¿Sobre qué tema quieres leer? Tenemos (casi) de todo

Todavía hay más temas... busca aquí el que te interesa

15 de marzo de 2014

Los nuevos cuernos




En Orange is the New Black, Piper, cuando va a ser encarcelada, le pide a su novio es que no vea los siguientes capítulos de Mad Men sin ella. De todo lo que podría echar de menos desde la cárcel, de todas las traiciones que él podría cometer, esa es la que se le ocurre: que él vea sin ella una de las series que suelen ver juntos.

Desde que la televisión ha adquirido esta categoría de importancia, desde que ver series es la nueva forma de estar en el mundo y de pasar el tiempo libre, esta actividad también se ha convertido en uno de los pasatiempos preferidos para compartir en pareja. No sé si resulta triste que, llegado un momento en la relación en el que la convivencia está más que asentada, la inminencia de un nuevo capítulo sea no solo motivo de emoción, sino un tema de conversación más interesante que muchos otros sobre los que suelen debatir esos miembros de la pareja.

Puede ser triste o quizá también se pueda interpretar como esa maravilla de compartir gustos con el otro, de haber alcanzado tal complicidad… no, no quiero engañarme. Me da igual que sea triste, pues otras cosas más lamentables seguro que llenan mi vida. El caso es que no es algo poco frecuente, ni siquiera exclusivo de parejas con poca vida sexual en común o poca vida social externa. Al parecer, es algo totalmente normal, que forma parte del día a día –en este caso, debería ser noche a noche—de parejas cuya relación es de lo más saludable.

Así se ve precisamente en el mismo lugar, en las propias series: las personas hablan de otras producciones audiovisuales, aunque sean de cadenas competencia porque eso ha entrado tanto a formar parte de las conversaciones normales que dejarlo fuera de los diálogos del guion sería traicionar a la verdad. Los grupos de amistades hablan de series en las series, las parejas hablan de series en las series y de verlas juntos y de la traición que supondría que uno de ellos viese un capítulo sin el otro –el ejemplo de OITNB no es un caso aislado—.

Tal es el vínculo que se forma en la pareja al disfrutar por igual de un mismo producto televisivo que no se concibe la posibilidad de que uno de ellos vea un capítulo cuando el otro no está, sobre todo si se trata de un final de temporada o de un especial importante. Incluso aunque la persona que está fuera lo pudiese ver también por su cuenta, el sentarse ante el televisor o el ordenador y darle al “play” sin el otro suena a traición total. Peor que poner los cuernos.