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3 de abril de 2010

Los traductores no tienen la culpa de todo

No me refiero a que los malos títulos los impongan las editoriales y las distribuidoras, eso ya lo sabemos y lo hemos aclarado numerosas veces.

Sino a algo sobre lo que reflexioné después de escribir el penúltimo post. En él decía que las malas traducciones habían introducido en el habla espontánea en español expresiones que no son naturales a nuestro idioma. Pero luego me di cuenta de que no todo tiene por qué provenir de estas malas traducciones, sino que tenemos otro fenómeno reciente que también puede estar influyendo mucho en ello.

Desde hace unos años, cualquier persona tiene acceso a textos o grabaciones en otros idiomas. Gracias al Internet y a la posibilidad de ver películas y series en versión original —DVDs, canales duales, descargas…—, cualquier persona está en constante exposición a las demás lenguas, si lo desea. Si esa persona parte con un conocimiento limitado de ese idioma y, además, no hace un esfuerzo por traducir dentro de su cabeza, sino que simplemente intenta entender, como bien puede, lo que está leyendo o escuchando, de forma inconsciente asimilará expresiones y frases hechas sin darse cuenta de que no son de su propia lengua.

En general, se supone que no hace falta ir a clase para aprender un idioma, pues el materno lo aprendemos de forma natural, gracias a lo que escuchamos a nuestro alrededor. Las lecciones serán necesarias, si acaso, para perfeccionar algunas cosas y corregir los errores que cometen quienes nos rodean. Pero no para aprender a hablar o comprender un idioma. Por lo tanto, esta teoría mía debería caerse y habría que pensar que la exposición a idiomas extranjeros que tiene hoy en día cualquier usuario no provocaría que se ensuciase su habla, sino que tendría que conllevar un conocimiento amplio de ambos idiomas.

Para llegar, entonces, a la conclusión de que, en algunos casos, esta exposición sea negativa, tendremos que determinar un tipo de usuario muy pasivo, que no reflsxiona sobre lo que escucha, que no opone filtros a lo que le llega, que no conoce demasiado bien su propio idioma y por ello no sabe cuándo éste se está contaminando o bien que admira las lenguas extranjeras hasta el punto de considerar que su cultura mejora con estas adopciones y se cree importante por haberse contagiado de determinadas expresiones.

Hemos discutido también largamente la posibilidad de que toda modificación suponga una evolución y, como tal, haya que aceptarla. Cierto es que no hay que cerrarse a que se introduzcan neologismos y se enriquezca el idioma, pero de ahí a pensar que cualquier cosa utilizada por imitación, simplemente porque se utilice una vez, ya se haya introducido como parte evolucionada de nuestro lenguaje, me parece que va mucho. Si fuese así, todas las faltas de ortografía se deberían admitir inmediatamente, en cuanto haya una única persona que las cometa, ya que reflejan el uso actual del idioma. Y no digamos aquellas que están tan extendidas que se ven más a menudo mal escritas que bien, como el "Haber si quedamos"... No estoy en contra de la evolución del idioma, pero tiene que ser eso: una evolución, no una rendición plena ante todos los enemigos que tiene y una renuncia a su defensa. Si no respetamos ciertas cosas, cada vez será más difícil que nos entendamos y ahora mismo ya va costando demasiado entenderse.