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24 de octubre de 2009

Y yo que me creía que teníamos mucho glamour...

Cuando dirigía anuncios o cortos y las veces que asistía, por cualquier otro motivo, a un rodaje en exteriores, observaba que los viandantes se paraban y miraban con curiosidad, admiración… y algo de envidia, quería pensar yo. Creía que el mundillo de cine era algo atrayente y glamouroso y que estos espectadores momentáneos escudriñaban todos los rincones en busca de alguna estrella conocida, mientras te miraban preguntándose qué cargo de relevancia para la cultura desempeñabas.

Según llegaba a casa paseando por la calle, he visto en funcionamiento un tipo de grúa que no conocía. Se trataba de un enorme tubo ascendente que elevaba uno de los brazos que le faltaban la grúa pluma que había al lado. En lo alto esperaban unos señores, asegurados con arneses, que colaboraban en el acoplamiento. Como es lógico, nos hemos quedado mirando, como quien ve el programa de La Sexta, "Megaconstrucciones", pero en persona.

Además, he recordado aquella fama que tienen los viejos de pararse delante de las obras. Si lo hacen los jubilados es porque les sobra el tiempo, pero no porque sea una afición de la tercera edad. Dentro ya de los propios participantes en las edificaciones, existe el tópico de que uno es el que curra y los demás se limitan a observarlo.

Después de todo esto, he llegado a la conclusión de que los rodajes no son fascinantes ni están rodeados de un halo. Si tantas personas se paran a verlos es porque los hacemos en la calle.

A la gente le gusta ver algo que no se suelen encontrar. Y también les gusta ver trabajando a los demás. Si nos sacásemos a la calle nuestra mesa de despacho, con el ordenador y los AZs cargados de papeles, estoy segura de que más público se apiñaría alrededor que en una filmación callejera.

Ahora sería el lugar de decir que por ese motivo tiene tanto éxito "Gran Hermano", pero no olvidemos que los concursantes de ese programa no han hecho un esfuerzo ni el día que tuvieron que recorrer un estrecho conducto para venir a este mundo. Sí se podría comentar que "Bricomanía" y derivados, así como los programas de cocina, pueden explicar su audiencia por esa hipnosis que nos produce ver que otros trabajan.

Si la satisfacción requiere necesariamente que el observador se esté tocando las bolas, es decir, si todo es pura gana de pensar que los demás se están jorobando, no lo sé. Está claro que para observar tranquilamente estas cosas necesitas no ser parte del trabajo porque, de serlo, no podrías tener la misma visión. Pero diría que ni siquiera es pura maldad, sino simple fascinación.