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29 de octubre de 2012

La condescendencia de 'The Newsroom'



Cuando alguien hace algo que normalmente nos resultaría antipático para proclamar aquellas idas con las que coincidimos, suele molestarnos menos que si lo lleva a cabo para esparcir nociones con las que estamos en contra. Por ejemplo, una película manipuladora nos parecerá reprobable cuando sus mensajes sean de otra cuerda y no porque rechacemos la maniobra en cualquier caso. O una propuesta demasiado obvia y expositiva se nos antojará pobre y fácil cuando no vaya con lo nuestro.

Es lo que sucede en una pequeña medida con la serie 'The Newsroom'. No hablo de que esta serie sea manipuladora ni obvia, eso eran solo ejemplos. Lo que quiero decir es que ciertas cuestiones de la serie las admitimos porque estamos de acuerdo con su discurso global. 

Antes de seguir, advierto –pues ya me temo las reacciones– que no estoy poniendo en duda la calidad de 'The Newsroom'. Los diálogos de Aaron Sorkin me parecen excelsos y todos los actores de la serie están sublimes. Creo que, además, está realizada con gusto, montada con brío y considero que supone una gran aportación al conjunto de la ficción televisiva. 



Pero sí me gustaría criticar un aspecto que me causa una ligera irritación, que es, como decía en el titular, la condescendencia que demuestra esta serie. El personaje de Will McAvoy está retratado con más aristas o cuestiones negativas que rasgos encomiables, siguiendo una corriente con la que estoy más que de acuerdo de hacer al protagonista un poco cuestionable, alejarlo de la figura tradicional de santo, para que resulte más humano y, al final, caiga mejor que los inverosímiles seres perfectos. 

Sin embargo, por mucho que pueda parecer que es así, el paternalismo no está introducido como otra de las fallas de la personalidad de Will, sino que es la base de la serie, es el enfoque desde el que se ha creado.

Sorkin considera que al pueblo hay que aleccionarlo, que hay que situarse en una tribuna de superioridad y desde allí, irlo guiando para que obre con acierto. No solo los redactores y el presentador del informativo ejercen esta labor, que la serie presenta como imprescindible, con los televidentes, sino, a su vez, la serie la ejerce sobre sus espectadores.

Las ganas de ayudar, de contar la verdad, de basarse en hechos y no en opiniones son grandes valores. Lo que ocurre es que una consecuencia, quizá inevitable, de situarse en este lugar privilegiado para llevar a cabo una aportación positiva, parece ser la de considerar a aquellos a quienes te diriges como seres inferiores que necesitan que los cojas de la mano. 


Otras consideraciones sobre la serie


Me parece curioso el ardid con el que Sorkin disimula las ideas demócratas y trata de dotarlas de un halo de sentido común al ponerlas en boca de un teórico republicano, como para decir que cualquier persona en su sano juicio, aunque fuese de ese partido, se daría cuanta de esos errores. No sé hasta qué punto funciona este truco o hasta qué punto resulta creíble el personaje, salvo que pensemos que él mismo es el que miente sobre su afiliación. El propio creador de la serie es consciente de esto y lo plantea de esa forma en el capítulo en el que los periódicos hablan sobre McAvoy, pues todos lo tachan de demócrata o de "republicano solo de palabra".

En algunas ocasiones, me parece percibir la misma condescendencia que mencionaba arriba en la forma en la que  Sorkin presenta las relaciones entre personajes. Todos sabemos que lo que vende de una serie, vaya de lo que vaya, son las cuestiones humanas: quién se lía con quién, qué discusión o pelea tienen tales personas, qué maldades se harán en secreto unos a otros… Eso es lo que verdaderamente engancha de cualquier ficción, siempre que los personajes estén bien retratados. Sorkin, que lleva muchos años dedicándose a esto, sabe perfectamente montar todo tipo de rollos, tensiones sexuales y discusiones para tener este aspecto bien cubierto.

Pero me pregunto hasta qué punto a él le interesa todo eso. Viendo las historias que salen en otras de sus series, se aprecia que más o menos tira siempre del mismo conflicto. No sé si eso quiere decir que es una cuestión que le ha obsesionado en su vida personal y por eso trata de exorcizarla siempre que puede, con lo cual habría que decir que la parte humana de la serie le interesa mucho. O si quizá es una fórmula que ha probado y ha visto que funciona y que vuelve a aplicar para no pensar más, lo que nos llevaría a considerar que esto solo lo introduce como trámite para poder hablar de lo que a él le interesa: la política.

Si fuese la acertada esta segunda opción, está claro que habría cierta condescendencia al situarse en esa posición que implica: "a mí esto no me interesa, pero os lo doy porque sé que es lo que venís buscando vosotros". Yo no quiero que me lo dé si a él no le interesa. Si lo mete ahí solo por cumplir o para vender, que no se moleste.



En ese sentido, encuentro que se ha producido una vuelta o un vuelco, como lo queráis llamar, en lo que se refiere a la forma de introducir los temas en la ficción. Hasta ahora, tanto en cine como el televisión, la parte que se correspondía con los empleos o luchas de los personajes suponía una excusa –lo que Hitchcock llamó McGuffin– para acabar mostrando historias humanas, que era lo que interesaba a todos, no solo a los espectadores, sino también al autor. Así, los personajes se dedicaban a algo o se debatían por conseguir algo, pero ese algo se nos mostraba de refilón, como parte del retrato, incluso aunque todos los personajes compartiesen el mismo objetivo o la misma profesión.

En 'The Newsroom' las cuestiones profesionales que mueven a los personajes toman el lugar principal, dejan de ser un mero McGuffin. Así, en lugar de escuchar parte de las conferencias que tienen lugar en la sala de juntas o de escuchar a medias las entrevistas e intervenciones de McAvoy, lo escuchamos todo de principio a fin.

No señalo este cambio como algo necesariamente negativo. Habrá quien lo prefiera y quien no, eso ya es cuestión de lo que le interese a cada uno el tema tratado. Pero lo que no se puede negar es que 'The Newsroom' supone un gran cambio de enfoque.