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29 de julio de 2011

Teatro en las caras opuestas de la luna

El fin de semana pasado, asistí a dos obras de teatro que se podrían decir que estaban en los extremos más opuestos posible de estilo y contenido.



El viernes vi, en el teatro al aire libre de Galileo, 'Las siete vidas del gato', un Jardiel Poncela poco inspirado, con una representación que no lo mejoraba. Aparte de los problemas de acústica, que eran graves y hacían difícil la comprensión del texto, se encontraba cierta pobreza en algunas interpretaciones, demasiado envaradas y artificiales. No se ha hecho una actualización y con ello no me refiero a trasladarlo a nuestra época, sino a buscarle la manera de que haga reír hoy e día, de encontrar los aspectos con los que conectamos más en el siglo XXI, que seguro que los hay. Una obra en dos actos que mejora durante el segundo, pues el primero es repetitivo y está consagrado íntegramente a plantear el conflicto. A partir de la inclusión del personaje de Hipatia, que conoduce una investigación criminal, la cosa se anima y el final eleva la impresión general de la obra. Pero he visto mejores representaciones otros veranos en este teatro.



El domingo fuimos al Matadero, donde pudimos ver una obra tecnológica, futurista, mecanicista y de ciencia ficción. Se trataba de 'Planeta Lem', una traslación de algunos de los textos del visionario escritor por parte de una compañía polaca llamada Biuro Podrózy. Aunque los cuentos de Stanislav Lem ya tengan más de medio siglo, nos encontrábamos ante algo perpetuamente actual. Nueve intérpretes sobre el escenario encarnaban humanos y robots, en una narración sin diálogos y solo con algún texto que se escuchaba por megafonía, en la que se mostraba el aterrizaje de Ijon Tichy en un planeta dominado por las máquinas. Los humanos, convertidos casi en animales de carga, se someten sin dificultad a trabajos duros. Tichy, hacia el final, los incita a rebelarse, pero ellos no saben vivir sin sus tiranos.

Lo más sorprendente de esta representación era su tremenda puesta en escena. Los polacos, además de sus elaborados trajes, habían traído máquinas con las que crear las naves espaciales, los humanoides y todos los efectos "espaciales". Había batallas espaciales, con tiros y explosiones, había naves que volaban y hacían girar a su tripulante, luces led en los pods donde habitaba cada humano… Una obra muy basada en lo físico, en los movimientos y en el acompañamiento de la parafernalia técnica. Recomendaría esta obra, pero solo se representaba durante el fin de semana y asistí a la última función. Si este grupo vuelve, habrá que tenerlos en cuenta.