclusión. Así que me parece oportuno abrir de nuevo el debate para ver si obtenemos algo más en claro.

La tradición para los niños y niñas estadounidenses —que se va extendiendo por otros países— es pedir caramelos de puerta en puerta. La amenaza amistosa que profieren cuando les abren es “trick or treat”. Aquí se ha traducido, en un altísimo porcentaje de los doblajes como “truco o trato”. Y no sólo en el interior, es decir, en los diálogos; también ha sido el título de un film de Michael Dougherty: Truco o trato (Trick or Treat, 2008). En Argentina y en Francia fueron más inteligente y la titularon Terror en Halloween.

La traducción mencionada, tan extendida que ya se toma como algo establecido, es incorrecta porque cae en un "falso amigo" muy burdo.

El sustantivo “treat” no significa “trato”, pues para ello hay que decir “deal”. “Treat” es “invitación”. Por ejemplo, si dos personas comen juntas, una de ellas podría decir "my treat", o sea: "invito yo". "Treat" también es un capricho, un lujo: "to give oneself a treat" (permitirse un lujo) e igualmente puede referirse a una delicia, un manjar. Si hablásemos del infinitivo "to treat", ahí sí que la traducción se hace más evidente: "tratar", pero eso no implica que el sustantivo signifique "trato", pues en ningún caso es así.

“Trick” sí que es un “truco” en algunos contextos, pero en este caso sería una broma o una jugarreta.

Lo que pronuncian los niños cuando alguien les abre la puerta es un reto: o me invitas a un manjar, a una pequeña delicia o te hago una putadilla. Eso significa el "trick or treat", obviamente, nada parecido a "truco o trato".

Se decía entonces en algunos comentarios que no era grave este false friend porque fonéticamente la frase española sonaba bien, ya que contenía una aliteración similar a la anglófona. Pero no me parece un motivo para aceptar una mala traducción, pues de esa forma podríamos admitirlas todas.

Las opciones que se me ocurren a cambio no son muchas, pero seguro que hay algo mejor. Si me apuráis, preferiría no respetar el juego fonético y que la traducción se comprendiese. Creo recordar haber escuchado en algún doblaje "susto o regalo", que no tiene rima ni aliteración, pero que, al menos, se acerca más a la realidad.

Pero, buscando jueguecitos de palabras, se me ocurren: "Chincha o chuche", "Piruleta o jugarreta", "Chuchería o perrería", "Travesura o dulzura", "Caramelo o te doy pal pelo", "Chuche o chasco", "Tarta o torta"… Yo qué sé… seguro que se os ocurren cosas mejores a vosotros.

Aunque no tenga que ver con este blog, menciono que hay mucha gente a la que le molesta que se celebre en España esta festividad. Por mi parte, lo único que puedo decir es que, si tuviese que tomarme como fiestas sólo aquellas que tienen un motivo que siento mío propio, no podría celebrar ninguna. Cada vez que oigo pasar por encima de mi casa los cazas y veo tanques desfilar por la tele el día 12 de octubre se me abren las carnes. Los santos patronos y las vírgenes me despiertan la misma simpatía. Y lo de la Constitución, la única fiesta pagana y pacifista que se celebra en todo el territorio, se toma a risa por casi cualquiera.

No le veo sentido, eso sí, a extender el "trick or treat" porque aquí somos bastante más desconfiados —y con razón— para abrirle la puerta a cualquier desconocido. Pero un motivo para disfrazarse y divertirse siempre tendría que ser bienvenido y, sin encima, carece de las connotaciones de pecado y abstinencia del Carnaval, mejor que mejor. Analícenlo bien: Halloween es casi la mejor fiesta que podemos celebrar. No significa que dejemos de comer huesitos de santo o que, si nos divierte más esa decoración, no podamos llenar la casa de esqueletos del Día de los Muertos mexicano en lugar de plagarla de calabazas, por supuesto. Pero, al final, todo es lo mismo.