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8 de febrero de 2010

Es mejor el camino que la meta


Alberto Manguel enumera varios requisitos para ser un lector ideal, pero me gusta especialmente éste:


"El lector ideal desea llegar al fin del libro y, al mismo tiempo, que el libro no acabe".


Es una sensación muy poco habitual, pero es la única que de verdad demuestra que estás disfrutando de la lectura o de cualquier otro acercamiento a una obra.

Además de al final, la frase se puede aplicar a cantidad de sucesos que anhelamos que se produzcan en cualquier narración, pero que no queremos de verdad que se den porque, una vez llegan, ya no tenemos esa ilusión o intriga que era lo que nos motivaba a seguir.

Una de ellas es la consecución de una tensión sexual o amorosa no resuelta. La habilidad de los autores para alargar estos amores destinados a producirse y nunca ofrecer el primer paso parece baladí, pero es meritoria. Una vez se ha desencadenado el frenesí ni la mejor secuencia sobre sexo nos interesa como lo que hubo previamente.

Otra podría ser la evolución de un personaje. Sabes que necesitan cambiar porque su forma de ser no se lleva bien con los demás, pero mientras sigue siendo como es, te divierte más.

Así sucesivamente. Podríamos encontrar varios momentos que se disfrutan más mientras se anhelan que mientras se ven.

Y quizá podríamos aplicar lo mismo a nuestra vida. Ya sabemos que conseguir nuestras metas demasiado jóvenes podría conllevar un estancamiento y una insatisfacción posteriores.

Además, existe la posibilidad de la decepción. Mientras vemos la meta a lo lejos, ésta parece bella y aparenta contener todo lo que necesitamos. Cuando llegamos allí podemos darnos cuenta de que aún le faltan cosas y de que no era tan bonita como creíamos. Sin embargo, a partir de ahí, desaparece la capacidad para seguir soñando.

Se suelen encontrar dos objetivos para los personajes de las películas: uno consciente que consiste en un deseo y otro inconsciente, que es una necesidad. Lo normal será que, mientras se luche por llegar al deseo, se descubra que se tiene esa necesidad y se le acabe dando una prioridad. Pero eso también hay que saber verlo… muchas veces el deseo anterior nos ciega y no nos damos cuenta de que ya hemos alcanzado algo mejor que lo que perseguíamos.

Por otro lado, no deberíamos pensar que la obra que es nuestra vida llega al final cuando hemos logrado una de esas metas. Tendríamos que saber que podemos seguir. Las series que ya no pueden alargar más una tensión, la resuelven e inmediatamente plantean otra. Puede ser eso lo que tengamos que hacer con nuestra vida: ir planteando siempre nuevas metas volantes y no considerar nunca que hemos finalizado la carrera.

Lo que está claro es que el camino no es divertido sin metas. Si volvemos a la ficción, que era con lo que abrí esta entrada, sabremos que hay que crearle al espectador intrigas o anhelos que desee que se cumplan y luego, mantener su atención sin llegar a cumplirlos del todo o abriendo otros inmediatamente después.