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27 de febrero de 2010

Do you wanna super size it?

La película Super Size Me utilizaba este título para criticar la costumbre de una cadena de hamburgueserías de proponerte tomar el menú de talla grande en lugar del normal por un módico aumento de precio.

Por un lado, habría que comentar que se trata únicamente de un ofrecimiento. El comensal, ya adulto y con capacidad de tomar decisiones, podría decir sí o no. No es culpa del establecimiento que acepte por muy atractiva que pinte la posibilidad.

Pero es que no sólo ocurre eso. Además, la cuestión de achacarle esto únicamente al McDonald's es pura demagogia, ya que se trata de la forma de vender que se tiene en todos los locales, desde el más tirado que dio pie al documental, hasta el más caro de los establecimientos.

Los camareros de los restaurantes de lujo te van sirviendo vino en cuanto la cantidad que hay en tu copa disminuye un poco para que, finalmente, tengas que acabar pidiendo otra botella. Si lo que bebes es cerveza, te la quitan cuando te queda un culín y te ofrecen otra sin que te dé tiempo ni a pensar que te apetecía tomar más.

En todas las casas te ofrecen un postrecito. Si la cocinera aparece por el comedor para dar un trato personal, casi convertirá en una ofensa que no quieras probar su dulce, por lleno que te hayas quedado con la comida.

Cuando llegas a un local con la única intención de beber algo, te van a ofrecer acompañarlo de alguna tapa o ración.

Si entras en una tienda a comprar algo para hacer la comida, te dirán si no quieres llevarte, también, cualquier producto que quizá te hacía falta y no habías caído.

He mencionado lugares de comida y bebida, por ser lo más parecido a lo que trata el documental, pero cuando lo que efectúas es una compra de cualquier otro tipo de productos también te van a ofrecer llevarte cantidad de cosas que no habían motivado tu presencia en el establecimiento. Por ejemplo: necesitas gasolina y el cajero te ofrece chicles o chocolatinas.

Son sólo cinco ejemplos de muchísimos que se me podrían ocurrir. Todo esto nos parece normal. Encontramos estos ofrecimientos incluso amables y sabemos de sobra que se trata de su forma de tratar a los clientes, pero que la decisión de tomarlo o no depende de nosotros. ¿Qué es lo que hace entonces que nos escandalice el hecho de que se tenga la misma actitud en el McDonald's?

La respuesta de «es que la comida es de peor calidad» no me vale porque, si de verdad fuese tan mala, lo que habría que hacer es cerrarlos, es decir, no tiene sentido eso de «como es de mala calidad, come aquí, pero no el tamaño grande». Además, las croquetas de algunos baretos pueden ser bastante más perniciosas que aquellas hamburguesas.

Creo que la respuesta que tácitamente se da es la de que los clientes de estas cadenas son de clase tan baja que no tienen cultura como para decir que no a una de estas ofertas… especialmente aquellos obesos que parece que sólo existiesen en EE. UU. y que se alimentan a diario en estos locales. Me parece que hay mucha condescendencia en pensar que ellos no serán capaces de decir que no, mientras nosotros, en nuestros bares o restaurantes, tenemos la última palabra.

O a lo mejor la respuesta es que no nos habíamos dado cuenta de que esa actitud, que se criminaliza en la película, es la más normal en todas partes.